INTELIGENCIA ESPAÑOLA MODERNA

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La historia de España no puede entenderse plenamente sin conocer el papel que, a lo largo de los siglos, han desempeñado sus servicios de inteligencia y quienes trabajaron discretamente al servicio del Estado. Desde las primeras redes de información organizadas durante el reinado de Felipe II hasta el actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la inteligencia española ha evolucionado al ritmo de los cambios políticos, militares, tecnológicos y sociales de cada época. Esta sección pretende ofrecer un recorrido por esa evolución, analizando su origen, organización, protagonistas y los principales acontecimientos que han marcado el desarrollo de la inteligencia española. Un espacio para conocer mejor una actividad esencial para la seguridad nacional que, por su propia naturaleza, ha permanecido durante mucho tiempo alejada del conocimiento público.

EL SECED Y SUS DIRECTORES (tercera parte y final) (14 agosto 2026)

En los años decisivos de la Transición española, el SECED dejó de ser únicamente un servicio dedicado a combatir la subversión para convertirse en una pieza relevante en la transformación política del país. Bajo la dirección de Andrés Cassinello, el Servicio afrontó operaciones, reformas internas y nuevos desafíos de inteligencia en un escenario marcado por el terrorismo, la Guerra Fría y el nacimiento de la democracia. Esta tercera y última entrega de «El SECED y sus directores» recorre aquellos años cruciales, desde las operaciones Lucero, Alborada y Vendimia hasta la desaparición del SECED y la creación, en 1977, del CESID, abriendo una nueva etapa en la historia de la inteligencia española.


EL SECED Y SUS DIRECTORES (tercera parte y final) (14 agosto 2026)

En julio de 1975, bajo la dirección del SECED, se preparó la Operación Lucero, cuya finalidad era la de iniciar las medidas necesarias para mantener la paz en toda la nación, cuando ocurriese el desenlace esperado de la muerte de Franco. Cuatro meses después comenzó a prepararse una nueva operación a la que se nombró como Alborada, en la que se preveían los actos que había que desarrollar, para dar la bienvenida a la nueva monarquía con la jura de don Juan Carlos.

Tras la muerte del Jefe del Estado, el generalísimo Franco, el comandante Cassinello Pérez, en aquella época jefe de la División de Operaciones, expuso ante la cúpula del SECED la posición que el servicio debería adoptar en el tiempo venidero. En su alocución exponía cómo la Corona había pasado de un futuro incierto a una realidad presente. Dejaba claro que no podía separarse la política de la subversión, aun así pedía que el SECED adoptara el papel de neutralidad y eficacia: “de nada sirve un Servicio que solo sea capaz de dar una explicación perfecta del porqué de los fenómenos ya producidos. Si de este Servicio se espera algo es de su capacidad para prever cuáles son las áreas sensibles que van a determinar el próximo futuro; cuáles son las tensiones y cuáles las vulnerabilidades de nuestra sociedad, para que, utilizados estos datos por el gobernante, se pueda llegar a una sociedad más perfecta, más justa y más libremente aceptada, que constituya un obstáculo invulnerable frente al comunismo, el separatismo y la corrupción”.

En la España de aquella época, en plena Guerra Fría, la mayor amenaza para Occidente venía de manos del comunismo, ideología desarrollada, motivada y amparada por la URSS. Preveía Cassinello los retos a los que se enfrentaba aquella sociedad: tensiones políticas nunca vistas y acciones subversivas para las que no estábamos preparados, ni como servicio de inteligencia, ni como fuerzas de seguridad, ni como sociedad para poner freno a un terrorismo que se mantuvo durante medio siglo y cuyas secuelas seguimos sufriendo.

Para Cassinello iba a ser tiempo de prudencia de diálogo y de frialdad ante encontradas emociones. Una etapa de poner en práctica su doctrina de la “reversión” basada en la reafirmación y el relanzamiento de los principios en que se basa la sociedad, unos incipientes principios democráticos, el saneamiento de las instituciones heredadas y la destrucción de grupos e ideas que trataban de subvertir el camino hacia una sociedad plural y democrática. Nadie mejor que una persona que mostraba tal clarividencia en aquel momento, para ser nombrada Director del SECED, que propugnaba abiertamente el rigor en el proceso informativo, la imparcialidad en la exposición, la asepsia política en la motivación y el carácter técnico de las informaciones aportadas al decisor político. De esta manera se dimensionaba el Servicio.

El segundo gobierno de la monarquía, el presidido por Suárez, nombró como director del SECED al comandante de infantería Andrés Cassinello Pérez, sin duda influido por las reconocidas dotes intelectuales y capacidad de mando de las que disponía,  que daría continuidad a lo actuado hasta entonces y abriría nuevas iniciativas para hacer frente a las amenazas del momento. A partir de su nombramiento el 20 de julio de 1976, despacharía diariamente y a primera hora de la mañana, con el presidente del gobierno.

El nuevo director transformó el Servicio con nuevos aportes financieros y de personal. La parte contrasubversiva fue perdiendo importancia y ganando en peso la parte de confección de planes de información y programas de investigación en la obtención y la difusión para la toma de decisiones del presidente. Hay que partir de que en aquel momento no existían los partidos políticos como los conocemos, de hecho alguno de ellos como el comunista estaba prohibido, o el partido socialista estaba ilegalizado. Transformar el viejo régimen en una democracia de corte occidental era el mayor reto de la Corona. En palabras de Cassinello quedó lo que hasta nuestros días ha sido el punto moderador del SECED, el CESID y el actual CNI: “Detrás del rey, el presidente es la figura física en que se encarna ante nosotros ese Estado sobre el que centramos nuestra lealtad en su grado máximo”. Todo ello en unas condiciones políticas y de seguridad dificilísimas, con graves dificultades económicas y sociales aunque con una reconocida moderación de la sociedad y una encomiable acción de la Corona, pieza fundamental en la idea de la reforma futura.

Se rompió el vínculo militar del servicio, pasando a depender de Presidencia del Gobierno, se inició la Transición y la incipiente División Exterior fijó sus esfuerzos informativos en Gibraltar, Francia, Portugal y la parte central de Europa. El KGB y el GRU ya estaban estableciéndose en España a pesar de que aun no se disponía de relaciones diplomáticas oficiales, de ellos darían cuenta los agentes de la tercera sección del Alto Estado Mayor.

El SECED fue un instrumento eficaz al servicio del Estado cuyo objetivo principal fue el afianzamiento para la llegada de la democracia, de la mano de la Corona. Para ello se vio obligado a realizar cambios internos, comenzaron a preparar estudios para desarrollar un nuevo Servicio de Información de la Defensa, se consolidó la División Exterior que puso en marcha la “”Operación Gordon´s” cuya finalidad sería apoyar el primer contacto con la facción político-militar de ETA  en Ginebra (Suiza), encuentro que llevó a cabo el comandante Ángel Ugarte. Desapareció el sector Religioso-Intelectual, dedicándose a los nacionalismos periféricos emergentes.

El SECED intervino de forma activa manteniendo conversaciones con un número importante de políticos con la finalidad de que la Ley para la Reforma Política fuera aprobada en Cortes. Daba inicio la “Operación Vendimia”, se trataba de persuadir y motivar a aquellos procuradores que mantenían más influencia sobre los demás, para convencerlos y que dieran su voto a favor. Además se mantuvo la vigilancia sobre otros y se elaboraron dosieres para conocer quiénes eran, o no, contrarios a la reforma por llegar, o para saber sus pulsiones y conocimientos más íntimos que pudieran aprovecharse. Fruto de ello se inició una operación secreta mediante la cual se invitó a un crucero por el Caribe para alejar a los procuradores que pertenecía a lo que se conocía como “tercio sindical”  renuentes y contrarios a la reforma ,  de esta manera no estarían presentes el día de la votación. Se les invitó a un congreso en Panamá con todos los gastos pagados, el objetivo era apartarlos de la votación para la que no había fecha exacta, el incentivo para el viaje venía en forma de dietas sustanciosas y paisajes caribeños.

El SECED fue una pieza clave, indispensable y necesaria para traer la democracia a España, los políticos hicieron su papel los espías se infiltraron en ámbitos profesionales, sociales, económicos para recopilar información que puso a disposición del que hábilmente tomó la decisión, el presidente del Gobierno Adolfo Suárez. Las Cortes Franquistas se había hecho el harakiri, lo que en principio se había vendido como un gesto de generosidad no fue sino una operación de inteligencia del SECED. Muchísimas operaciones nacieron y fructificaron para fortalecer o defender a nuestra democracia, de las terribles amenazas que se cernieron.

En junio de 1977 impulsado por Cassinello, el SECED redactó un documento para la comisión de expertos en el que se desarrollaba el Servicio de Información de la Defensa, que a iniciativa del presidente del Gobierno se le denominó CESID (Centro Superior de Información de la Defensa); nacería como una estructura formada por el Departamento Exterior del SECED junto a la mayor parte de la rama de Exterior del Alto Estado Mayor y otros departamentos de ambos servicios. El 4 de julio de 1977 se aprobó por Real Decreto la creación del CESID, después de esto se abriría un amplio proceso de integración entre el Alto Estado Mayor y el SECED. El propio Suárez le propuso a Cassinello hacerse cargo del nuevo Servicio, que rechazó aduciendo que no deseaba que pudiera interpretarse como una prolongación del servicio anterior.

La integración de ambos servicios se llevó a cabo en el marco de la “Operación Amalgama”.  El SECED  se disolvió el 28 de octubre de 1977, cinco días después asumía las competencias el CESID, que dependería del Ministerio de Defensa. El 10 de noviembre cesó el último director del SECED Andrés Cassinello Pérez, que entregaría el mando al general Burgón. Se iniciaba un nuevo episodio en la historia de la inteligencia moderna en España.

          Raúl Melguizo

      Raúl Melguizo


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