LA GUERRA FRÍA DEL INFANTE DON JUAN MANUEL

Mucho ha sido lo que España ha aportado al mundo en la esfera del espionaje, conceptos como propaganda subversiva, conspiraciones, planes de regicidio, espionaje y contraespionaje, guerra encubierta, redes, preparativos, ejecuciones judiciales y muchos más, en tiempos de los servicios estructurados de nuestros reyes Carlos I o Felipe II, allá por el siglo XVI.
Entre otras aportaciones, mucho más antiguas, se encuentra la del concepto de “guerra fría”. Era el siglo XIV cuando el Infante don Juan Manuel, regente de Castilla y León, acuñó este concepto en su Libro de Los Estados (escribió once más), para hacer referencia a las relaciones fronterizas que mantenían cristianos y musulmanes en la España de aquella época, unas relaciones de razias moras surgidas desde Albarracín, Huete o Cuenca, por ejemplo, llevadas a cabo por guerreros de turbante negro y ropajes verdes que pasaban a cuchillo a los infieles y esclavizaban a hijos y esposas.
Razias veraniegas con hostigamientos y respuestas cristianas con ataques a poblados de mayoría musulmana donde las mezquitas eran desmochadas y tachonada la cruz en lo más alto del minarete. Fronteras permeables donde en ambos lados surgían volutas inmensas de humo tras la quema de las mieses, casas o arbolados que no se sabía si eran de moros o de cristianos. Almorávides, castellanos y almohades, más fanáticos y enemigos de los primeros, campaban de un lado a otro de los territorios fronterizos en cabalgadas cristianas o algaras moras, y algunas encamisadas hasta que llegaban los tiempos de las treguas. Esto era la “Guerra Fría”, a la que Don Juan Manuel hace referencia en su Libro de los Estados, un statu quo de escaramuzas, refriegas o encontronazos casuales, supliendo a una guerra abierta que por otro lado se daría con el tiempo.
También nos habla, el Infante, en su libro Cuentos Medievales, de las guerras entre cristianos y entre estos y moros indistintamente [sic] “guerras, a veces con cristianos et a veces con moros, et lo demás siempre lo hobe con reys, mis señores et mis vecinos”. Diferencia en su obra entre la guerra “muy caliente” y otros estados de tensión y escaramuzas fronterizas de menor intensidad, lo que desde mitad del siglo XX se conoce como Guerra Fría: [sic]“Ca la guerra muy fuerte y muy caliente, aquella se acaba aína, o por muerte o por paz; mas la guerra tivia nin trae paz nin da onra al que la faze”.
Por todos es aceptado que el término “guerra fría” fue utilizado por primera vez en el ensayo “Tú y la bomba atómica” del escritor británico George Orwell publicado el 19 de octubre de 1945, en él se predecía un estado de “paz que no es paz” a la sombra del desarrollo de las armas nucleares, aunque este término ya era utilizado pocos años antes.
Tras la conferencia de Postdam finalizada el 2 de agosto de 1945 comenzaba la contemporánea Guerra Fría, aunque fuera en 1947 cuando el secretario de Estado George Marshall, en un mensaje radiofónico, indicó que Occidente había pasado el punto de no retorno en su política respecto a la Unión Soviética. Dos años antes, el 5 de septiembre de 1945 Igor Gouzenko, un empleado de cifra del GRU que trabajaba bajo cobertura diplomática en la embajada soviética de Ottawa (Canadá) ocultó en su cuerpo más de cien documentos e intentó desertar a Occidente. Tras unas rocambolescas situaciones, finalmente la policía le protegió. Era la prima deserción del mundo del espionaje entre los dos bloques, enfrascados ya en la Guerra Fría.
Finalizo reconociendo, desde aquí, que la utilización del concepto de Guerra Fría, implícitamente también el término, fue acuñado por el Infante don Juan Manuel en el siglo XIV, y los términos [sic] “guerra tivia” y “guerra caliente” fueron estampados, igualmente, por este Infante castellano en su obra El Libro de los Estados. JLM






