AGENTES DOBLES, AGENTES TRIPLES E ILEGALES.

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

ALEXANDER POTEYEB. El hombre que desmanteló la red de “ilegales”

En junio de 2010, una operación silenciosa de contrainteligencia del FBI sacó a la luz una red de espionaje ruso en territorio estadounidense, que llevaba años operando bajo identidades falsas.

SEGUIR LEYENDO …

HUMAN AL-BALAWI El TRIPLE AGENTE QUE ENGAÑÓ A LA CIA

“GARBO”. El hombre que engañó al Tercer Reich cambiando el rumbo del Día D

La historia de un doble agente, el español Joan Pujol, alias «Garbo» cuya aportación resultó definitiva para engañar a los nazis del lugar donde se produjo finalmente el desembarco de las tropas aliadas. SEGUIR LEYENDO

Espía y traidor: el triple agente Martín Vázquez de Acuña (1540-1585)

La historia del agente Martín Vázquez de Acuña en el siglo XVI, de ser un importante agente, arropado
por el poder, en especial por Antonio Pérez y servir como como negociador en cumbres secretas, pasó a ser detenido por alta traición, tras ser juzgado fue ejecutado. SEGUIR LEYENDO

El TOPO ALDRICH AMES

Aldrich Ames, el doble agente que más daño le causó a EE.UU. durante la Guerra Fría. Trabajó durante años para el KGB. SEGUIR LEYENDO ...

ROBERT HANSSEN, UN TOPO EN EL FBI.

El agente del FBI Robert Hanssen fue designado para descubrir un topo dentro del FBI. El, precisamente era el topo. Trabajaba para desde 1979. El Departamento de Justicia lo califico como uno de los peores desastres en inteligencia en los Estados Unidos. SEGUIR LEYENDO …

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

“GARBO”. El hombre que engañó al Tercer Reich cambiando el rumbo del Día D

En la historia de la inteligencia, pocos nombres alcanzan la dimensión operativa y estratégica de Juan Pujol García, conocido por los británicos como “Garbo”. Este español nacido en Barcelona el 14 de febrero de 1912 consiguió ser uno de los agentes más influyentes en el devenir de la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente no fue militar, ni funcionario de inteligencia, ni tan siquiera poseía formación alguna en la rama. La Guerra Civil española le marcó de forma notable generándole una gran aversión hacia el totalitarismo de la Unión Soviética y la Alemania nazi (comunismo y fascismo).

Juan Pujol estaba casado con Araceli González Carballo y tenía un hijo de corta edad cuando en 1940, decidió que debía prestar sus servicios y ayudar a Inglaterra, se presentó en la embajada de este país en Madrid, pero fue rechazado. Esto no desanimó a nuestro personaje y decidió cambiar de plan sin abandonar sus principios. Acudió a ofrecer sus servicios a los alemanes con el propósito de lograr infiltrarse y ayudar los aliados. A principios de 1941 se dirigió a la embajada de Alemania en Madrid ofreciéndose de la misma manera que lo había hecho con los británicos. Garbo convenció a los alemanes asegurando que era un funcionario español fanático del fascismo y que trabajaría para ellos desde Gran Bretaña. Fue citado en el café Lyon de Madrid por un individuo que se hacía llamar Federico, un miembro de la Abwehr (servicio de inteligencia alemán), desde el primer momento el funcionario se mostró predispuesto a su incorporación como agente, pero le pidió pruebas de sus habilidades antes de dar el visto bueno.

Pujol se trasladó a Lisboa en enero de 1941 para conseguir alguna información que convenciera plenamente a los alemanes. En Lisboa conoció a Jaime Souza en el hotel que se encontraba alojado. Souza era un hombre dedicado al mundo de los negocios y tenía un visado diplomático para viajar a México.  Pujol se ganó la confianza del luso invitándole a clubs nocturnos, cabarets y casinos, a cambio de esas prebendas Souza le dejó fotografiar su visado. Recortó con mucho cuidado los sellos de la fotografía obtenida y contactó con un grabador de Lisboa, a partir de los sellos dispuso de las herramientas necesarias para crear falsos visados. Mostró los visados a Federico en la siguiente cita que tuvieron. El funcionario alemán convencido que Pujol disponía de visados para poder entrar en Inglaterra, le proporcionó dinero y claves secretas asignándole la misión de crear y organizar una red de espías en el país británico.

Había un problema, Pujol ni estaba en el país británico ni tenía opciones de entrar en el. Para ello se inventó una identidad, elaboró informes falsos desde Lisboa y simuló viajes, utilizando guías de turismo, medios de comunicación y fundamentalmente la lógica. Los informes ficticios versaban fundamentalmente sobre movimientos de barcos mercantes y consiguió convencer a los alemanes que aquellos datos eran muy valiosos. La información la obtuvo en los periódicos portugueses, en la biblioteca de Lisboa y en los noticieros del cine. Simuló realizar viajes por toda Gran Bretaña, enviando justificantes de sus gastos, cantidades de los billetes que obtenía de una guía de ferrocarriles inglesa.

Fue uno de estos mensajes sobre un convoy que había salido de Liverpool en dirección a Malta el que llamó la atención de los británicos. Descubrieron entonces que la supuesta fuente alemana era en realidad un espía español que se había ofrecido a trabajar con ellos tiempo atrás.

Los ingleses lejos de detenerle (estaba “desinformando” a los alemanes de forma muy útil) lo reclutó para el MI5 .Pujol, su esposa Araceli y su hijo fueron trasladados en secreto a Gibraltar por mar, desde allí se trasladaron en avión hasta Londres al tan ansiado puesto en la inteligencia británica. En la capital británica el nuevo agente, al que le pusieron de nombre en clave “Garbo”,  prosiguió desinformando a los alemanes, y se inventó una red de agentes a los que podía culpar de sus desaciertos cuando los alemanes pudieran descubrir informaciones no veraces. 

El clima de Londres no era en absoluto del agrado de su esposa. Ella permanecía prácticamente todo el tiempo en su casa para evitar fugas de información. Araceli llegó a amenazar a su marido con delatarle a la embajada española en Londres si no le permitía regresar a España con su hijo. Ante el peligro que suponía la esposa, el MI5 encarceló a Pujol, haciéndola comprometerse por escrito a guardar silencio si deseaba volver a ver a su marido.

La ficticia red creada por Pujol estaba compuesta por 27 personas y formada por marineros, políticos radicales, funcionarios y personal militar. Ninguno de ellos existía por supuesto, pero poseían biografías y comportamientos coherentes e informes creíbles. Para dar mayor credibilidad a la cobertura Pujol hizo que falleciera alguno de ellos. El culmen de su exitosa misión llegó en 1944, con anterioridad al desembarco de las tropas aliadas. Formó parte de la «Operación Fortitude», que consistió en engañar a los alemanes del lugar real del desembarco. Convenció a los alemanes que este se produciría en Paso de Calais y no en Normandía. Transmitió información veraz de forma parcial, detalles operativos muy creíbles y retrasos intencionados. Los resultados fueron excepcionales, los alemanes mantuvieron tropas en el Paso de Calais y no reforzaron Normandía con tiempo suficiente. El agente “Garbo” mediante el engañó, condicionó la estrategia militar de los nazis.

El arte del engaño funcionó por varios factores: La credibilidad que obtuvo por parte de los alemanes fue progresiva, poco a poco. No comenzó con grandes y relevantes informaciones. A veces envió información veraz “demasiado tarde”. Los agentes ficticios que componían su red, poseían personalidad propia, no eran carentes de problemas personales y cometían errores. Los informes que proporcionaban encajaban con una historia y momento específico.

Pujol, increíblemente recibió condecoraciones por los dos bandos contendientes. La Cruz de Hierro por parte alemana y Miembro de la Orden del Imperio Británico, un caso único sin duda.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, con la ayuda del MI5 Pujol viajó a Angola y fingió su muerte de malaria en 1949. Nadie supo que seguía vivo, ni siquiera los servicios secretos británicos. Había obtenido un gran capital en la guerra ya que fue muy bien pagado, en especial por los alemanes. Se trasladó a Venezuela, allí vivió en el anonimato estableciendo varios negocios. Durante décadas se le dio por muerto, ni tan siquiera su primera mujer (de la que se divorció) y los dos hijos que tuvo con ella sabían que aún vivía.  En Venezuela tampoco la familia que tuvo (se casó y tuvo dos hijos y una hija) sabía quién había sido. A veces, comentaba, bromeando que había sido un espía. Sólo su esposa Carmen Cilia conocía su pasado. Pocos años antes de morir se conoció su historia. Falleció en Venezuela en 1988.

Marzo 2026 – JLIF

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

Al principio de la década de 1980, en una jugada maestra, el KGB logró doblar a dos agentes en el mismo corazón de la contrainteligencia americana que en ocasiones ofrecían información de idéntica área o amenaza, lo que suponía que la contrastación de la misma por los soviéticos, les llevara a la certeza de lo que afirmaban en sus informaciones, o les ayudara a tomar una decisión adecuada; estos “doblados” fueron Hazen Ames de la Contrainteligencia de la CIA, del que hemos expuesto en esta web de AVESIE, y Robert Philip Hanssen de la Contrainteligencia del FBI.

En la Oficina Federal de Investigación (FBI) Hanssen, que tenía conocimientos del idioma ruso porque lo había estudiado en su juventud, comenzó como analista de inteligencia sobre la Unión Soviética y también desempeñó la misión de evaluar el potencial de agentes soviéticos que o bien se ofrecían a Occidente o bien habían sido captados para aportar información al FBI como “topos” en el interior del KGB o del GRU.

En 1979 Hanssen se postuló como agente doble al GRU para entregar información a cambio de una prestación económica. Su primer contacto lo tuvo a iniciativa propia, a través de una empresa comercial situada en Manhattan (Nueva York) utilizada como tapadera por el Servicio soviético, con la que acordó aportar información confidencial a condición de que nunca conocieran su nombre.

Durante los dos primeros años entregó informes sobre sistemas de seguimiento del FBI hacia agentes extranjeros, escuchas telefónicas, listados de espías soviéticos o infiltrados de la CIA o el FBI en Moscú. Una de las primeras informaciones que entregó al GRU fue la existencia del topo Top hat, que trabajaba para la CIA, sin conocer que se correspondía con la identidad del general soviético Dimitri Polyakov uno de los informadores, primero del FBI y posteriormente de la CIA, destinado en el Servicio de inteligencia militar soviético (GRU).

Hanssen trabajaría, a lo largo de su carrera, para tres Servicios: para el GRU cuando estuvo destinado en Nueva York, para el KGB y finalmente para el SVR cuando estuvo destinado en Washington. Durante los más de veinte años que perduró su actividad, entregó a los soviéticos miles de páginas de documentos clasificados como secretos, docenas de discos con estrategias previstas en una posible guerra nuclear, desarrollos armamentísticos, información sobre agentes dobles y el programa de contrainteligencia soviética de los EE.UU.

Enterada su esposa del doble juego que llevaba Hanssen ella, que era una piadosa mujer católica de misa diaria madre de seis hijos, le obligó a devolver las ganancias obtenidas a una institución de caridad, a confesarse con un cura y a comprometerse a no incidir de nuevo en traicionar a su país. Él aceptó las exigencias y dijo que había entregado 30.000 dólares, mucho menos del dinero recibido, a las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta; aportación que nunca pudo demostrarse.

Las vulnerabilidades de Hanssen era el gusto por el dinero y ciertas desviaciones, como grabarse cuando mantenía sexo con su esposa para que su único amigo pudiera disfrutar con las escenas de cama; también mantuvo una relación con una bailarina de striptease, Priscilla Sue Galley, con la finalidad de sacarla del mundo de la prostitución, para ello le compró un piso, un coche y le regaló dinero y joyas con la pretensión de que se convirtiera al catolicismo. Además, Hanssen era de naturaleza inestable, huraña, con baja autoestima y arrastraba frustraciones debido a las humillaciones constantes que desde siempre había recibido de su padre, agente de policía.

Tras aceptar las condiciones de su esposa Bonnie, aparentemente dejó de colaborar con los Servicios soviéticos durante dos años, a partir de los cuales, y desde su nuevo puesto en Washington en la Unidad de Análisis de la URSS volvió a ofrecerse al Servicio de inteligencia soviético, para ello dirigió una carta, firmada, bajo el nombre de Ramón García al coronel Victor Cherkashin jefe de contraespionaje de la embajada soviética que sería su futuro controlador. Fue aquí donde Hanssen reveló la construcción de un túnel bajo la embajada soviética, que había llevado a cabo el FBI, estos datos los había obtenido en su estancia anterior en Nueva York.

A los pocos días le envió un sobre a Cherkashin con documentación secreta, en ella figuraban los nombres del coronel Valery Martinov y el comandante Sergei Motorin ambos destinados en la embajada rusa y fuentes del FBI, por el que pidió 100.000 dólares. Analizada la información aportada dio muestras de ser completamente segura y clasificada como de primer orden, por lo que se le hizo un pago de 50.000 dólares en billetes usados de cien, que los soviéticos depositaron bajo un escenario de madera en un anfiteatro al aire libre, utilizado como “buzón muerto” en el parque Long Branch del condado de Fairfax. Una señal consistente en un trazo con tiza junto a la entrada del recinto indicaba que el citado buzón estaba cargado. En alguna ocasión los pagos también se realizaban en diamantes.

A partir de este momento y como medidas de seguridad, ya que el FBI estaba buscando a un “topo” en su propio Servicio, sus contactos con el KGB serían discontinuos y sus misivas las firmaría bajo el falso nombre de Ramón García. En 1986 volvió a contactar con el Servicio soviético al que diseñó cómo debían ser las conexiones futuras, estas se harían a través de anuncios en los periódicos dando un teléfono al que llamaría Hanssen para acordar la próxima entrega, para ello incluirían anuncios como “Dodge Diplomat, 1971, necesita reparación, 1000 dólares” y un número de teléfono al que llamaría identificándose como Ramón.

Hanssen evitaba por todos los medios mantener una comunicación física con su controlador, para ello una vez establecido el contacto fijaba fechas de suministro o de recogida, también mediante una codificación sumaba un número acordado a la fecha prevista, de tal manera que, si se preveía para el día 5 de febrero a las 8 horas, en realidad le sumaba 6 dígitos a todos los datos y la fecha real sería la del 11 de agosto a las 14 horas. Igualmente él fijaba los lugares donde se ubicaban los “buzones muertos” que cargaba o descargaba según depositara información o recogiera dinero.

La Contrainteligencia del FBI sabía que dos de sus topos, conocidos de manera informal como M. y M. que en realidad eran Martinov y Motorin, habían sido llamados a Moscú, en 1986, detenidos y ajusticiados mediante un disparo indigno en la nuca, método utilizado por el KGB para ajusticiar traidores; un tercero, Boris Yuzin, también había sido deportado a Siberia. Dos años después aun se desconocía qué estaba ocurriendo, quizá podría existir un agente doble dentro del FBI trabajando para los soviéticos. Esto hizo que, para descubrir traiciones internas, se le encarga a Hanssen iniciar un estudio sobre todas las infiltraciones malogradas y otras que no se hubieran podido llevar a cabo porque existieran dudas de ser detectadas por los soviéticos. Al tiempo que investigaba, Hanssen seguía trabajando como agente doble para el KGB y procuraba desviar la atención sobre los casos concretos o no profundizaba en las cuestiones planteadas.

En 1991 tras la caída del muro de Berlín voluntariamente Ramón García, Hanssen, volvió a desconectar en previsión de que pudiera verse afectada su seguridad por la huída de agentes hacia Occidente. Permaneció durmiente durante ocho años en los que estuvo recopilando información en previsión de volver a contactar con los rusos y venderla. Inició una tercera colaboración, ya con el SVR, Servicio que sustituyó al KGB en el exterior tras la desaparición de la URSS.

En 1990 su cuñado Mark Wauk, también agente del FBI, sospechó de él por unas conversaciones familiares referentes a la gran cantidad de dinero que manejaba y lo denunció al Servicio, aunque no pudieron hallar ninguna anormalidad ya que coincidió con un tiempo de silencio en la transmisión de información por parte de Hanssen, todo ello unido a la detención del Espía doble Ames de la CIA, hecho que le favoreció personalmente ya que facilitó que las sospechas se desviaran hacia este último atribuyéndole las filtraciones que habían llegado a los rusos y eran conocidas.

El FBI sospechó de Hanssen porque en algunas investigaciones en las que él participaba las pesquisas parecían no llegar nunca al fondo del asunto, y fundamentalmente porque un doble agente desde Moscú les informó de las exigentes medidas de seguridad y los tiempos que había dejado de colaborar un “topo” situado por el KGB en el FBI del que desconocían su identidad real. Esto hizo que en una investigación más exhaustiva sobre agentes que por su forma de vida no fueran sospechosos, se incluyera a Robert Hanssen. En el 2000 el FBI recibió una información de un ex agente del KGB que se había pasado a Occidente, era una fuente anónima a la que llamaron “Vengador” y ofreció pruebas sobre Ramón García por las que solicitó siete millones de dólares, entre ellas una cinta grabada con una conversación que había mantenido con su controlador y una bolsa de basura utilizada para albergar los documentos que el topo depositaba en los buzones muertos. En ellas los investigadores pudieron comprobar la voz del traidor y revelar las huellas dactilares que se conservaban latentes en la bolsa de plástico. Ambas se correspondían con Robert Hanssen.

A partir de este momento el FBI, con la finalidad de obtener pruebas válidas que pudieran presentar en juicio, estableció un sistema de vigilancia mediante el control general de sus actividades y control remoto a través de escuchas telefónicas y ambientales en su vivienda. Cuatro meses después, el 18 de febrero de 2001, Robert salió de su domicilio en Vienna, un pequeño pueblo del condado de Fairfax en el Estado de Virginia; un suburbio de Washington tranquilo de casas bajas donde todos los vecinos se conocen, mantienen sus tradiciones y como era el caso de la familia Hanssen asisten puntualmente a misa todos los domingos. Condiciones externas en las que la vigilancia establecida por el FBI podía ser detectada si no se hacía con seguridad.

El agente de observación comunicó a los operativos que el objetivo tras salir de su domicilio portaba un paquete sospechoso, el equipo operativo le siguió y comprobó que llevaba a cabo unas tímidas medidas de detección, tras asegurarse de que no estaba vigilado tomó su coche Ford Taurus y realizó itinerarios que le permitieran captar una vigilancia móvil, al comprobar que no era seguido inició un itinerario de decepción para confirmar que no iba nadie detrás de él. Confiado llegó al parque Foxston, no muy lejos de su domicilio y depositó bajo un puente de madera el paquete envuelto en una bolsa de basura. De regreso a su coche fue detenido por sus compañeros. En ese momento expresó: “hasta aquí hemos llegado”. Momentos después a los agentes les negó que actuara por motivos ideológicos y estar lejos de creer en la causa comunista ya que era antisoviético, y confirmó que había actuado llevado por la codicia y otras causas personales. Pocos meses antes, mediante una nota escrita le había comunicado a los rusos que las leyes contra el espionaje habían cambiado, y podría ser condenado a muerte si lo descubrían.

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

Puente bajo el que depositó el último paquete con información para el SVR. Fuente: Connor Spy Alliance

Considerado como uno de los mejores agentes del contraespionaje, con veinticinco años de servicio, fue acusado y condenado por el juez federal Claude Hilton, en Alexandria (Virginia), rebajándole la pena a cadena perpetua por colaborar con la justicia aunque su delito llevaba aparejada la pena de muerte por quince cargos de espionaje y traición y por entregar secretos a la URSS y a Rusia. Había desenmascarado a varios agentes del KGB que habían sido doblados y trabajaban para el FBI desde sus puestos en la embajada soviética de Washington, entre ellos Boris Yuzin, Valery Martinov y Sergei Motorin, algunos de ellos ejecutados. También desenmascaró al general Dimitri Polyakov, agente del GRU, en 1980, aunque no pudo desvelar su nombre hecho que sí lo haría el agente de la CIA Ames en 1986.

Por la información que Hanssen pasó a la Unión Soviética y posteriormente a Rusia recibió una contraprestación económica de un millón y medio de dólares, aproximadamente, en efectivo además de un número indeterminado de diamantes y la promesa de que le ingresarían otro tanto de dinero en una cuenta en Moscú. Según un informe del FBI, fue el topo más dañino de la historia de este Servicio. El 5 de junio de 2023, Hanssen de 79 años de edad, fue encontrado sin señales de vida en el Centro Penitenciario y Administrativo de Máxima Seguridad en Florence, Colorado, poco antes de las 7 de la mañana donde estaba cumpliendo su cadena perpetua.  

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Puente peatonal en Rock Creek Park (Washington D.C), uno de los lugares que utilizo Adrich Ames para depositar información que posteriormente recogerían miembros del KGB. Esta ubicación se encontraba cerca de su domicilio.
Adrich Ames, detenido.

El TOPO ALDRICH AMES

Aldrich Hazem Ames, también conocido como Rik Ames, era el jefe de la Oficina de Contrainteligencia Soviética, en la división SE (Soviet-last European) de la CIA, con sede en Langley (Virginia). Anteriormente había llevado a cabo misiones como agente en Ankara, Washington, Nueva York y Roma. Una de sus funciones, en su última etapa de servicio, se concretaba en reclutar oficiales de inteligencia procedentes de la Unión Soviética.

Su lealtad estaba probada ya que era hijo de un miembro de la Agencia, circunstancia que avalaba su compromiso con el Servicio. La CIA comenzó a recibir reveses a partir de 1985, consumados en detenciones, muertes y desapariciones de sus “topos” y agentes ubicados en Moscú, Berlín, Bonn y otras partes del mundo. Entre treinta y treinta y cinco fueron los que, como consecuencia de las informaciones de un infiltrado en la CIA, que finalmente resultaría Ames, sucumbieron frente al KGB. Cinco o seis de los detenidos eran supervisados por el aparato central de la inteligencia norteamericana.

El director de la CIA, William Webster que conocía muy de cerca al espionaje soviético, no en vano había estado destinado en Berlín en la década de los años cincuenta, y al parecer también ocupó el cargo de jefe de sección de la agencia norteamericana en Moscú, aterrado por los reveses infligidos a sus informantes, algunos de ellos ejecutados, creó un equipo al mando de Gardner A. Hathaway, jefe de contraespionaje que después de haberse retirado del Servicio continuó investigando para detectar al “topo”. Este equipo, secreto incluso en el interior de la CIA, conocido como Fuerza Especial de Tareas, estaba integrado por un reducido número de agentes que en su mayoría se encontraban ya jubilados para no atentar contra la seguridad en la operación de caza del “topo”, dado que se corría el peligro de haber seleccionado al propio informador si el equipo se hubiera conformado con personal en activo.

Desde 1985, Aldrich Ames, trabajaba para el KGB y continuó después de la caída del telón de acero informando para el nuevo Servicio Ruso de Inteligencia Exterior (SVR) hasta 1991. La motivación de Ames para convertirse en “topo” de los soviéticos y posteriormente de los rusos fue la codicia. Con un sueldo de unos 70.000 dólares al año no tenía suficiente y vio una posibilidad de obtener más beneficios económicos si vendía información. De naturaleza alcohólica, dominado por sentimientos de inferioridad y frustración, y algo torpe, prueba de ello es que en algunas ocasiones había extraviado documentación, en una de ellas olvidó en el metro de Washington un maletín con información secreta sobre agentes infiltrados.

Pensaba que su esposa María del Rosario Casas, de origen colombiano, podría abandonarlo si no le daba los caprichos a los que ella optara. Es por esto que ante la dicotomía de atracar un banco o vender información, ejecutó la segunda opción. Con las ganancias obtenidas el matrimonio adquirió una casa en Arlington, Virginia, por un valor superior a los 500.000$. Muebles caros, dos coches Jaguar y un Honda, ropas de marca y visitas a restaurantes de lujo, e inversiones en bolsa; un poder adquisitivo que ellos justificaban como herencias recibidas tras la muerte del padre de Rosario.  Ames se presentó el 16 de abril de 1985 en la sede diplomática de la URSS en Washington para ofrecer sus servicios, antes había llamado por teléfono a Sergéi Chuvajin especialista en control armamentístico. Tras los correspondientes controles de seguridad de los soviéticos, para evitar una posible maniobra de intoxicación o decepción de la contrainteligencia americana, fue aceptado como fuente y a partir de entonces desveló sistemas de comunicación de los Servicios secretos americanos, técnicas y funcionamiento de la contrainteligencia lo que facilitó la infiltración de agentes del KGB y el GRU en las filas americanas. También aportó informes sobre operaciones en marcha de obtención de información en la URSS, sistemas de satélites, listados de  personal del Servicio, y nombres de los topos que la CIA tenía infiltrados en el KGB o el GRU así como agentes doblados trabajando desde Estados Unidos. Igualmente informó sobre un topo situado en un alto nivel del KGB que trabajaba para el MI6 y estaba aportando informaciones muy importantes para la CIA, y al que este Servicio le había bautizado con el alias de Tickl.

El primer intento de contacto fue a iniciativa de Ames, para lo cual se personó en la embajada soviética, donde fue atendido sólo por el conserje de la entrada, y allí depositó un paquete dirigido al rezident con documentación y una pequeña nota que decía: “Soy H. Aldrich Ames y mi puesto es el de jefe del departamento de contraespionaje soviético de la CIA. Trabajé en Nueva York, donde utilizaba el alias Andy Robinson. Necesito 50.000 dólares, y a cambio del dinero aquí tienen información sobre tres agentes que estamos supervisando ahora mismo en la Unión Soviética”. En realidad estos agentes habían sido preparados por el KGB para infiltrarse en la CIA, hecho que llevaron a cabo. Aldrich sabía que no eran verdaderos traidores y ofreció los nombres con el fin de que los soviéticos pudieran apreciar su buena predisposición a colaborar, con el tiempo Ames confirmaría que la CIA sospechaba que éstos eran “agentes dobles”. Las informaciones entregadas posteriormente ya serían más indolentes. Dos meses después del primer contacto Ames entregó información sobre más de 25 colaboradores de Occidente infiltrados en el KGB y el GRU. Sabía que estaba condenando a muerte a todos los agentes de los que aportó información, y también era consciente de que esta acción reforzaría su seguridad personal evitando, en lo posible, ser delatado por alguno de ellos que llegara a tener conocimiento de que Ames hacía un doble juego. Durante el primer año de traición fue dirigido por el “rezident” del KGB de la embajada soviética en Washington, Stanislav Androsov, y el agente de relación Sergei Dimitrievich Chuvajin, posteriormente el residente sería reemplazado por Ivan Semionovich Gromakov. Para el intercambio de información se utilizaron una serie de buzones de correos situados en el itinerario lógico que Ames debía de recorrer hacia su casa, en ellos se marcaban unas señales convenidas para mantener los contactos posteriores e intercambiar la información, o para evidenciar que un “buzón muerto” estaba cargado; las señales se basaban en signos escritos con tiza a los que un observador ajeno no les daría importancia por carecer de significado, al tratarse de rallas insignificantes. Buzón en el que Ames señalaba la necesidad de contactar con el KGB mediante un trazo con tiza sobre el logotipo del servicio postal. Las misiones se le asignaban a través del residente y de Chuvajin.

En su primera cita del 15 de mayo, un mes después de su primer contacto, en la embajada soviética, se fijaron sus condiciones económicas y de seguridad, y como contraprestación Ames recibió dos días después, el 17 de mayo de manos de Chuvajin, los 50.000 dólares que había solicitado; 9.000 de los cuales ingresó en su cuenta corriente y para no levantar suspicacias le dijo a su mujer que era la devolución de un préstamo que había dado con anterioridad a un viejo amigo.

Un año después de comenzar su labor para los soviéticos, en 1986, los agentes dobles Valery Martinov y Sergei Motorin, que trabajaban para el FBI, fueron llamados a Moscú por sus superiores, detenidos allí, sometidos a interrogatorio y tras el juicio condenados a muerte y ejecutados. Ames no solamente desveló la identidad de agentes al servicio de EE.UU. o Gran Bretaña, sino que manipuló informes destinados a la Casa Blanca con desinformación que interesaba al Kremlin, o remitió escritos, a sus manipuladores, sobre la posición que Estados Unidos mantendría en las discusiones acerca de los tratados de limitación de armamento estratégico. A lo largo de su quehacer diario en la contrainteligencia Ames llegó a manipular funcionarios soviéticos, como fue el caso del especialista en armas nucleares Sergei Fedorenko destinado como representante de su país en la sede de la ONU.

Poco después informaba a su controlador que Fedorenko era colaborador del contraespionaje americano. Las informaciones aportadas al KGB costaron la vida, al menos, a una decena de agentes dobles soviéticos que fueron ajusticiados en Rusia, otras fuentes estiman que pudieron llegar a veinticinco, y un informe secreto de la CIA estimaba que más de 34 agentes secretos americanos y de países aliados fueron puestos al descubierto ante el KGB y condenados a penas muy duras. Fruto de lo aportado por Ames, más de cien operaciones de espionaje se vieron afectadas, lo que ocasionó un colapso en las misiones antisoviéticas en la CIA.

Entre los “espías dobles” soviéticos más relevantes, que operaban para Occidente y que fueron desactivados tras la información aportada por Ames, se encuentran Oleg Gordievsky, que sufrió una detención en Rusia y un posterior intento de asesinato por envenenamiento, años después en Reino Unido, del que se ha hecho mención más arriba, y también el general Dimitri Polyakov, el militar de mayor graduación que había traicionado a su país siendo agente del Servicio de Inteligencia Militar (GRU), condenado y ejecutado en 1988.

Por sus servicios y las informaciones aportadas Ames recibió la suma de unos cuatro millones y medio de dólares, de los cuales algo más de dos fueron depositados en un banco en un país desconocido hasta ahora, probablemente en Rusia. El intercambio de información sensible se llevaba a cabo por contactos directos en Nueva York, Washington, Bogotá, Viena y Caracas, donde también Ames recibía en contraprestación cuantiosas cantidades de dinero. Su oficial de relación en Roma, cuando fue destinado a la embajada americana, fue un tal Vladi, agente del KGB al que había conocido en Colombia en diciembre de 1985, con el que contactaría durante el tiempo que transcurrió su destino y le aportaría directamente y en papel una gran cantidad de informes; para estas reuniones utilizaban las dependencias del KGB en su embajada romana.

Tras su regreso de Roma y durante los años 1990 a 1993 los contactos directos que mantuvo Ames con sus controladores se llevaron a cabo fuera de los Estados Unidos, en Viena, Bogotá y Caracas, con su manipulador conocido como Vladi y con un segundo supervisor conocido como André. Las informaciones aportadas en Washington lo fueron a través de “buzones muertos” como medida de seguridad. El hecho de que varios agentes dobles fueran detenidos en Moscú casi a un tiempo, seis infiltrados en el KGB, tres en el GRU, y uno en Defensa, produjo la desactivación repentina del flujo de información; esta anomalía hizo sospechar a la CIA de que un “topo” en su propio Servicio había traicionado a sus agentes soviéticos. Las primeras investigaciones sobre estas desapariciones pasaban por el despacho de contrainteligencia de Ames, lo que facilitaba que este controlara y desviara las pesquisas a su antojo para no ser detectado.

Las averiguaciones iniciadas por Hathaway y su equipo obtuvieron escasos resultados. Hasta tal punto que en mayo de 1990 el jefe de contrainteligencia en compañía del jefe de la oficina de la CIA en Berlín, mantuvieron entrevistas con el que había sido antiguo jefe del HVA, el Servicio de inteligencia en Alemania Oriental, Markus Wolf, sin ningún empacho de ponerse en manos del que hasta poco antes de la caída del Muro había sido su enemigo, con tal de obtener información sobre el “topo” que tanto dañado infligía al Servicio norteamericano, datos que no obtuvieron porque Wolf en ese momento no conocía la identidad de Aldrich Ames. Dos mujeres del equipo en la CIA habían detectado anomalías cuando investigaban la desaparición de ocho colaboradores soviéticos en Rusia, con la seguridad aunque sin las pruebas, de que el traidor estaba cerca. Finalmente a mediados de 1991, las investigaciones fueron compartidas con el FBI con el que crearon un equipo conjunto de investigación, denominado Unidad de Investigaciones Especiales (SIU por sus siglas en inglés) con sede en la CIA, para analizar las pérdidas de sus activos frente a los soviéticos. El equipo estaba compuesto por dos oficiales de contrainteligencia de la CIA y un agente especial y un analista del FBI, equipo que no fue todo lo ágil que debiera haber sido, fruto de errores e imprecisiones en ambos Servicios durante el desarrollo de la investigación.

Como resultado aparecieron cuarenta empleados de la CIA que tenían conocimientos sobre los dobles agentes neutralizados por el KGB y el GRU; entre ellos, y sobre el que se dirigían todos los indicios incriminatorios, se encontraba Aldrich Ames como principal sospechoso por su alto nivel de vida y sus ostentaciones. El FBI instaló micrófonos en los vehículos y en su domicilio, e interceptó las comunicaciones telefónicas e informáticas, llevó a cabo registros domiciliarios, y le montó una vigilancia permanente. Esto permitió conocer los buzones, las señales y los contactos, además de encontrar pruebas incriminatorias directas consistentes en una anotación de puño y letra de Aldrich Ames que una vez rasgada la había arrojado a su cubo de basura junto a otros residuos, también encontraron cintas de máquinas de escribir y de impresoras que contenían información que había pasado al KGB. Con las pruebas obtenidas procedieron a la detención de Ames y de su esposa el 22 de febrero de 1994, acusados de vender información clasificada a los espías rusos, así como desvelar movimientos de personal y datos de funcionarios de la CIA.

Este Servicio quedó prácticamente paralizado durante mucho tiempo, por la conmoción y el desaliento moral de sus agentes. Su detención supuso una catarsis para el sistema de inteligencia americano, y una psicosis colectiva de estar penetrados por “topos” no solo en la Inteligencia sino también en el Ejército, en el Departamento de Energía, o en la Oficina Federal de Investigación (FBI), y en general en el Estado. El daño causado fue inmenso, además de los diez ejecutados y varias docenas de personas condenadas en Rusia a penas muy fuertes, la credibilidad del Servicio de inteligencia de EE.UU. fue cuestionada por el resto de los Servicios en el mundo. Sin duda ha sido el traidor que más daño ha provocado a Estados Unidos, en toda la historia del espionaje. También fue el “topo” mejor pagado por soviéticos y rusos. No cabe duda de que Aldrich Ames fue literalmente “vendido” por el KGB dado que basándose en las informaciones que aportaba, el KGB o el GRU iniciaban una inmediata persecución de los dobles agentes soviéticos identificados, asesinándolos si estaban en Moscú u ordenándoles que regresaran, si es que estaban destinados en el exterior, para ejecutarlos la mayor de las veces.

Con desprecio a la seguridad de su fuente, los rusos actuaban de inmediato contra sus agentes doblados, cuando lo ortodoxo obliga a que si un Servicio de inteligencia tiene noticias de la existencia de un agente doble en sus filas, lo normal es que se le intente triplicar, para desinformar al enemigo, o al menos no se actúe inmediatamente sobre el mismo para no dejar en evidencia a la fuente que dio la información de ese topo. Los mismos supervisores de Ames en sus últimas entrevistas reconocieron el peligro en el que le habían puesto, al actuar de una forma tan inmediata sobre los agentes que trabajaban para Occidente.  Aldrich Ames sería condenado a cadena perpetua y su esposa, que podía haber sido condenada hasta 15 años de prisión por espionaje y evasión tributaria, finalmente lo fue a poco más de cinco años tras un acuerdo de colaboración del marido con la justicia, comprometiéndose este a seguir aportando información a la CIA, en sesiones de trabajo en la prisión de Allenwood. El 5 de enero de 2026 falleció en prisión a los 84 años de edad.

Marzo 2026 – JLM

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

Espía y traidor: el triple agente Martín Vázquez de Acuña (1540-1585)

Martín Vázquez de Acuña, del que los autores Sola Castaño, De la Peña y Varriale, en sus obras, nos transportan a otros tiempos muy similares a los nuestros y nos hacen conocer misiones ordenadas por la corte de Felipe II y traiciones; una época en que la tregua alcanzada con el Turco tras la batalla de Lepanto no sería pacífica ni relajada, se entraba en un periodo de auténtica “guerra fría” con intrigas y conspiraciones, donde la red de espías españoles enviaba constantes y repetidas informaciones y la contrainteligencia desempeñaba acciones de detección y neutralización de espías, y manipulaba agentes dobles como el renegado Pedro de Brea que pasaba la información de acontecimientos y misiones que, desde el Imperio Otomano, se le encomendaban a él para llevar a cabo en España.

En Estambul los espías españoles eran gestionados por Aurelio Santa Croce, también conocido como Bautista Ferraro, espía con una dilatada experiencia trabajando en Turquía durante veinte años bajo cobertura de mercader y rescatador de cautivos; fue un hombre clave en los “negocios secretos” del rey de España en Turquía, que darían como resultado la tregua acordada con el Turco tras la batalla de Lepanto; entre su red figuraban los agentes Jaime de Losada, Antón Avellán al que contactó sin saber que era un espía enviado por la Corona, o Bartolomé Bruti, este último agente doblado que anteriormente trabajaba también para los venecianos y continuó haciéndolo.

Durante estos años la contrainteligencia filipina era muy activa, tanto en España como en Estambul, dado que era muy común que los espías trabajaran para ambos bandos. Ejemplo de ello es el caso de Martín Vázquez de Acuña, espía que en compañía de otros tres fue enviado en 1577 a Levante, para llevar a cabo una misión especial consistente en atentar contra la escuadra turca incendiando sus naves; finalmente por diversos avatares se transformaría en misión secreta relacionada con la aceptación de la tregua.

Uno de sus acompañantes sería detectado por un ex agente español conocido como el griego Esteban y fue detenido y sometido a tormento por este, lo que hizo que confesara la información conocida. Acuña regresó a España y fue recompensado con la máxima distinción del momento: el hábito de caballero de Santiago, además de una pensión vitalicia de 400 ducados anuales. Poco duraría su fortuna, el Marqués de Mondéjar escribió en su día a Antonio Pérez, el secretario del rey, con quejas sobre cuentas y sobre su comportamiento que lo calificaba como de charlatán y mala persona, sospechaba de él que pasaba información a los turcos y berberiscos. Iniciadas las pesquisas para aclarar sus comportamientos sospechosos, fue detenido diez años después de regresar a la corte y encerrado en el castillo de Pinto, en Madrid.

El virrey Mondéjar tenía establecida su propia red en la que estaba integrado el agente Pedro Lance; su especialidad era la de pasar en su fragata a todos aquellos espías que iban a realizar misiones en Constantinopla; partían del puerto de Otranto con escala en la isla de Corfú. Estos trasiegos le servían, también, para obtener información acerca de las lealtades de los agentes que transportaba. En su labor de contraespionaje conoció de las deslealtades de Martín de Acuña, e interceptó correspondencia entre este último y el corsario berberisco Euldij Alí, que estaba en contra de la tregua que se negociaba con el Turco, pruebas que fueron entregadas al comendador mayor de Castilla Juan de Zúñiga. 

La indiscreción de Acuña en tratar asuntos de Estado o revelar secretos, que comprometían a la corona española, al soberano turco Amurates III, para quien trabajaba como agente doble, además del descubrimiento de lo que también trataba de forma secreta con los franceses, como agente triple, le llevó a ser condenado a muerte. Los agentes solían desenvolverse bajo la apariencia de comerciantes, renegados o cautivos que hablaban las lenguas del momento y el lugar, en muchas ocasiones con negocios en la colonia hebrea de Estambul. Ejecutaban misiones de forma individual, tales como la obtención de información a través de confidentes, informadores y colaboradores; contrainformación para detectar espías enemigos; propagación de rumores con fines desestabilizadores; o sobornos en los altos niveles de gobierno para obtener información estratégica o para dirigir la toma de decisión.

En ocasiones las misiones eran llevadas a cabo en equipo con tácticas de comando; ejemplo de ello se da en la explosión provocada en el polvorín de Constantinopla por el griego Juan Curenzi, un espía controlado por el duque de Terranova, virrey de Sicilia, al que posteriormente mandaría en misión secreta a Estambul desde donde enviaba información sobre la armada turca.

Cuando existían dudas acerca del comportamiento de ciertos individuos que poseyeran informaciones sensibles, y eran señalados por la contrainteligencia, bien porque quisieran renegar y ser vulnerables, y trabajar para el Turco, o bien porque sus indiscreciones pudieran afectar a los asuntos de Estado, los Servicios secretos no dudaban en llevar a cabo ejecuciones sumarísimas, lo que en el siglo XVI se conocía como “asesinatos judiciales”; en ocasiones extraordinarias se practicaba “la justicia secreta”, los dos casos más llamativos son los ajusticiamientos de Montigny, uno de los líderes del levantamiento en Flandes, ejecutado en la fortaleza de Simancas en secreto; y el de Martín Vázquez de Acuña, detectado por la contrainteligencia como agente del Turco y de Francia, y ejecutado mediante estrangulamiento, en el interior de su propia celda, sin el honor de morir por las armas, en la fortaleza de Pinto. Acuña debía de estar muy seguro de su destino porque antes de su ajusticiamiento había intentado cortarse las venas con el pedazo de la cerámica de un orinal.   

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

ANNA CHAPMAN: El rostro moderno de los “ilegales” rusos

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Imagen de Anna Chapman en redes sociales
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)
Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

El 31 de marzo de 2022, un brasileño, Víctor Muller Ferreira, tomó un avión en el aeropuerto internacional de Sao Paulo, en Brasil, con destino Países Bajos. En La Haya debía comenzar una pasantía en la Corte Penal Internacional. Cuando su avión aterrizó, fue detenido.

Aquel ciudadano brasileño no era tal, realmente se trataba de Sergey Cherkasov, ciudadano ruso y perteneciente al GRU, la agencia de inteligencia militar exterior de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa.

 Sergey Cherkasov, elaboró una leyenda como ciudadano brasileño, su fecha de nacimiento el 4 de abril de 1989. Los documentos brasileños utilizados eran auténticos, obtenidos mediante una partida de nacimiento falsa. El nombre de su padre era inventado y el de la madre, una mujer fallecida que no tuvo hijos. Para obtener un perfil perfecto, estudió en instituciones prestigiosas. Obtuvo un grado en Dublín y una maestría en la Universidad Johns Hopkins en EE. UU (considerada una cantera de políticos y diplomáticos). Bajo ese nombre Sergey operó durante doce años.

  En 2022 fue aceptado para una pasantía en la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya. La misión que debía cumplir, era obtener información sobre las investigaciones abiertas en esa Corte sobre crímenes de guerra rusos en Ucrania.

Tras la detención, las autoridades holandesas lo deportaron a Brasil. El servicio holandés, el FBI y la policía brasileña lo habían identificado plenamente, no era ciudadano brasileño, era un agente ruso. Un “ilegal”, sistema ya descrito en alguno de los artículos de esta página y que pone de manifiesto este modus operandi de los rusos como habitual y no puntual.

Rusia, para estos “ilegales” ha utilizado identidades de nacionalidades latinoamericanas, sobre todo de Brasil y Argentina, en base a varios motivos. En primer lugar, en Brasil hay muchos descendientes de italianos, eslavos, japoneses y alemanes, un hombre con rasgos europeos no levanta sospechas como extranjero. En segundo lugar, porque años atrás, los registros civiles de esos países (en papel) eran mucho más fácil de vulnerar, insertando o falsificando documentaciones, como partidas de nacimiento falsas. Los pasaportes brasileños poseen la ventaja de poseer un gran respaldo porque permiten la entrada sin visa a muchos países, incluida la Unión Europea, lo que facilita enormemente el movimiento del “ilegal”, en la actualidad el pasaporte brasileño permite el acceso a 168 países sin visa.

Tras su detención, en sus dispositivos, encontraron un documento de cuatro páginas escrito por él, donde figuraba la leyenda que se había creado y detallaba toda su historia familiar falsa, sus gustos musicales y los gustos y hábitos alimenticios. Un manual para recordar su vida como brasileño.

Fuente: Elaboración propia mediante inteligencia artificial (ChatGPT – OpenAI)

Una vez en Brasil, fue condenado por falsificación de documentos. El ruso reconoció la falsificación de documentos, pero siempre negó la pertenencia al servicio ruso. Actualmente Rusia está intentando extraditarlo, argumenta que no pertenece a ningún servicio y que se trata simplemente de un narcotraficante, táctica habitual para recuperar a sus agentes.

El caso de Sergey Cherkasov es una muestra más, de la inteligencia contemporánea rusa basada en agentes “ilegales”, operativos que viven durante años bajo identidades falsas, sólidamente construidas y aparentemente carentes de vínculo con su país de origen.

Su intento de infiltración en la Corte Internacional de La Haya fracasó, y acabó exponiendo públicamente uno de los activos mejor preparados del GRU, la inteligencia militar rusa.​ En inteligencia, la leyenda (historia falsa del agente) es el pilar del éxito. En el caso Cherkasov: su identidad brasileña era técnicamente sólida, pero presentaba fisuras de comportamiento y biográficas, la verificación cruzada internacional terminó revelando inconsistencias en la leyenda.

Con implantación de medidas de Seguridad, como la verificación biométrica, documental y social para la identificación de personas, en especial en aeropuertos y fronteras, existe un mayor riesgo para los ilegales, aunque no se debe descartar que intenten solventar estos imponderables, si es que no lo han conseguido ya.