ESPAÑOLES AL SERVICIO DE MOSCÚ

Imagen propia elaborada con IA

SEGUIR LEYENDO …




«PATRIA» África de las Heras Gavilán (27 junio 2026)

Sobre una lápida de granito gris en el cementerio Jovánskoye de Moscú hay, entre inscripciones cirílicas, una palabra tallada en español: PATRIA. Debajo, el relieve de un rostro de mujer. Encima, en ruso, un nombre y dos fechas: 1909–1988. Pocos saben quién fue esa mujer. Justo lo que ella quería.

SEGUIR LEYENDO …

En la noche del 16 de junio de 1942, sobre los bosques al sureste de Kiev, se abrieron varios paracaídas. Entre los que cayeron aquella noche había una mujer de treinta y tres años, nacida en Ceuta, que llevaba al hombro una maleta de radio y en los bolsillos dos granadas y una pistola. Su nombre en la operación era Yvonne. Su misión: interceptar comunicaciones alemanas en territorio ocupado, transmitir información falsa a las fuerzas del Reich y no dejarse capturar con vida.


FELISBERTO HERNÁNDEZ Y LA ESPÍA. Cómo el NKVD sedujo al escritor uruguayo más anticomunista de París para usarlo de tapadera y montar desde Montevideo la mayor red de espionaje soviético en América del Sur (15 julio 2026)


Imagen propia elaborada con IA

Imagen propia elaborada con IA

Hay una fotografía de Caridad Mercader tomada en los años treinta que resulta difícil de descifrar. Una mujer de mirada directa, ojos claros, postura segura. Podría ser la foto de una directora de colegio, de una activista sindical, de una actriz de carácter. Lo que no parece, a primera vista, es lo que fue: el cerebro organizativo del asesinato más célebre del siglo XX y la primera mujer extranjera condecorada con la Orden de Lenin. La historia de Caridad Mercader es la de alguien que transformó su vida completa no una, sino varias veces, siempre hacia una radicalidad mayor, siempre sin dar marcha atrás.

Nació el 29 de marzo de 1892 en Santiago de Cuba, cuando la isla era todavía colonia española. Su padre era gobernador colonial. La familia volvió pronto a Europa, donde Caridad recibió una educación esmerada en los colegios del Sagrado Corazón de Jesús de Barcelona, París y Brighton. Hablaba catalán, castellano, francés e inglés. A los dieciocho años se casó con Pablo Mercader Marina, empresario textil catalán, hijo de una familia acaudalada. La boda fue noticia social. Tuvieron cinco hijos entre 1911 y 1923.

La ruptura

Detrás de la imagen de matrimonio consolidado había otra historia. Pablo Mercader llevaba a Caridad de noche a los prostíbulos más exclusivos de Barcelona para satisfacer sus obsesiones. Caridad, que seguía siendo profundamente católica, comenzó a sentir un desprecio por su marido que se extendió progresivamente a toda la clase social que representaba. Hacia 1923, a los treinta y un años, inició una relación con el aviador francés Louis Delrio y participó con un grupo anarquista en un ataque incendiario contra la propia fábrica de la familia de su marido.

Sus hermanos y su esposo respondieron internándola por la fuerza en el psiquiátrico Nuevo Belén de Sant Gervasi. Le aplicaron sesiones de electroshock y duchas de agua fría hasta que un comando anarquista asaltó el establecimiento y la liberó. Caridad tomó a sus cinco hijos y se fue a vivir a Francia con Delrio. Cuando la relación se rompió, en 1928, intentó suicidarse. Pablo Mercader fue a buscar a los dos hijos menores.

Recuperada, se instaló en París y comenzó a militar en el Partido Socialista Francés. Allí entró en contacto con Leonid Eitingon, nombre en clave «Kotov», oficial del servicio de operaciones especiales del NKVD. Para 1930 ya era correo de la III Internacional Comunista. En 1935 la detuvo la policía francesa. La retuvieron quince días y la torturaron. Perdió la visión de un ojo. Fue expulsada de Francia y volvió a Barcelona.

La Pasionaria de Cataluña

En Barcelona cofundó el Partido Socialista Unificado de Cataluña. Cuando Franco se sublevó en julio de 1936, Caridad participó en la formación de las primeras milicias catalanas que marcharon hacia el frente de Aragón. Le asignaron el mando de una de ellas, que enseguida fue conocida como «la columna de Caridad Mercader». En ella combatían sus dos hijos mayores, Jorge y Ramón, y también África de las Heras, que años después dirigiría la red del KGB en América Latina. La hirieron en un bombardeo en el verano de 1936. La propaganda del PSUC la convirtió en símbolo de la mujer combatiente catalana. Empezaron a llamarla «la Pasionaria de Cataluña», lo que irritaba a Dolores Ibárruri, que acusaba a Caridad de usar a militantes catalanes para misiones de los servicios soviéticos sin consultar a la dirección del partido.

En el invierno de 1937 visitó a Ramón, que combatía en el frente de Madrid. Mantuvo con él una larga conversación a solas. «Me enteré de que mi madre estaba relacionada con los soviéticos», contó después su hermano Luis. «Y comprendí que Ramón también.» Lo que Caridad le dijo a su hijo en aquella conversación quedó resumido en el diálogo que Luis reprodujo: «Tú no eliges. Ninguno de nosotros elige. Solo hacemos lo que decide el partido.» Y cuando Ramón intentó resistirse: «No piensas, solo obedeces. No actúas por tu cuenta, solo ejecutas. No decides, solo cumples. Mi voz es la del camarada Stalin, y Stalin piensa por todos nosotros.»

La operación México

Al terminar la guerra en España, Caridad y Ramón viajaron juntos a la Unión Soviética. Ella fue reclutada formalmente en 1937, según los archivos soviéticos desclasificados tras la caída del Muro, aunque colaboraba de manera informal desde antes. Moscú les encargó una misión ordenada directamente por Stalin: eliminar a León Trotsky, exiliado en México y enemigo irreconciliable del líder soviético.

El primer atentado, ejecutado en mayo de 1940 por un comando al mando del muralista David Alfaro Siqueiros, fracasó. Trotsky sobrevivió. Fue entonces cuando Ramón ofreció acabar el trabajo él mismo. El 20 de agosto de 1940, mientras su hijo entraba en el estudio de Trotsky en Coyoacán con un piolet bajo el abrigo, Caridad esperaba en un coche en la calle con Eitingon. Cuando escucharon el alboroto, comprendieron que algo no había ido como estaba previsto. Arrancaron. Abandonaron a Ramón.

El sacrificio de su hijo era coherente con lo que ella misma le había enseñado: que en aquel trabajo nadie era irreemplazable, que la misión estaba por encima de las personas. Pero Caridad no lo aceptó del todo. Años después, desde México, intentó gestionar la liberación de Ramón a través de contactos y presiones al gobierno mexicano. Solo consiguió que reforzaran la custodia.

La Orden de Lenin

En marzo de 1941, Caridad llegó a Moscú. Lavrenti Beria, director del NKVD y con quien mantenía una relación íntima, organizó su recibimiento. Le impuso la Orden de Lenin. Era la primera mujer extranjera en recibirla. En los años siguientes tuvo misiones de vigilancia sobre comunistas búlgaros exiliados en la URSS y viajó a Turquía para participar en la preparación de un atentado contra el cónsul alemán Franz von Papen, que no llegó a ejecutarse.

Después de la Segunda Guerra Mundial se instaló en París, donde trabajó en conexión con la embajada soviética. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, los soviéticos aprovecharon que Caridad había nacido en Cuba y le concedieron pasaporte cubano. Hasta 1967 fue encargada de relaciones públicas de la legación diplomática de La Habana en París. El escritor Guillermo Cabrera Infante, que la trató en aquella época, la describió como «una vieja seca y desagradable». El representante cubano en París, Harold Gramatges, fue más preciso: «más estalinista que el propio Stalin».

El final

Pasó sus últimos años entre París y Moscú, donde viajaba a visitar a su  hijo Ramón, que había regresado a la URSS tras cumplir su condena en México y vivía allí con el rango de coronel del KGB y la condecoración de Héroe de la Unión Soviética. Murió en París en 1975, a los ochenta y dos años, pocos meses antes de que muriera Francisco Franco en Madrid. La embajada soviética se hizo cargo de su funeral y de su entierro en el cementerio de Pantin.

Poco antes de morir le dijo a su hijo Luis una frase que resumía, sin propósito de síntesis, toda una vida: «Yo solo sirvo para destruir el capitalismo, pero no sirvo para construir el comunismo.» Era una manera honesta de describir lo que había sido. No una constructora de nada. Una fuerza de ruptura, llevada hasta sus últimas consecuencias, incluso cuando el precio lo pagó su propio hijo.

Nota histórica. La vida de Caridad Mercader está documentada en fuentes históricas, archivos soviéticos desclasificados y en la biografía El cielo prometido. Una mujer al servicio de Stalin, de Gregorio Luri (Ariel, 2017). Los testimonios de su hijo Luis Mercader constituyen una fuente de primera mano sobre la relación entre Caridad y Ramón. Murió en París en 1975 y fue enterrada en el cementerio de Pantin.

MPC


Imagen propia elaborada con IA

Imagen propia elaborada con IA
Imagen propia elaborada con IA

Imagen propia elaborada con IA

Imagen propia elaborada con IA

Visitas: 311