GEOPOLÍTICA: EL ARTE DE COMPRENDER Y DOMINAR EL TABLERO MUNDIAL

BREVE INTRODUCCIÓN: La geopolítica no es un mero estudio sobre el del mapa, es una disciplina que analiza cómo el poder se proyecta sobre el terreno, cómo los Estados, los actores estratégicos y organizaciones de distintos ámbitos, rivalizan, se asocian y confrontan para controlar , territorios, recursos y narrativas. Hablar de Geopolítica, es hablar de poder, supervivencia, influencias… Desde los poderosos imperios de la antigüedad hasta la globalización actual, la geopolítica se constituido como la mano invisible que explica la existencia de conflictos bélicos, crisis, alianzas y decisiones que marcaron y marcan el destino de naciones. El espacio físico sigue siendo clave, el acceso al mar, las fronteras, la ubicación estratégica… un ejemplo claro lo tenemos en el estrecho de Ormuz tan de actualidad por el conflicto EEUU-Israel vs Irán. Los recursos, son otro factor a tener muy en cuenta, la energía (petróleo, gas..), aquellos que controlan los recursos tienen poderío y dominio. El agua, los minerales estratégicos, la población, la demografía es poder; el envejecimiento y las migraciones, aspectos muy relevantes . La tecnología es otro factor decisivo, el poder hoy en día no solo es físico, resultan fundamentales la inteligencia artificial, los satélites, el ciberespacio el control de datos e información… Sin decisión estratégica, no hay posibilidad de tener poder real. La Geopolítica clásica, se basaba fundamentalmente en el control de los territorios, el dominio terrestre y marítimo y el equilibrio del poder entre los imperios. La Geopolítica moderna es infinitamente mas compleja, la guerra híbrida, el poder de la economía y su utilización como arma, la autoridad para decidir que otorga la información, el ciberespacio, etc. Y aquí, es donde el papel de la Inteligencia se antoja vital y decisivo. La inteligencia convierte la información en ventaja. En el mundo actual, quien comprende antes, decide mejor y para comprender bien, se ha de poseer y elaborar la mejor información. JLIF

LA SALIDA DE MELIÁ, VISA Y MASTERCARD. (05 JUNIO 2026)
Las noticias sobre Meliá, que abandona una parte importante de sus operaciones en Cuba, y sobre Visa y Mastercard, las mayores empresas de tarjetas de crédito del mundo, que dejan de operar en la isla, constituyen un acontecimiento económico de enorme relevancia. Más allá del impacto inmediato que, sin duda, van a provocar, estos hechos podrían interpretarse como el síntoma de un aislamiento económico creciente y persistente que podría desembocar en un cambio de escenario geopolítico con importantes consecuencias para el régimen cubano.

DECLIVE DE LA SEGURIDAD OCCIDENTAL. (artículo publicado en el diario The Objective, el 02 de junio de 2026)
Enrique Fojón defiende la tesis, que la seguridad occidental atraviesa un proceso de deterioro que comenzó tras el final de la Guerra Fría. La OTAN ha ido perdiendo cohesión interna y ya no funciona exactamente como la alianza estratégica que fue durante décadas. Las diferencias entre Estados Unidos y algunos aliados europeos, especialmente a raíz de la guerra de Ucrania y de los cambios políticos en Washington, han puesto de manifiesto esas tensiones. ¿Puede Europa garantizar su propia seguridad si Estados Unidos reduce su compromiso estratégico en el continente?

OCCIDENTE DESCONOCE EL PAPEL DE LAS TRIBUS EN ORIENTE PRÓXIMO Y NORTE DE ÁFRICA. 20 mayo 2026
La mentalidad de Occidente aún se encuentra alejada del concepto tribu; no se puede obviar que la religión se constituye como un pilar fundamental para entender la manera de pensar y vivir de diversas culturas. En Oriente Próximo, el concepto de nación no está fundamentada sobre un concepto laico, sino religioso, la Umma, desde mediados del siglo VII. El árabe clasifica la geografía por religiones y facciones religiosas, Occidente en cambio …

EUROPA INMIGRACIÓN MUSULMANA Y EL DESAFÍO DE LA INTEGRACIÓN
Europa atraviesa uno de los debates más delicados de las últimas décadas: cómo gestionar la inmigración y, especialmente, la integración de importantes comunidades musulmanas dentro de sociedades democráticas, laicas y culturalmente diversas. Es un asunto complejo, cargado de emociones, donde con demasiada frecuencia predominan los extremos: o el alarmismo identitario o el buenismo ingenuo.

SOMBRAS EN ALTA MAR: LA ANATOMÍA DE LOS BUQUES AGI
Los buques AGI (Auxiliary General Intelligence) representan uno de los instrumentos más sofisticados —y discretos— de la competencia geopolítica actual. Bajo una apariencia inocua —buques oceanográficos, plataformas meteorológicas o unidades logísticas—, estos activos operan como auténticos nodos flotantes de inteligencia técnica. Su misión no es visible… pero sí decisiva.

EL REARME DE EUROPA
Europa ha despertado. Tarde, quizá, pero con una claridad que durante décadas parecía ausente. La Unión Europea, construida sobre la promesa de paz perpetua tras la Segunda Guerra Mundial, se enfrenta hoy a una realidad incómoda: la seguridad no está garantizada, y mucho menos en un mundo en creciente desorden.

LO QUE OCURRE EN MALI NO ES UN CONFLICTO MÁS.
El JNIM (Jama´at Nusrat al-Islam wal-Muslimin –Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes-) es una coalición salafista yihadista cuyo jefe es el maliense Iyad Ag Ghaly, de la etnia de los tuareg de Mali. Este grupo que se dio a conocer en el año 2017 tras la fusión del grupo terrorista …

EL ESTRECHO DE ORMUZ
El Estrecho de Ormuz había sido conquistado y gestionado por Portugal a principios del S. XVI y perteneció posteriormente a la Monarquía Hispánica en tiempos de Felipe II, entonces era considerado como una perla dentro de…

ARGELIA HOY:
Evolución política, económica y social desde 2014 a 2026 . Argelia, el país más extenso de África y uno de los actores estratégicos del Magreb, ha experimentado desde 2014 una transformación profunda marcada por la combinación de factores internos y externos. La caída de los precios del petróleo, los cambios políticos derivados de la crisis del …
LA SALIDA DE MELIÁ, VISA Y MASTERCARD (05 JUNIO 2026)

Las noticias sobre Meliá, que abandona una parte importante de sus operaciones en Cuba, y sobre Visa y Mastercard, las mayores empresas de tarjetas de crédito del mundo, que dejan de operar en la isla, constituyen un acontecimiento económico de enorme relevancia. Más allá del impacto inmediato que, sin duda, van a provocar, estos hechos podrían interpretarse como el síntoma de un aislamiento económico creciente y persistente que podría desembocar en un cambio de escenario geopolítico con importantes consecuencias para el régimen cubano.
La reciente decisión de la cadena hotelera española Meliá de abandonar la gestión de quince hoteles en Cuba pertenecientes a GAESA, junto con la suspensión de las operaciones de Visa y Mastercard en la isla, representa uno de los golpes más duros sufridos por la economía cubana desde la desaparición de la Unión Soviética. Oficialmente, se trata de decisiones empresariales derivadas de las nuevas sanciones estadounidenses, pero su significado podría ir mucho más allá. Son señales evidentes de que el modelo económico cubano atraviesa una fase crítica de deterioro y de que los inversores internacionales perciben un riesgo creciente en mantener su presencia en la isla.
La salida de Visa y Mastercard genera, además, una enorme incertidumbre para el sector turístico. Sus efectos, no damnifican únicamente a las empresas vinculadas al turismo, también a viajeros y residentes, que se ven obligados a buscar alternativas para gestionar sus recursos económicos en un entorno cada vez más complejo e incierto.
Durante más de treinta años, el turismo constituyó la principal fuente de divisas para Cuba. Tras la caída del bloque soviético, el régimen apostó por el desarrollo de infraestructuras hoteleras y la captación de visitantes extranjeros como mecanismo de supervivencia económica. Empresas españolas, especialmente Meliá e Iberostar, desempeñaron un papel fundamental en esa estrategia. Sin embargo, la combinación de diversos factores ha alterado profundamente ese escenario. El desplome del turismo internacional, los continuos apagones energéticos, la escasez de combustible, la falta de inversión extranjera, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y la creciente inseguridad jurídica a la que se enfrentan las empresas extranjeras, son por si solas razones más que suficientes para que muchos inversores muy posiblemente se estén cuestionando la continuidad de sus proyectos en Cuba.
La retirada de Meliá afecta exclusivamente a los establecimientos vinculados a GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas y considerado por Estados Unidos como uno de los principales pilares económicos del régimen. Las nuevas medidas estadounidenses amenazan con duras sanciones a las compañías extranjeras que mantengan relaciones comerciales con dicho conglomerado.
Sin embargo, el impacto potencialmente más profundo proviene de la desaparición de los dos principales sistemas internacionales de pago. Para cualquier economía moderna, quedar excluida de los grandes circuitos financieros mundiales, implica necesariamente un aislamiento económico de gran alcance. El cese de las operaciones de Visa y Mastercard repercute directamente sobre Fincimex S.A., la entidad cubana encargada de gestionar numerosas operaciones financieras en la isla, incluyendo pagos de visitantes, actividades comerciales de inversores extranjeros y remesas enviadas desde el exterior, especialmente desde Estados Unidos.
Desde una perspectiva estratégica, estas decisiones podrían interpretarse, más allá de las sanciones estadounidenses, como el inicio de una retirada progresiva del capital occidental de Cuba. Las empresas internacionales evalúan constantemente la relación entre beneficios y riesgos. Cuando compañías del tamaño de Meliá, Visa o Mastercard consideran que permanecer en un mercado ya no compensa los riesgos políticos, jurídicos o financieros, muy al contrario, suelen convertirse en indicadores precoces de tendencias más amplias.
La pregunta es inevitable: ¿Nos encontramos ante una crisis coyuntural o ante una transformación estructural de la economía cubana? Los defensores del régimen sostienen que Cuba ya ha superado situaciones más difíciles y que terminará encontrando nuevos socios estratégicos en países como Rusia, China o Irán. Sin embargo, los críticos señalan que la situación actual presenta diferencias sustanciales: la isla carece hoy de un patrocinador económico comparable a la antigua Unión Soviética y afronta simultáneamente una emigración masiva, una profunda crisis demográfica y un deterioro económico acumulado durante décadas.
La retirada de Meliá y la salida de Visa y Mastercard no provocarán por sí solas un cambio político inmediato. Sin embargo, envían un mensaje inequívoco a los mercados internacionales: Cuba es percibida cada vez más como un entorno de alto riesgo para la inversión y las operaciones comerciales. Quizá dentro de unos años los historiadores interpreten estos acontecimientos como simples episodios empresariales. O quizá los recuerden como las primeras señales visibles de una transformación mucho más profunda del sistema económico cubano. Será el tiempo quien determine cuál de estas interpretaciones resulta finalmente acertada.
«Las grandes transformaciones históricas suelen anunciarse mediante gestos aparentemente económicos. La salida de Meliá y la desaparición de Visa y Mastercard de Cuba podrían ser uno de esos momentos que, contemplados con perspectiva, marcan el inicio de una nueva etapa para la isla.»
Fernán Santibáñez
OCCIDENTE DESCONOCE EL PAPEL DE LAS TRIBUS EN ORIENTE PRÓXIMO Y NORTE DE ÁFRICA. 20 mayo 2026

La mentalidad de Occidente aún se encuentra alejada del concepto tribu; no se puede obviar que la religión se constituye como un pilar fundamental para entender la manera de pensar y vivir de diversas culturas. En Oriente Próximo, el concepto de nación no está fundamentada sobre un concepto laico, sino religioso, la Umma, desde mediados del siglo VII. El árabe clasifica la geografía por religiones y facciones religiosas, Occidente en cambio por naciones. En el mundo árabe existe la religión dividida por etnias y tribus. Esta diferencia plantea un problema a los occidentales al cuando pretenden interpretar los sucesos en una región de esta índole, el occidental antepone el individuo, mientras que en el mundo árabe es determinante la tribu o clan. Los conflictos en esta parte del mundo se remontan hacia el año 570, cuando nace Muhamad Ibn Abd Abdallah ( Mahoma).
Estando Mahoma meditando en una cueva del monte Hira, cerca de la Meca, se le apareció el arcángel Gabriel (conocido en árabe como Yibril o Yibrail), tras mostrarle un texto del Corán le ordenó: «¡Lee en el nombre de tu Señor!», Mahoma que era analfabeto le dijo que no sabía leer, el arcángel lo estrechó entre sus brazos hasta en tres ocasiones, revelándole las primeras palabras del Corán. Gabriel ordenó a Mahoma predicar “En el nombre del Dios único, clemente y misericordioso“. Mahoma descendió de la montaña atemorizado y confuso. Tenía unos 40 años y era un hombre recto y piadoso, pero totalmente iletrado. ¿Como podría enseñar él?¿Quién le creería? ¿Le tomarían por un loco?
Cuando murió, apenas veinte después del comienzo de su predicación, el Islam , sólidamente implantado ya en Aras, actuó como el gran polo de atracción alrededor del cual se unificaron todas las tribus árabes que olvidaron sus lealtades tribales a favor de los nuevos vínculos creados por la misma religión. El concepto de tribu en la época de Mahoma y en el Corán se consolidó sobre la base de una estructura religiosa, política y social en la Arabia del siglo VII. Hasta entonces su sistema se había fundamentado el linaje de la sangre y los códigos de lealtades de las tribus. A partir de la consolidación de la religión, se convirtió en una hermandad universal “la Umma”, donde la fe sustituyó al linaje
El mensaje de Mahoma , unido a intereses económicos y el afán de considerar y ensanchar lo ganado , fue introducido en Oriente y Occidente, formando uno de los mayores imperios hasta entonces conocidos.
ALZINAR
EUROPA INMIGRACIÓN MUSULMANA Y EL DESAFÍO DE LA INTEGRACIÓN. Mayo 2026.

Europa atraviesa uno de los debates más delicados de las últimas décadas: cómo gestionar la inmigración y, especialmente, la integración de importantes comunidades musulmanas dentro de sociedades democráticas, laicas y culturalmente diversas. Es un asunto complejo, cargado de emociones, donde con demasiada frecuencia predominan los extremos: o el alarmismo identitario o el buenismo ingenuo.
Ni una cosa ni la otra ayudan a comprender la realidad.
La presencia musulmana en Europa no es un fenómeno reciente. Francia, Reino Unido, Bélgica u Holanda mantienen vínculos históricos con antiguas colonias del norte de África, Oriente Medio y Asia. Tras la Segunda Guerra Mundial, millones de trabajadores llegaron para contribuir a la reconstrucción económica europea. Muchos terminaron estableciéndose de forma permanente con sus familias, formando parte ya de varias generaciones nacidas en suelo europeo.
España vivió este fenómeno más tarde, especialmente desde los años noventa, con una inmigración procedente principalmente del Magreb. Canarias, por su posición geográfica, conoce además de manera directa la presión migratoria procedente del Sahel y del África occidental, convertida hoy en una de las grandes fronteras sensibles de Europa.
Sin embargo, conviene separar realidad y propaganda. Con frecuencia se escucha que Europa está siendo “islamizada” y que los musulmanes terminarán siendo mayoría demográfica en pocas décadas. Los propios estudios demográficos europeos desmienten estas afirmaciones. Incluso en escenarios de inmigración elevada, la población musulmana seguiría siendo claramente minoritaria en el conjunto del continente.
Además, las segundas y terceras generaciones tienden a integrarse progresivamente en las dinámicas sociales europeas, adoptando identidades híbridas donde conviven tradición familiar y valores occidentales. El llamado “choque de civilizaciones” responde muchas veces más a una construcción ideológica que a una realidad inevitable.
Eso no significa ignorar los problemas existentes. Hay desafíos reales. Algunos sectores del islam político mantienen postulados incompatibles con principios esenciales de las democracias europeas, especialmente en cuestiones relacionadas con la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad religiosa o la separación entre religión y poder político. Tampoco puede olvidarse la amenaza del yihadismo radical, que ha golpeado duramente a Europa durante las últimas décadas.
Pero sería un grave error identificar islam con extremismo. La inmensa mayoría de los musulmanes europeos rechaza la violencia y desea vivir en paz dentro de las sociedades de acogida. De hecho, muchas comunidades musulmanas son las primeras víctimas del radicalismo y colaboran activamente en su prevención.
El verdadero problema de fondo no es únicamente religioso, sino social. En numerosos barrios europeos se concentran pobreza, desempleo, fracaso escolar y marginación. Allí prosperan tanto el radicalismo islamista como los discursos de odio identitario. La exclusión genera resentimiento; y el resentimiento, cuando encuentra fanatismo político o religioso, termina convirtiéndose en una amenaza para todos.
Europa necesita políticas serias de integración, no simples consignas ideológicas. Integrar no significa renunciar a la identidad europea ni aceptar prácticas contrarias a la ley. Significa garantizar igualdad de oportunidades, acceso a la educación, integración laboral y respeto a las normas comunes de convivencia. La democracia no puede mostrarse débil ante el fanatismo, pero tampoco debe caer en la estigmatización colectiva.
En paralelo, preocupa el crecimiento de movimientos populistas que utilizan el miedo a la inmigración como instrumento político. La historia europea demuestra los peligros de convertir a minorías enteras en chivos expiatorios de las frustraciones sociales y económicas.
Europa debe afrontar este desafío con realismo, firmeza y serenidad. Defender sus valores democráticos exige combatir tanto el extremismo religioso como el odio identitario. El equilibrio no es sencillo, pero constituye probablemente una de las grandes pruebas políticas y morales del siglo XXI.
Porque Europa no se juega únicamente su seguridad o su estabilidad social. Se juega también su capacidad para seguir siendo un espacio de libertad, convivencia y dignidad humana.
JJPP
SOMBRAS EN ALTA MAR: LA ANATOMÍA DE LOS BUQUES AGI

Los buques AGI (Auxiliary General Intelligence) representan uno de los instrumentos más sofisticados —y discretos— de la competencia geopolítica actual.
Bajo una apariencia inocua —buques oceanográficos, plataformas meteorológicas o unidades logísticas—, estos activos operan como auténticos nodos flotantes de inteligencia técnica. Su misión no es visible… pero sí decisiva.
Hoy, la superioridad naval ya no depende únicamente del poder de fuego, sino del dominio del espectro electromagnético en tiempo real. En este contexto, los AGI desempeñan un papel clave:
– Interceptación de señales (SIGINT)
– Captación de comunicaciones (COMINT)
– Análisis de emisiones electrónicas (ELINT)
Todo ello sin cruzar formalmente el umbral del conflicto armado. La paradoja es evidente: operan bajo el amparo del derecho internacional en aguas abiertas, pero su actividad genera tensiones directas con los Estados costeros. Es la nueva “zona gris” del poder naval.
Además, su evolución es clara. Estamos pasando de plataformas pasivas de escucha a sistemas capaces de interferir, manipular e incluso ejecutar ciberoperaciones en tiempo real desde el mar
En este escenario, los AGI no solo recogen información:
– Generan disuasión encubierta
– Condicionan operaciones militares
– Influyen en el equilibrio estratégico sin disparar un solo proyectil
La pregunta ya no es si están presentes… sino cuánto sabemos realmente de lo que están haciendo.
Pedro Sebastián CEO ESRM CONSULTING
EL REARME DE EUROPA

Europa ha despertado. Tarde, quizá, pero con una claridad que durante décadas parecía ausente. La Unión Europea, construida sobre la promesa de paz perpetua tras la Segunda Guerra Mundial, se enfrenta hoy a una realidad incómoda: la seguridad no está garantizada, y mucho menos en un mundo en creciente desorden.
La invasión rusa de Ucrania marcó un punto de inflexión. No solo por lo que supone en términos geopolíticos, sino porque ha obligado a los europeos a mirar de frente una verdad olvidada: la guerra convencional sigue siendo posible en el continente. A ello se suman la inestabilidad crónica en el Sahel, la presión migratoria, el terrorismo y las tensiones en el norte de África.
Durante años, Europa delegó su defensa en la OTAN y, en última instancia, en Estados Unidos. Pero ese modelo muestra signos de fatiga. Washington mira cada vez más hacia el Indo-Pacífico, y el compromiso automático con la seguridad europea ya no puede darse por sentado.
La reacción ha sido clara: aumento del gasto militar, modernización de capacidades y un renovado discurso sobre la llamada “autonomía estratégica”. Países como Alemania han dado un giro histórico, mientras otros tratan de recuperar el tiempo perdido. Europa quiere ser un actor, no un espectador.
Sin embargo, conviene no caer en el entusiasmo ingenuo. El rearme europeo es, por ahora, más nacional que comunitario. No existe una verdadera política de defensa común, ni una cadena de mando unificada, ni una voluntad política plenamente compartida. El llamado “ejército europeo” sigue siendo más una aspiración que una realidad.
Para España, este proceso tiene implicaciones directas. Nuestro país no solo debe cumplir con sus compromisos internacionales, sino también atender a su entorno estratégico inmediato. El flanco sur, el Sahel, el Magreb, la relación con Marruecos, presenta riesgos que no pueden ignorarse. En este contexto, Canarias adquiere un valor geopolítico creciente, como avanzada en el Atlántico y punto de proyección hacia África.
Europa se rearma, sí. Pero la cuestión no es solo cuánto se invierte, sino para qué, cómo y bajo qué liderazgo político. Sin una visión común, el riesgo es construir una suma de ejércitos nacionales más fuertes, pero no una verdadera capacidad europea.
Porque, en última instancia, la defensa no es solo cuestión de medios, sino de voluntad.
Domingo 3 de mayo de 2026. JJPP

ARGELIA HOY:
Evolución política, económica y social desde 2014 a 2026
Argelia, el país más extenso de África y uno de los actores estratégicos del Magreb, ha experimentado desde 2014 una transformación profunda marcada por la combinación de factores internos y externos. La caída de los precios del petróleo, los cambios políticos derivados de la crisis del régimen de Abdelaziz Bouteflika, la irrupción del movimiento popular del «Hirak» y las nuevas dinámicas geopolíticas han configurado una Argelia distinta, aún en proceso de redefinición.
1.- 2014: el inicio de una etapa de incertidumbre:
El año 2014 constituye un punto de inflexión. Abdelaziz Bouteflika, en el poder desde 1999, fue reelegido para un cuarto mandato en un contexto ya marcado por su delicado estado de salud tras el ictus sufrido en 2013. Su incapacidad para gobernar de forma efectiva dio lugar a un sistema político cada vez más opaco, donde el poder real se desplazó hacia círculos reducidos del aparato estatal, incluyendo sectores del ejército y de los servicios de seguridad.
A esta fragilidad política se sumó un factor determinante: el desplome de los precios del petróleo a partir de mediados de 2014. Dado que los hidrocarburos representaban entonces alrededor del 95% de las exportaciones y una parte sustancial de los ingresos del Estado, el impacto fue inmediato. El modelo económico argelino, basado en la redistribución de rentas energéticas, comenzó a mostrar signos de agotamiento.
2. Crisis económica y respuestas limitadas.
Entre 2014 y 2019, Argelia enfrentó una contracción de sus ingresos exteriores y una disminución progresiva de sus reservas de divisas. El gobierno trató de contener el impacto mediante políticas de gasto público, recurriendo incluso a la financiación no convencional (emisión monetaria) a partir de 2017.
Sin embargo, las reformas estructurales fueron limitadas. La diversificación económica, objetivo recurrente en los discursos oficiales, avanzó lentamente. Sectores como la agricultura, la industria ligera o el turismo no lograron compensar la dependencia del gas y el petróleo.
El desempleo juvenil, uno de los principales problemas sociales, se mantuvo elevado, mientras que la economía informal continuó desempeñando un papel relevante. La percepción de corrupción y clientelismo contribuyó a erosionar la confianza ciudadana en las instituciones.
3. 2019: l Hirak y la caída del sistema político tradicional.
El año 2019 marcó un giro histórico. El anuncio de la candidatura de Bouteflika a un quinto mandato provocó una movilización masiva sin precedentes. El movimiento del Hirak —caracterizado por su carácter pacífico, transversal y sostenido— exigía no solo la retirada del presidente, sino una transformación profunda del sistema político.
Las manifestaciones semanales pusieron de manifiesto el rechazo popular a lo que muchos consideraban un régimen agotado y dominado por élites desconectadas de la realidad social. Bajo esta presión, el ejército, actor clave en la política argelina, retiró su apoyo a Bouteflika, quien dimitió en abril de 2019.
No obstante, la transición fue controlada. Las estructuras fundamentales del poder permanecieron intactas, y las elecciones presidenciales de diciembre de 2019 llevaron al poder a Abdelmadjid Tebboune, considerado una figura del sistema, aunque con voluntad reformista declarada.
4. Reformas políticas: entre continuidad y cambio
Desde su llegada al poder, Tebboune ha impulsado una serie de reformas orientadas a responder a las demandas del Hirak, aunque con resultados dispares. En 2020 se aprobó una nueva Constitución mediante referéndum, que introducía cambios como la limitación de mandatos presidenciales y un mayor reconocimiento formal de derechos.
Sin embargo, la participación electoral fue baja, reflejo de la persistente desconfianza ciudadana. El Hirak, aunque debilitado por la pandemia de COVID-19 y por restricciones políticas, dejó un legado duradero: una sociedad más consciente de su capacidad de movilización y más exigente con sus gobernantes.
El papel del ejército sigue siendo central. Aunque menos visible, continúa siendo el garante último del sistema, lo que plantea interrogantes sobre la profundidad real de la transición política.
5. Recuperación económica y nuevo contexto energético
A partir de 2021, la subida de los precios del gas y del petróleo —acentuada por la guerra en Ucrania— proporcionó a Argelia un alivio económico significativo. El país, uno de los principales proveedores de gas a Europa, adquirió una renovada importancia estratégica, especialmente para países como España e Italia.
Los ingresos energéticos permitieron reforzar las reservas de divisas, aumentar el gasto público y financiar programas sociales. Asimismo, se reactivaron proyectos de inversión en infraestructuras y se impulsaron iniciativas para atraer capital extranjero, especialmente en el sector energético.
No obstante, la dependencia estructural de los hidrocarburos sigue siendo un desafío. La transición energética global plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo del modelo argelino.
6. Política exterior: afirmación regional y tensiones
En el plano internacional, Argelia ha reforzado su papel como actor regional. Su política exterior se caracteriza por una combinación de no injerencia y defensa de sus intereses estratégicos.
Las relaciones con Marruecos han alcanzado uno de sus puntos más bajos en décadas, con la ruptura de relaciones diplomáticas en 2021. El conflicto del Sáhara Occidental sigue siendo un elemento central de esta rivalidad, con Argelia apoyando al Frente Polisario.
En el Sahel, Argelia desempeña un papel relevante en la lucha contra el terrorismo y en la mediación de conflictos, especialmente en Mali. Su experiencia en la lucha contra el islamismo armado durante los años noventa le otorga una posición singular en la región.
Al mismo tiempo, Argelia ha diversificado sus alianzas, manteniendo relaciones estrechas con Rusia —especialmente en el ámbito militar— y fortaleciendo vínculos con China en el marco de proyectos de infraestructuras.
7. Sociedad: juventud, identidad y desafíos
La sociedad argelina es joven: una gran parte de la población tiene menos de 30 años. Este factor demográfico constituye tanto una oportunidad como un desafío. Las aspiraciones de esta generación —empleo, participación política, libertades— son un motor de cambio, pero también una fuente potencial de tensión.
El sistema educativo ha mejorado en términos de acceso, pero enfrenta problemas de calidad y adecuación al mercado laboral. La emigración, especialmente de jóvenes cualificados, refleja las dificultades para ofrecer perspectivas atractivas dentro del país.
En el ámbito cultural, se observa una creciente afirmación de identidades diversas, incluyendo la amazigh, reconocida oficialmente en la Constitución. La lengua y la cultura bereber han ganado visibilidad, contribuyendo a una mayor pluralidad social.
8. El impacto de la pandemia
La pandemia de COVID-19 tuvo un impacto significativo en Argelia, tanto en el ámbito sanitario como económico. Las restricciones afectaron a la actividad económica y limitaron las movilizaciones del Hirak.
El sistema de salud, aunque con carencias, logró evitar un colapso total. La experiencia de la pandemia reforzó la percepción de la necesidad de reformas estructurales, especialmente en servicios públicos.
9. Perspectivas de futuro
Argelia se encuentra en una encrucijada. Por un lado, dispone de recursos naturales, una posición geoestratégica privilegiada y una sociedad dinámica. Por otro, enfrenta desafíos estructurales que requieren respuestas profundas.
La diversificación económica sigue siendo una prioridad ineludible. El desarrollo de sectores como las energías renovables, la industria y la economía digital podría ofrecer nuevas oportunidades.
En el ámbito político, la consolidación de instituciones más transparentes y representativas será clave para recuperar la confianza ciudadana. La relación entre poder civil y militar continuará siendo un factor determinante.
Finalmente, la estabilidad regional —en un entorno marcado por conflictos y tensiones— condicionará en gran medida la evolución del país.
Conclusión
Desde 2014, Argelia ha atravesado una etapa de cambios significativos, marcada por crisis, movilización social y ajustes económicos. Aunque ha logrado evitar un colapso y mantener una relativa estabilidad, las transformaciones emprendidas aún no han resuelto las tensiones de fondo.
El país avanza entre continuidad y cambio, en busca de un nuevo equilibrio que permita responder a las expectativas de su población y a los desafíos de un entorno internacional en constante evolución. Su futuro dependerá, en gran medida, de su capacidad para transformar su modelo económico, fortalecer sus instituciones y canalizar las energías de una sociedad que ha demostrado, en repetidas ocasiones, su voluntad de ser protagonista de su propio destino.
Abril 2026 – JJPP
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