LA PALABRA ESPÍA


Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Somos Espías
En el infinito mundo de nuestro idioma, y en el extensísimo de la inteligencia, existen palabras que son utilizadas más y otras que lo son menos. En el que se considera primer tratado de contrainteligencia atribuido al criptoanalista, de origen conquense, Luis Valle de la Cerda, secretario de cifra del rey Felipe II, cuyo título es [sic] “Breve tratado de cómo se an de expeler y allar a las espias que procuran secretamente mucho mal contra la fe de dios nuestro señor.”, aparecen vocablos del ámbito de la inteligencia como “destriar” que son poco o nada usados, de hecho ni siquiera figura en el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Sin embargo, podemos observar otros que desde antes de este tratado de contrainteligencia y hasta nuestros días se utilizan con profusión: uno de ellos es el vocablo “espía”. Vulgarmente generalizado, cuyo sentido dependiendo el contexto de su uso, es capaz de elevar hasta el cielo o de hundir en los infiernos a aquél que es señalado como tal.
El origen de la palabra espía, es un patrimonio español por más que otros quieran atribuirse el mérito. Nos viene de nuestros antepasados visigodos, pueblo germánico que comenzó asentarse en la Hispania del siglo V, cuyo lenguaje era el gótico o visigodo. Según el diccionario etimológico de la lengua castellana, de Corominas (1980), el término espía procede del gótico, spaíha. Espiar viene del gótico Spaíhôn que significa acechar, atisbar o espiar. Del alemán spähen procede atisbar. Otras derivaciones como espionaje a finales del s. XIX procedían del francés espionnage cuya derivación espión significaba espía. En definitiva, el que llevaba a cabo las tareas de atisbar o espiar, era llamado por nuestros antepasados visigodos spaíha.
Una de las primeras obras anónimas conocidas de nuestro idioma es El Caballero de Zífar, la que es considerada como la primera novela de caballerías, fue escrita alrededor del año 1300 y en ella ya aparece la palabra “espía”. Si nos vamos al que se considera el primer vocabulario romance-latín, escrito por Alfonso de Palencia en 1490 recoge el término “espiar” con la significación actual. Ni qué decir tiene que la Gramática de Nebrija (1495) también lo incluye.
Me llama la atención cómo Agustín de Covarrubias en su “Tesoro de la Lengua Castellana, o Española” de 1611 presenta los términos espía como: el que anda disimulado entre los enemigos para dar aviso a los suyos; espión como: el que va secretamente siguiendo a uno sin perderlo de vista, y da aviso de lo que hace, dónde está y dónde va; espiadoble como: el que sirve falsamente a ambas partes descubriendo igualmente los secretos de los unos y de los otros; y por último espiar como: azechar a alguno y seguirle cubiertamente. También es curioso que hasta bien entrado el siglo XVIII, el término espía se utilizaba exclusivamente en femenino: “la espía” o “las espías” independientemente de que la obtención de información fuera realizada por un hombre o una mujer.
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