
SECCIÓN DEDICADA A EXPLORAR OPERACIONES EN LA SOMBRA, ENGAÑOS Y TRAICIONES QUE POCAS VECES VEN LA LUZ EN SU TOTALIDAD.

LOS CINCO DE CAMBRIDGE (21 julio 2026)
Cinco jóvenes brillantes, formados en la prestigiosa Universidad de Cambridge, pasaron de ser la gran promesa de la élite británica a convertirse en la red de espionaje más dañina de la historia del Reino Unido. Durante décadas, trabajaron en el corazón del Estado mientras servían en secreto a la Unión Soviética, alterando el equilibrio estratégico de la Guerra Fría y demostrando que la mayor amenaza para un servicio de inteligencia puede encontrarse dentro de sus propias filas.

CUANDO EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO “Italia desmantela una presunta red de espionaje ruso infiltrada durante más de una década” (13 julio 2026).
En el mundo de la inteligencia existe un viejo principio que rara vez pierde vigencia: la amenaza más peligrosa no siempre procede del exterior, sino de quienes, desde dentro de una organización, deciden traicionar la confianza depositada en ellos. La Fiscalía de Roma ha destapado una presunta red de espionaje que habría estado suministrando durante años información clasificada a la inteligencia militar rusa.

KIM PHILBY CORRESPONSAL EN ESPAÑA (11 junio 2026)
Se sabía que la carrera tan brillante que Kim Philby había labrado durante toda una vida en el MI6 había llegado a su fin, también sabíamos que su evasión a Rusia no había sido lo suficientemente enriquecedora ni placentera. Mas bien se cernía la sospecha de que pudiera ser un triple agente.
Lo que conocíamos menos es que Philby había pasado parte de su carrera como agente de la inteligencia soviética en España …

MELITA STEDMAN NORWOOD: LA ESPÍA ROJA. (10 junio 2026)
«Durante más de cuatro décadas, una discreta secretaria británica transmitió secretos estratégicos a Moscú mientras el MI5 era incapaz de descubrirla.»
Melita Stedman Norwood fue una de las espías soviéticas más eficaces y longevas del siglo XX. Durante más de cuarenta años proporcionó información secreta a la Unión Soviética desde el corazón del sistema científico británico, convirtiéndose en una de las agentes más valiosas del espionaje soviético en Occidente.

KIM PHILBY. EL ESPÍA QUE TRAICIONÓ A OCCIDENTE DESDE EL CORAZÓN DE LA INTELIGENCIA BRITÁNICA. (07 junio 2026)
Probablemente nos encontramos ante uno de los agentes dobles más dañinos y sofisticados de toda la Guerra Fría. Su historia representa la infiltración perfecta: un hombre educado en la élite británica, miembro del servicio secreto del Reino Unido, admirado por sus colegas occidentales y, al mismo tiempo, agente clandestino de la inteligencia soviética durante décadas.

JUAN GÓMEZ DE LECUBE, FUTBOLISTA Y ESPÍA (05 junio 2026)
Juan Gómez de Lecube fue uno de los personajes más singulares y controvertidos del fútbol español del siglo XX. Su vida constituye una extraordinaria combinación de deporte, espionaje, Segunda Guerra Mundial y operaciones de inteligencia internacional…

LA ALCALDESA DE ARCADIA (CALIFORNIA) QUE TRABAJÓ PARA PEKIN (31 mayo 2026)
En los últimos días, hemos sido informados por distintos medios de comunicación, de un hecho relevante que muestra como las operaciones de inteligencia no siempre se desarrollan en las sombras: una exalcaldesa, ha reconocido haber trabajado para los intereses de Pekín. Este caso posee un enorme interés desde la perspectiva de la inteligencia, la influencia política y las operaciones encubiertas chinas en Occidente.

AGUSTÍN GÓMEZ PAGOLA, FUTBOLISTA Y ESPÍA
Agustín Gómez Pagola es uno de los casos más sorprendentes donde se mezclan fútbol, Guerra Fría, comunismo clandestino y espionaje soviético. Su historia parece casi una novela de inteligencia. Agustín Gómez Pagola nació en Rentería (Guipúzcoa) en 1922. Fue uno de los llamados: “Niños de Rusia ..

SERGEY CHERKASOV, EL “ILEGAL” QUE INTENTÓ INFILTRARSE EN LA CORTE PENAL INTERNACIONAL DE LA HAYA.
El 31 de marzo de 2022, un brasileño, Víctor Muller Ferreira, tomó un avión en el aeropuerto internacional de Sao Paulo, en Brasil, su destino Países Bajos…

ALEXANDER POTEYEB. El hombre que desmanteló la red de “ilegales”
En el verano de 2010, Estados Unidos desarticuló una de las redes de espionaje más sofisticadas desplegadas por Rusia en su territorio. El foco mediático recayó en Anna Chapman, pero el verdadero punto de inflexión no fue visible

ANNA CHAPMAN: El rostro moderno de los “ilegales” rusos
En junio de 2010, una operación silenciosa de contrainteligencia del FBI sacó a la luz una red de espionaje ruso en territorio estadounidense, que llevaba años operando bajo identidades falsas.

HUMAN AL-BALAWI El TRIPLE AGENTE QUE ENGAÑÓ A LA CIA
Al-Balawi, un médico jordano muy activo en redes sociales próximas a Al Qaeda, tras ser detenido por los servicios jordanos, le ofrecieron la oportunidad de infiltrarse en Al Qaeda para obtener información a cambio de grande sumas de dinero ….

“GARBO”. El hombre que engañó al Tercer Reich cambiando el rumbo del Día D
La historia de un doble agente, el español Joan Pujol, alias «Garbo» cuya aportación resultó definitiva para engañar a los nazis del lugar donde se produjo finalmente el desembarco de las tropas aliadas. SEGUIR LEYENDO

Espía y traidor: el triple agente Martín Vázquez de Acuña (1540-1585)
La historia del agente Martín Vázquez de Acuña en el siglo XVI, de ser un importante agente, arropado
por el poder, en especial por Antonio Pérez y servir como como negociador en cumbres secretas, pasó a ser detenido por alta traición, tras ser juzgado fue ejecutado.

El TOPO ALDRICH AMES
Aldrich Ames, el doble agente que más daño le causó a EE.UU. durante la Guerra Fría. Trabajó durante años para el KGB.

ROBERT HANSSEN, UN TOPO EN EL FBI.
El agente del FBI Robert Hanssen fue designado para descubrir un topo dentro del FBI. El, precisamente era el topo. Trabajaba para desde 1979. El Departamento de Justicia lo califico como uno de los peores desastres en inteligencia en los Estados Unidos. SEGUIR LEYENDO …
LOS CINCO DE CAMBRIDGE (21 julio 2026)

Cinco jóvenes brillantes, formados en la prestigiosa Universidad de Cambridge, pasaron de ser la gran promesa de la élite británica a convertirse en la red de espionaje más dañina de la historia del Reino Unido. Durante décadas, trabajaron en el corazón del Estado mientras servían en secreto a la Unión Soviética, alterando el equilibrio estratégico de la Guerra Fría y demostrando que la mayor amenaza para un servicio de inteligencia puede encontrarse dentro de sus propias filas.
Durante la Guerra Fría, la URSS reclutó, en el Trinity College de la Universidad de Cambridge a cinco jóvenes británicos, Anthony Bunt, Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess y John Cairncross, que lograron infiltrarse en el MI5 (Servicio de Contrainteligencia), MI6 (Servicio Secreto de Inteligencia), Foreing Office y Ministerio de la Guerra, desde donde pasaban información como “topos” al Servicio Secreto soviético NKVD (Comisaría del Pueblo para Asuntos Internos, antecesor del KGB). Personas formadas y cultas todos, amigos que posteriormente llegaron a alcanzar las más altas instituciones del Estado.
La operación de reclutar británicos elitistas en las universidades fue iniciada por la NKVD, porque hasta aproximadamente 1993, era habitual que para pertenecer a los Servicios de inteligencia británicos había que poseer una licenciatura de la Universidad de Oxford o la de Cambridge. Estas universidades eran vivero habitual de hombres que en el futuro llegarían a ocupar puestos muy relevantes en todos los ámbitos de la vida social y política del país, y por tanto con acceso a información relevante.
Jóvenes británicos comenzaron a abrazar el antifascismo y el comunismo en los años 30. Su motivación principal fue el aparente colapso del capitalismo, una gran crisis de empleo y sobre todo, el desproporcionado y peligroso auge del nacismo ante la pasividad de los países occidentales. Muchos jóvenes creyeron ver en la Unión Soviética la única vía o alternativa capaz de frenar el peligro que suponía Hitler y su movimiento. Los cinco de Cambridge formaban parte de esa corriente de pensamiento entre la juventud de la época.
Los ubicadores soviéticos señalaron a jóvenes universitarios con ciertos riesgos antifascistas, lo que llevó al Servicio soviético a la Universidad de Cambridge, en la década de 1930, donde un profesor comunista que era agente soviético había logrado captar a varios chicos que asistían a reuniones clandestinas de tinte político y social. Un grupo conocido como “los apóstoles”, en este grupo uno amigos destacaban sobre los demás y eran conocidos como “los cinco de Cambridge”, también como “el círculo de Cambridge”.
Kim Philby trabó amistad con Blunt y Burgess, su interés era proteger al mundo de la injusticia fascista, posteriormente entablaron relación con Maclean, todos ellos eran hijos de familias pudientes, finalmente se sumó al grupo Cairncross, procedente de una familia menos acomodada y que necesitaba las becas para seguir estudiando. Respecto a las vulnerabilidades del “círculo de Cambridge”, Blunt y Burgess eran homosexuales, Maclean bisexual y alcohólico, lo que hizo que todos ellos tuvieran una vida más complicada (para la época) que la de Philby, que en cuestiones de sexo era un mujeriego, además de un bebedor empedernido.
Anthony Blunt, nació en el seno de una familia anglicana de costumbres conservadoras, su padre era un vicario aristócrata. Ingresó en el MI5 y por tanto con acceso a información reservada del Contraespionaje. Antes de la II Guerra Mundial trabajó en la BBC y fue colaborador del primer ministro Chamberlain, lo que hizo que tuviera acceso a informaciones relacionadas con movimientos previos a la guerra. Ya durante el conflicto envió información sobre sistemas de cifra empleados para interceptar comunicaciones alemanas. Formó parte también del MI6, y transmitió valiosa información desde su nuevo destino. Era experto en arte y llegó a ocupar el cargo de conservador de la pintura real.
En 1965 fue descubierto por la Contrainteligencia inglesa y se le dejó en libertad a cambio de facilitar la información que conocía, en una especie de inmunidad otorgada por su servicio se le empleó como agente triple para pasar desinformación al KGB. Margaret Thatcher, en 1979, hizo pública su antigua condición de “topo” y traidor a su país; tras esto fue despojado de todos sus honores. Se le revocó su título de Sir y su nombramiento como Caballero comandante de la Orden Victoriana. Tras su descubrimiento como agente doble fue conocido como “el cuarto hombre”, de aquel quinteto de espías de Cambridge.
Guy Burgess fue muy activo como agente soviético, su procedencia de una familia de militares le infundía un respaldo de respetabilidad y patriotismo a vista de los demás. Era homosexual y utilizaba su tendencia y su modo de vida bohemio como cobertura para su actividad como espía, llevó a cabo misiones de obtención de información y recluta de miembros que operaban en la red de espías dobles al servicio de la URSS. Según el controlador de la NKVD, Yuri Ivanovich Modin, era el más intelectual del “círculo”, con una mente privilegiada.
Ingresó en el Foreing Offiece, de donde extraía documentos de interés que presentaba a su controlador para que este los fotografiara, volviéndolos a reponer en su lugar al día siguiente. Llegó a ocupar el puesto de asistente del ministro de Política Exterior Hector McNeil. Fue destinado a EE.UU. donde coincidió con Philby, éste ocupaba el puesto de enlace del MI6 con la CIA a través de la cual tuvo conocimiento de que Burgess podría ser un “topo”, le puso en sobre aviso y finalmente huyó desde Londres a Moscú antes de ser detenido. Había pasado a la inteligencia soviética más de 5000 documentos de interés sobre su país, sobre la OTAN y también sobre la ONU.
Donald Maclean ingresaría en el Ministerio de Asuntos Exteriores siendo destinado como diplomático a Francia, allí conoció la americana Melinda Marling con la que contrajo matrimonio aunque sus tendencias eran homosexuales. También fue destinado a la embajada de Washington donde participó en las reuniones previas a la creación de la OTAN y sobre política combinada de energía atómica, información confidencial a la que tendría acceso y enviaría al Servicio soviético.
Desde EE.UU., donde la tensión a la que era sometido por su función como “topo” había afectado a su débil personalidad, fue destinado a El Cairo lugar en que su vida disipada y sus continuas borracheras hicieron que le obligaran a regresar a Londres. Le aconsejaron que se pusiera en manos de algún psiquiatra si quería volver al Foreing Office. Así lo hizo y uno de los facultativos le recomendó que no escondiera su tendencia homosexual. De regreso al servicio activo y desde su puesto en la jefatura de asuntos americanos continuó actuando como agente doble hasta que fue descubierto por la CIA, que pasó comunicación al MI6 para que lo interrogaran. Avisado por Philby y ante el temor de ser detenido, con ayuda soviética huyó a Moscú; posteriormente se unió a él su esposa.
John Cairncross, el menos conocido de los cinco, pasó información sobre códigos de encriptación occidentales, había sido reclutado por su compañero de Universidad Guy Burgess para trabajar como agente soviético. Fue descubierto en 1951 por un desertor del KGB que reveló su condición de doble agente, desde entonces fue seguido, investigado e interrogado en numerosas ocasiones. Finalmente, y aunque no reconoció nunca haber sido un “topo” y pertenecer a “los cinco de Cambridge”, se exilió pasando por diferentes países como Estados Unidos, Italia, o Francia donde falleció en 1995. Conocido como “el quinto hombre” aunque él siempre lo negó.
El componente más emblemático “del Círculo” sin duda fue Kim Philby (sobre el que ya hemos dedicado un artículo en nuestra página). Conocido como “el tercer hombre” en referencia a que dos ya habían sido descubiertos, el lo negó. Cuando terminó sus estudios de económicas tomó un año sabático y se dedicó a viajar por el mundo. Entre otros países visitó Austria, donde en Viena se comprometió en la causa contra el fascismo llevando a cabo labores de ayuda a la huída de los perseguidos, paralelamente cumplía misiones asignadas por la NKVD. Contrajo matrimonio con Litzi, una judía comunista a la que ayudó a salir de Austria para evitar que la mataran los nazis. Philby de carácter licencioso, contrajo cuatro matrimonios y mantuvo relaciones con otras tantas mujeres. En el siguiente enlace se puede leer con más detenimiento sus actividades y vida: https://www.avesie.es/agentes-dobles-agentes-triples/#kim
La mayoría de las operaciones de infiltración en el bloque soviético por parte de Occidente resultaban infructuosas, en los años sesenta incluso en los setenta, porque tanto los topos americanos como los ingleses eran descubiertos con facilidad, aun antes de comenzar a trabajar, traicionados por “el Círculo de Cambridge” la red espía capitaneada por Philby, que nunca fue descubierto por la contrainteligencia británica. Otros espías dobles jamás fueron detectados; la NKVD y posteriormente el KGB tenían entre los captados un número que puede estimarse en más de 200 universitarios, altos funcionarios que llegaron a infiltrarse hasta en la misma Casa Real británica.
Con posterioridad fueron descubiertas las identidades de agentes dobles a través de las informaciones aportadas por el conocido como “Archivo Mitrojin”, documentos que el comandante ruso Vasili Mitrojin había estado recopilando durante muchos años y que puso a disposición del MI6 en 1992, cuando desertó de Rusia, a través de Letonia. En ellos, y en referencia a algunos de “los Cinco de Cambridge”, sus controladores soviéticos los consideraban como unos borrachos incapaces de guardar secretos.
Reflexión final: una enseñanza para la inteligencia
La historia de los Cinco de Cambridge recuerda una verdad permanente: la confianza es indispensable, pero nunca debe ser ciega. La formación, el prestigio social o la apariencia de lealtad no sustituyen a una adecuada cultura de seguridad, a la supervisión continua ni a la contrainteligencia.
Todo servicio de inteligencia debe asumir que el riesgo de infiltración nunca desaparece; únicamente puede reducirse mediante una rigurosa selección, una evaluación permanente de la fiabilidad de su personal y una cultura institucional en la que la lealtad se compruebe con hechos y no con credenciales. Porque, en inteligencia, el enemigo más peligroso no siempre está al otro lado de la frontera; a veces ocupa el despacho de al lado.
Fernán Santibáñez
CUANDO EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO “Italia desmantela una presunta red de espionaje ruso infiltrada durante más de una década” (13 julio 2026)

En el mundo de la inteligencia existe un viejo principio que rara vez pierde vigencia: la amenaza más peligrosa no siempre procede del exterior, sino de quienes, desde dentro de una organización, deciden traicionar la confianza depositada en ellos. La reciente operación llevada a cabo por las autoridades italianas constituye un ejemplo paradigmático de este tipo de amenazas. La Fiscalía de Roma ha destapado una presunta red de espionaje que habría estado suministrando durante años información clasificada a la inteligencia militar rusa. El caso ha desembocado en la detención de antiguos funcionarios italianos, la investigación de varios militares en activo y la expulsión de dos agregados militares rusos acreditados en la Embajada de Rusia en Roma.
Según la información difundida por la Fiscalía, la investigación se inició en mayo de 2025 tras detectar movimientos considerados anómalos entre antiguos miembros de los servicios de inteligencia italianos y personal diplomático ruso destinado en la capital italiana. Los investigadores del ROS (Raggruppamento Operativo Speciale) de los Carabinieri comenzaron un seguimiento discreto que incluyó vigilancias, grabaciones de conversaciones, obtención de imágenes y documentación de reuniones mantenidas en parques, cafeterías y otros lugares públicos. La operación permitió reconstruir un patrón de contactos que recordaba a los métodos tradicionales utilizados durante décadas por los servicios secretos soviéticos y, posteriormente, rusos.
Los principales investigados son dos antiguos funcionarios de inteligencia italianos: Gavino Raoul Piras y Vincenzo Di Pasquale. Ambos habían abandonado oficialmente los servicios de inteligencia hacían más de diez años. Sin embargo, la investigación sostiene que continuaban conservando contactos, conocimientos y acceso indirecto a información sensible. Según la acusación, desde al menos 2013 habrían facilitado información reservada a oficiales rusos a cambio de compensaciones económicas. La investigación también alcanza a cinco militares italianos en activo, pertenecientes a unidades relacionadas con sistemas informáticos y de defensa, cuya posible implicación continúa siendo objeto de investigación judicial.
Las autoridades italianas consideran que los agregados militares Iván Petrovich Gorbachov y Mijaíl Vasilievich Astakhov, destinados en la Embajada rusa en Roma, actuaban en realidad como oficiales de inteligencia bajo cobertura diplomática. Desde hace décadas, numerosos servicios de inteligencia acreditan a parte de sus oficiales como agregados militares, consejeros políticos o personal técnico de las embajadas. Esa condición les proporciona inmunidad diplomática, libertad de movimientos y la posibilidad de mantener contactos oficiales sin levantar sospechas. Cuando un Estado considera que un diplomático desarrolla actividades incompatibles con su misión, dispone de una herramienta prevista por la Convención de Viena: declararlo persona non grata y exigir su salida del país. Eso es exactamente lo que hizo Italia, concediendo a ambos agregados un plazo de tres días para abandonar su territorio. Moscú respondió anunciando medidas recíprocas, patrón habitual en este tipo de crisis diplomáticas.
Aunque parte de la documentación permanece clasificada, la investigación apunta a que los intereses rusos se centraban en información de alto valor estratégico. Entre los asuntos objeto de interés figuraban: capacidades militares italianas; sistemas tecnológicos de defensa; proyectos conjuntos de la OTAN; armamento suministrado a Ucrania; programas europeos de rearme; sistemas de defensa antiaérea como el SAMP/T y misiles Aster; e incluso la identidad de agentes italianos, cuya revelación podría comprometer operaciones y poner vidas en peligro. No se trataba, por tanto, de simples informes administrativos, sino de información directamente relacionada con la seguridad nacional italiana y con la defensa colectiva de la OTAN.
No debe sorprender que hayan sido utilizado métodos de inteligencia tradicionales. Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es comprobar que, pese al enorme desarrollo tecnológico, muchos procedimientos continúan siendo prácticamente idénticos a los utilizados durante la Guerra Fría. Según la documentación judicial: los encuentros se realizaban en parques y terrazas de cafeterías; los teléfonos móviles eran aislados para evitar escuchas; se utilizaban tarjetas de memoria para entregar información; el dinero se entregaba personalmente en sobres. Incluso algunas conversaciones interceptadas reflejan negociaciones sobre el precio de la información suministrada, recordando escenas propias de las novelas de John le Carré, aunque desarrolladas en pleno 2026.
Algunos detalles del modus operandi:
Se reunían en bancos de parques y terrazas de cafeterías. Para evitar escuchas, tomaban todo tipo de medidas sobre sus teléfonos móviles antes de mantener conversaciones sensibles. Utilizaban tarjetas de memoria (micro SD) para portar la información. En algunas ocasiones escondían el material en huecos previamente acordados en muros (buzones), una técnica tradicional del espionaje. Los pagos se realizaban en efectivo, normalmente en sobres con 4.000 euros. Las conversaciones de los protagonistas fueron convenientemente grabadas, en una de ellas, el ex-agente italiano Gavino Raoul Piras reclamaba al oficial ruso un aumento en la remuneración: «No me llega el dinero ni para un café… Antes al menos me invitabais a comer… sois unos muertos de hambre». Conversación que parece extraída de cualquier novela de espionaje, sin embargo plasma una realidad más que evidente para los servicios de inteligencia: el dinero sigue siendo uno de los motores para la captación de colaboradores. En el último encuentro grabado, el oficial ruso preguntó expresamente si podría haber otras personas dispuestas a colaborar con los rusos, la respuesta proporcionada por Piras fue más que preocupantes: “Claro, basta pagar”. El espionaje, por lo general no depende de una sola fuente, es conveniente construir una red, cimentada en nuevas captaciones.
Una vez más la importancia de la contrainteligencia ha sido vital, este caso pone de relieve una realidad frecuentemente olvidada. Cuando se habla de servicios de inteligencia suele pensarse en operaciones encubiertas en el extranjero, satélites o espionaje tecnológico. Sin embargo, una parte fundamental de su trabajo consiste en impedir que otros servicios extranjeros penetren las propias instituciones. Esa misión corresponde a la contrainteligencia, cuyo objetivo es detectar infiltraciones, identificar colaboradores enemigos, proteger la información clasificada y neutralizar las actividades de inteligencia hostiles. Paradójicamente, cuanto mejor funciona la contrainteligencia, menos noticias genera, porque las amenazas se neutralizan antes de que lleguen a producir daños irreparables.
La invasión rusa de Ucrania ha intensificado notablemente la actividad de los servicios de inteligencia europeos. Numerosos países han expulsado en los últimos años a diplomáticos rusos acusados de realizar actividades incompatibles con su estatus oficial. Alemania, Polonia, Países Bajos, República Checa, Noruega, Reino Unido o Francia han protagonizado episodios similares. Italia se suma ahora a esa larga lista. Ello demuestra que la guerra híbrida no se desarrolla únicamente en el campo de batalla. También se libra mediante operaciones de espionaje, influencia política, ciberataques, campañas de desinformación y captación de fuentes humanas. Se ha convertido la actividad de los rusos en una permanente amenaza para Europa.
El caso italiano ofrece varias enseñanzas de enorme interés: El espionaje humano (HUMINT) continúa siendo insustituible. Los antiguos funcionarios pueden seguir constituyendo objetivos prioritarios para servicios extranjeros. La cobertura diplomática sigue siendo una de las herramientas preferidas por la inteligencia estatal. La contrainteligencia requiere investigaciones prolongadas, discretas y técnicamente muy complejas. La protección de la información clasificada depende tanto de la tecnología como de la integridad de las personas que tienen acceso a ella.
Reflexión final
Las películas suelen presentar el espionaje como una sucesión de persecuciones, dispositivos futuristas y operaciones espectaculares. La realidad es mucho más silenciosa. Un café compartido en una terraza, una conversación aparentemente intrascendente, una memoria USB entregada discretamente o un sobre con dinero pueden resultar mucho más peligrosos que cualquier sofisticado dispositivo tecnológico. El caso italiano demuestra que la esencia del espionaje apenas ha cambiado desde los tiempos de la Guerra Fría: la información sigue siendo poder, y siempre habrá quien esté dispuesto a comprarla… y quien acepte venderla. Para los servicios de inteligencia, la lección permanece inalterable: la amenaza exterior puede ser visible; la interior, en cambio, suele ocultarse tras rostros conocidos, viejas lealtades y una confianza mal administrada..
Fernán Santibáñez
KIM PHILBY CORRESPONSAL EN ESPAÑA (11 junio 2026)

Se sabía que la carrera tan brillante que Kim Philby había labrado durante toda una vida en el MI6 había llegado a su fin, también sabíamos que su evasión a Rusia no había sido lo suficientemente enriquecedora ni placentera. Mas bien se cernía la sospecha de que pudiera ser un triple agente.
Lo que conocíamos menos es que Philby había pasado parte de su carrera como agente de la inteligencia soviética en España, el primero en aportar esta información a la inteligencia británica debió ser el general Krivitski, represaliado perseguido y finalmente asesinado por los hombres de Stalin en Nueva York, durante la gran purga.
Según el general Krivitsky, responsable del servicio secreto militar soviético en Europa, después de haber estallado la rebelión de Franco, conocía de primera mano que Stalin se había fijado en España y decidió intervenir en la guerra civil con la finalidad de que el triunfo de Franco no fuera posible. El general envió a dos de sus hombres para crear un servicio secreto de información en el territorio sublevado tras las líneas enemigas. Entre la inmensa cantidad de información obtenida se fijó en un hecho insólito para él: existía un misterioso espía soviético de origen inglés que había sido enviado como periodista a la guerra civil española con la misión de asesinar a Franco.
En la investigación judicial que se abrió para averiguar indicios y obtener pruebas sobre la deserción de Burgess y Maclean, en mayo de 1951, dos amigos íntimos de Kim e integrantes de “los cinco de Cambridge”, Philby que ya estaba en sus momentos más críticos fue llamado al cuartel general del servicio de contrainteligencia inglés, el MI5. El primer ministro Winston Churchill había aprobado personalmente la decisión de interrogarle, pues existían sospechas de que efectivamente Kim les había avisado de que iban a ser arrestados, esto se llevó a cabo en la quinta planta de Leconfield House. Allí lo esperaba Joseph Milmo, un abogado audaz que acusó a Philby de espiar para la Unión Soviética desde la década de 1930, de provocar la muerte de cientos de personas, y de facilitar la huida de Burgess u Maclean, algo que el acusado negó.
Milmo le preguntó sobre el espía soviético que había sido enviado a la guerra civil española con la misión de asesinar a Franco. Philby en un rápido esquivo le respondió que, si los soviéticos hubieran querido matar a Franco, habrían enviado a un asesino profesional, y no a un estudiante de Cambridge que jamás había tenido un arma en sus manos.
Años atrás en 1941, Philby había sido nombrado jefe de la Sección V del MI6, contrainteligencia, y en concreto de la sección ibérica cuya misión era la obtención de información sobre espías enemigos en España y Portugal. No le desagradó la idea pues Philby ya conocía España, donde el jefe de la Abwehr alemana manejaba a más de doscientos oficiales y unos mil quinientos agentes desplegados por todo el país, desde donde captaban y enviaban espías al Reino Unido.
Unos años antes Philby había trabajado en la Anglo-German Gazette hasta 1936 cuando los nazis dejaron de subvencionar el rotativo. Para esa época la Central de Moscú ya había dispuesto una misión para él. Había comenzado la guerra civil en España y era necesario espiar a los nacionales. Bajo la cobertura de periodista independiente, debía de enviar informes sobre los movimientos de las tropas rebeldes, el apoyo militar que recibían, las comunicaciones o el estado de la moral del ejército. Moscú le sufragó el viaje a España y le proporcionó una bolsa de viaje para que no tuviera problemas económicos.
En España Kim entabló relaciones con los responsables de prensa del general Franco y comenzó su producción de artículos para los periódicos británicos como reportero “freelance” siendo su periódico preferido el The Times, que con el tiempo lo nombraría corresponsal especial en España, dado que la información del bando de Franco no era fácil de obtener.
Al tiempo que Philby enviaba noticias al periódico más importante de Inglaterra, lo hacía también para sus jefes soviéticos sobre unidades militares, posiciones, organización, rendimiento de sus blindados e información militar en general. Su controlador en París era un letón llamado Ozolin-Haskins, cuyo nombre en clave era “Mademoiselle Dupont” y la dirección a la que enviaba la información se correspondía con la embajada soviética en aquella capital.
En España inició un romance con una ex actriz de la aristocracia diez años mayor que él y partidaria de Franco, llamada Francis Doble conocida como lady Lindsay-Hogg, de ideología monárquica de extrema derecha, totalmente opuesta a la de Philby, que le facilitó la entrada en el círculo más íntimo de Franco.
Desde Moscú estaban interesados en conocer los planes de seguridad de Franco y las posibilidades que Philby tenía de acercamiento al general para matarlo y de esta forma dar un golpe definitivo a la rebelión. El encargado de transmitirle la misión a Philby fue Theodore Maly, que sabía de la gran dificultad que ello suponía catalogándola como suicidio. Philby debió de aceptar a regañadientes, pues su voluntad de sacrificio y valor físico presentaban un nivel muy inferior al requerido, transmisión que se hizo a Moscú donde el periodista no vio, aun así, mermado su prestigio.
Su fama crecía, y en diciembre de 1937 estuvo a punto de morir en el frente de Teruel, cuando cubría una de las batallas de toma de la ciudad, a causa de la explosión de un proyectil republicano de fabricación soviética, Philby se encontraba en un vehículo junto a tres corresponsales de guerra, en un descanso se permitieron tomar un refrigerio de chocolates y brandy, cuando se produjo el impacto. Philby sufrió una herida leve en la cabeza y ganó el reconocimiento de valentía. Tras esto el mismo Franco le otorgó la medalla al mérito militar con distintivo rojo.

En 1939, finalizada la guerra civil española y Franco victorioso, Philby regresó a Londres recibido y aclamado por sus compañeros del periódico The Times, transcurrido un tiempo fue nuevamente enviado como corresponsal de prensa en compañía de otros quince junto a la Fuerza Expedicionaria Británica que desembarcó en Francia en la segunda guerra mundial.
Raúl Melguizo.

MELITA STEDMAN NORWOOD, LA ESPÍA ROJA. (10 junio 2026)

«Durante más de cuatro décadas, una discreta secretaria británica transmitió secretos estratégicos a Moscú mientras el MI5 era incapaz de descubrirla.»
Melita Stedman Norwood fue una de las espías soviéticas más eficaces y longevas del siglo XX. Durante más de cuarenta años proporcionó información secreta a la Unión Soviética desde el corazón del sistema científico británico, convirtiéndose en una de las agentes más valiosas del espionaje soviético en Occidente.
Nació el 25 de marzo de 1912 en Bournemouth, Inglaterra, en el seno de una familia con profundas convicciones socialistas. Su padre, de origen letón, simpatizaba abiertamente con la Revolución rusa y publicaba escritos relacionados con el socialismo y el movimiento obrero. Este ambiente familiar influyó decisivamente en la formación ideológica de Melita desde una edad temprana.
Tras cursar estudios durante un tiempo en la Universidad de Southampton, abandonó la vida académica para trasladarse a Londres en busca de trabajo. En 1932 comenzó a desempeñar funciones de secretaria en la Asociación Británica de Investigación de Metales No Ferrosos (British Non-Ferrous Metals Research Association), una organización dedicada a investigaciones científicas de interés estratégico para el Reino Unido.
Poco después se afilió al Partido Comunista de Gran Bretaña y entró en contacto con círculos políticos afines a la Unión Soviética. Gracias a estas relaciones fue reclutada por la NKVD, precursora de la KGB, convirtiéndose oficialmente en agente soviética en 1937. Los servicios secretos soviéticos le asignaron el nombre en clave de “Hola”.
Durante décadas suministró a Moscú una gran cantidad de documentación confidencial. Su aportación más relevante estuvo relacionada con el proyecto británico Tube Alloys, el programa de investigación nuclear desarrollado durante la Segunda Guerra Mundial que posteriormente colaboraría con el Proyecto Manhattan estadounidense. Desde su puesto administrativo tuvo acceso a informes científicos, estudios técnicos y documentación reservada que copiaba y entregaba a sus contactos soviéticos.
Aunque los historiadores discrepan sobre el alcance exacto de su contribución, existe un amplio consenso en que la información facilitada por Norwood resultó de gran utilidad para el programa nuclear soviético y contribuyó a reducir el tiempo necesario para que la URSS desarrollara su propia bomba atómica.
A diferencia de otros espías célebres de la Guerra Fría, Melita Norwood llevó una vida aparentemente anodina. Vivía modestamente en Bexleyheath, al sureste de Londres, y mantenía una imagen de respetable funcionaria alejada de cualquier sospecha. Su discreción fue tal que consiguió eludir durante décadas la acción de los servicios de contrainteligencia británicos.
Documentos desclasificados posteriormente revelaron que el MI5 llegó a considerarla una posible amenaza para la seguridad nacional en los años sesenta. Sin embargo, nunca fue detenida ni procesada, probablemente para evitar revelar fuentes, métodos de investigación o errores cometidos por los propios servicios de seguridad.
Su verdadera identidad permaneció oculta hasta 1999, cuando salió a la luz gracias a los llamados Archivos Mitrokhin, una extraordinaria colección de documentos secretos extraídos por el antiguo archivero de la KGB Vasili Mitrokhin tras la caída de la Unión Soviética. La revelación causó una enorme conmoción en el Reino Unido.
Cuando fue desenmascarada tenía ya 87 años. Lejos de mostrar arrepentimiento, reconoció sus actividades de espionaje y defendió públicamente sus acciones. Afirmó que nunca había trabajado por dinero, sino por convicción ideológica, convencida de que estaba contribuyendo a mantener un equilibrio estratégico entre Oriente y Occidente durante los años más tensos de la Guerra Fría. De hecho, rechazó importantes recompensas económicas ofrecidas por Moscú.
ENLACE EXTERNO A IMAGENES DE MELITA UNA VEZ DESCUBIERTA SU IDENTIDAD
Los propios archivos soviéticos la describían como una agente extraordinariamente fiable, disciplinada y comprometida. Para muchos especialistas fue una de las fuentes más productivas de la inteligencia soviética en el Reino Unido.
Melita Norwood falleció el 2 de junio de 2005, a los 93 años de edad, sin haber sido nunca juzgada por sus actividades de espionaje.
Su historia constituye uno de los episodios más sorprendentes de la Guerra Fría: una mujer aparentemente corriente, armada únicamente con sus convicciones ideológicas y su capacidad para pasar desapercibida, logró engañar durante décadas a los servicios de seguridad británicos mientras suministraba secretos de enorme valor estratégico a la Unión Soviética.
Su vida ha inspirado numerosos estudios históricos, documentales y obras de ficción, entre ellas la película Red Joan (2018), basada libremente en su trayectoria y en el extraordinario caso de la mujer que pasó a la historia como una de las más importantes espías soviéticas en suelo británico.
ALZINAR
KIM PHILBY. EL ESPÍA QUE TRAICIONÓ A OCCIDENTE DESDE EL CORAZÓN DE LA INTELIGENCIA BRITÁNICA (07 junio 2026)

Probablemente nos encontramos ante uno de los agentes dobles más dañinos y sofisticados de toda la Guerra Fría. Su historia representa la infiltración perfecta: un hombre educado en la élite británica, miembro del servicio secreto del Reino Unido, admirado por sus colegas occidentales y al mismo tiempo, agente clandestino de la inteligencia soviética durante décadas.
Su caso no solo supuso un desastre operativo para el Reino Unido y Estados Unidos, sino que transformó los procedimientos de contrainteligencia occidentales.
La década de 1930 estuvo marcada por el crecimiento del fascismo en Europa, la crisis económica mundial, la radicalización política en numerosas universidades y la admiración intelectual hacia el comunismo soviético en determinados círculos occidentales. En la Universidad de Cambridge surgió un núcleo de jóvenes brillantes y simpatizantes del marxismo que posteriormente serían reclutados por la inteligencia soviética. Ese grupo pasaría a la historia como «Los Cinco de Cambridge»: Kim Philby, Guy Burgess, Donald Maclean, Anthony Blunt y John Cairncross.
Kim Philby fue considerado el líder más destacado de aquel grupo de jóvenes británicos de clase alta que, tras su captación, lograron infiltrarse en las más altas estructuras del Gobierno y de los servicios de inteligencia del Reino Unido.
Su nombre completo era Harold Adrian Russell Philby. Nació en 1912 en la India británica. Su padre fue diplomático, historiador y gran conocedor del mundo árabe. Philby recibió una educación elitista que le permitió acceder desde muy joven a círculos de poder británicos. Durante su etapa en Cambridge experimentó una profunda radicalización política y se aproximó ideológicamente al comunismo.
El NKVD soviético (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) detectó en él una combinación excepcional de inteligencia, sangre fría, capacidad de manipulación, ambición y acceso potencial a los centros de decisión británicos. A ello se sumaba una firme simpatía hacia el régimen soviético, circunstancia que redoblaba su valor para Moscú.
Tras ser captado, sus controladores le ordenaron desvincularse públicamente de cualquier manifestación de simpatía comunista y adoptar la apariencia de un conservador convencional. De este modo facilitaría su integración en los círculos de influencia británicos mientras esperaba pacientemente el momento adecuado para actuar.
Kim Philby llegó a España en febrero de 1937 para cubrir la Guerra Civil como corresponsal del diario británico The Times. Se instaló en la zona nacional y su objetivo real consistía en ganarse la confianza tanto de las autoridades franquistas como de los servicios de inteligencia británicos. Para entonces ya colaboraba con el NKVD soviético.
Bajo la cobertura periodística logró establecer contactos con importantes mandos militares y responsables políticos. A finales de 1937, mientras viajaba cerca del frente de Teruel junto a otros periodistas, el vehículo en el que se desplazaban fue alcanzado por fuego de artillería republicano. Dos periodistas murieron en el acto y Philby resultó herido de carácter leve. Como consecuencia de aquel episodio recibió la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, condecoración que le fue impuesta personalmente por Francisco Franco.
Su posición como corresponsal de guerra le permitió recopilar información sobre las fuerzas sublevadas, aspectos logísticos y la participación de la Alemania nazi y la Italia fascista en el conflicto, datos que posteriormente llegarían a manos soviéticas. Permaneció en España hasta el final de la guerra, en 1939.
Algunas fuentes sostienen que entre las misiones que recibió de los soviéticos figuró la posibilidad de aproximarse a Franco con la finalidad de facilitar su asesinato, aunque no existen pruebas concluyentes de que dicha operación llegara a intentarse.
En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial ingresó en el MI6 y acabó especializándose precisamente en la lucha contra el espionaje soviético. La paradoja era extraordinaria: el hombre encargado de combatir a los agentes de Moscú era, en realidad, uno de ellos.
Durante años facilitó a la Unión Soviética nombres de agentes occidentales, operaciones clandestinas, planes de infiltración, estrategias de la CIA y del MI6, así como información sobre redes anticomunistas. Las consecuencias fueron devastadoras. Numerosos agentes fueron detenidos, neutralizados o ejecutados, mientras que diversas operaciones fracasaron incluso antes de ponerse en marcha. Gracias a las informaciones suministradas por Philby, la Unión Soviética obtuvo una extraordinaria ventaja estratégica y un conocimiento privilegiado de los planes occidentales.
Philby mantuvo además una estrecha relación con la CIA. Fue destinado a Washington como enlace entre la agencia estadounidense y el MI6, donde cultivó una amistad particularmente cercana con James Jesus Angleton, futuro jefe de contrainteligencia de la CIA.
Las primeras sospechas surgieron tras una sucesión de filtraciones, operaciones fallidas y la huida de Burgess y Maclean a Moscú en 1951. Philby quedó bajo sospecha, pero su prestigio profesional, sus contactos y su extraordinaria habilidad para el engaño lograron protegerlo durante algún tiempo. Fue sometido a varios interrogatorios en los que negó categóricamente cualquier implicación. En 1955, incluso, el ministro británico de Asuntos Exteriores lo exoneró públicamente ante el Parlamento.
No obstante, el MI6 decidió apartarlo discretamente. Philby se trasladó a Beirut como periodista, aunque continuó colaborando con la inteligencia soviética. Finalmente, en 1963, la aparición de nuevas pruebas lo dejó sin salida y decidió desertar a la Unión Soviética a bordo de un carguero soviético.
Instalado en Moscú, fue recibido como uno de los grandes héroes del espionaje soviético. Vivió allí hasta su fallecimiento en 1988. Recibió la ciudadanía soviética y varias de las más altas condecoraciones del régimen, entre ellas la Orden de Lenin.
Sin embargo, su vida en la URSS tuvo también un componente desdichado. Aunque seguía considerándose un comunista convencido, descubrió que la realidad del sistema soviético distaba mucho de la imagen idealizada que había construido durante años. Sufrió problemas de alcoholismo y episodios depresivos, mientras permanecía bajo la vigilancia permanente de los propios servicios de seguridad soviéticos que recelaban de él.
Muchos espías trabajan por dinero, ego, chantaje o venganza. Philby lo hizo principalmente por convicción ideológica, circunstancia que le proporcionó una resistencia y una determinación excepcionales.
Los daños provocados por su actividad tuvieron consecuencias históricas. Su caso obligó a redefinir los métodos de contrainteligencia occidentales, incrementó la desconfianza interna y endureció los sistemas de verificación y control de seguridad.
Muchos analistas consideran que disfrutaba intelectualmente del engaño y de la sensación de superioridad sobre quienes confiaban en él. Pocos personajes simbolizan mejor el espionaje clásico, la infiltración profunda y la guerra secreta de la Guerra Fría.
Philby no robaba documentos desde las sombras; él era la sombra dentro del sistema.
La historia de Kim Philby demuestra que las mayores amenazas para un servicio de inteligencia no siempre proceden del exterior. A veces se sientan en la misma mesa, conocen todos los protocolos, comparten la misma apariencia y hablan el mismo lenguaje institucional.
«La traición más peligrosa no es la que viene del enemigo visible, sino la del hombre en quien todos confían».
Fernán Santibáñez
JUAN GÓMEZ DE LECUBE, FUTBOLISTA Y ESPÍA (03 junio 2026)

Juan Gómez de Lecube fue uno de los personajes más singulares y controvertidos del fútbol español del siglo XX. Su vida constituye una curiosa combinación de deporte, espionaje, Segunda Guerra Mundial y operaciones de inteligencia internacional.
Aunque nació en Ribadeo (Lugo) en 1902, se crió en Bilbao. Fue primo hermano del lendakari vasco José Antonio Aguirre, con quien compartió parte de su infancia. Como futbolista destacó principalmente por su extraordinaria velocidad, lo que le valió el apodo de «La motocicleta humana». Militó en clubes importantes de la época, entre ellos el Atlético de Madrid, el Celta de Vigo y la Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega.
En el otoño de 1941 fue reclutado por la Abwehr, el servicio de inteligencia militar alemán, en la ciudad de Barcelona. El nombre en clave que le asignaron fue «Espina». A pesar de su reciente incorporación al servicio alemán, se le encomendó una misión de gran importancia estratégica: viajar a América, establecerse en la zona del Canal de Panamá, controlar los movimientos navales aliados e informar sobre el tráfico marítimo de interés para el esfuerzo bélico alemán.
Durante la guerra, el Canal de Panamá era considerado un enclave de importancia vital para el movimiento de las flotas entre el Atlántico y el Pacífico. Obtener información sobre este paso suponía una ventaja estratégica de enorme valor. Por ello, los servicios aliados llegaron a considerar a «Espina» como un agente potencialmente peligroso para la seguridad de sus operaciones.
Aunque no existe documentación oficial que explique los motivos exactos de su reclutamiento, la hipótesis más plausible es que despertara el interés alemán por diversas razones. Durante la Guerra Civil española se alineó claramente con el bando nacional y llegó a desempeñar funciones relacionadas con Falange y con tareas de vigilancia marítima en Canarias. Además, poseía experiencia internacional, cultura, disciplina y una excelente condición física. A ello se añadía una característica especialmente apreciada en el mundo de la inteligencia: un perfil discreto. Aunque era conocido en determinados ambientes deportivos, no era una figura excesivamente popular ni expuesta públicamente. Su facilidad para las relaciones sociales le permitía desenvolverse con naturalidad en distintos entornos.
Su descubrimiento como agente alemán se produjo gracias a que los británicos habían comenzado a interceptar y descifrar comunicaciones alemanas mediante el sistema Enigma, la famosa máquina de cifrado utilizada por el Tercer Reich, gracias al trabajo desarrollado en Bletchley Park. Esta circunstancia permitió detectar el desplazamiento de Lecube antes incluso de que alcanzara su destino.
Fue detenido en Trinidad en 1942 y trasladado posteriormente al Reino Unido. El MI5 lo consideró un prisionero especialmente difícil de manejar. Pasó por diversos centros de interrogatorio y detención, incluido el célebre Camp 020, situado en la mansión de Latchmere House, en Londres.
Según diversas fuentes, soportó largos interrogatorios, fuertes presiones psicológicas, amenazas, aislamiento e incluso posibles malos tratos. A pesar de ello, nunca reconoció trabajar para Alemania ni colaboró plenamente con sus interrogadores.
Tras el final de la guerra fue liberado y deportado a España en 1945. A partir de entonces abandonó cualquier actividad relacionada con el espionaje y regresó al mundo del fútbol, esta vez como entrenador. Dirigió equipos como el Lleida, el Sant Andreu y el L’Hospitalet.
Algunas investigaciones sostienen incluso que introdujo conceptos tácticos adelantados a su tiempo, relacionados con el juego posicional que décadas más tarde popularizarían entrenadores como Johan Cruyff.
El caso de Juan Gómez de Lecube resulta especialmente interesante porque reúne elementos muy poco habituales en una misma biografía: futbolista profesional, funcionario de Hacienda, agente de la inteligencia alemana, prisionero del MI5, superviviente de duros interrogatorios y, posteriormente, entrenador innovador.
Durante décadas su historia permaneció prácticamente olvidada. Sin embargo, ha resurgido en los últimos años gracias a diversas investigaciones históricas y a la publicación del libro Lecube, el futbolista de Hitler.
Se trata de uno de esos casos excepcionales en los que el mundo del deporte y el de la inteligencia se cruzan de una forma tan inesperada como fascinante.
Fernán Santibañez
LA ALCALDESA DE ARCADIA (CALIFORNIA) QUE TRABAJÓ PARA PEKIN (31 mayo 2026)

En los últimos días, hemos sido informados por distintos medios de comunicación, de un hecho relevante que muestra como las operaciones de inteligencia no siempre se desarrollan en las sombras: una exalcaldesa, ha reconocido haber trabajado para los intereses de Pekín. Este caso posee un enorme interés desde la perspectiva de la inteligencia, la influencia política y las operaciones encubiertas chinas en Occidente.
La protagonista es Eileen Wang, exalcaldesa de la ciudad de Arcadia (54.000 habitantes, noreste de Los Ángeles), quien el pasado viernes, 29 de mayo de 2026, se declaró culpable ante un tribunal federal de actuar ilegalmente como agente del Gobierno de la República Popular China.
Según la acusación federal, entre 2020 y 2022 trabajó bajo la dirección de funcionarios chinos difundiendo propaganda favorable a Pekín en Estados Unidos sin registrarse como agente extranjero, algo exigido por la legislación estadounidense. No se le acusa de espionaje clásico ni de robar secretos de Estado, lo que hizo fue participar en una operación de influencia: administró junto a su entonces novio, Yaoning ‘Mike’ Sun, una web denominada «U.S. News Center» (web cuya cobertura era ser fuente de noticias para la comunidad chino-estadounidense). En la mencionada web, publicó artículos redactados o aprobados por funcionarios chinos tendentes a narrativas favorables a Pekín. Entre los contenidos difundidos, figuraban artículos negando las acusaciones de represión contra los uigures en Xinjiang y otras posiciones oficiales del gobierno chino.
Las actividades ilegales reconocidas por Wang, ocurrieron antes de ser elegida para el Ayuntamiento de Arcadia en 2022. Posteriormente fue nombrada alcaldesa dentro del sistema rotatorio de la ciudad. Los fiscales federales han señalado que las actividades investigadas terminaron antes de ejercer el cargo. Sin embargo, el escándalo ha provocado una enorme crisis política “una persona que posteriormente alcanzó una alcaldía había trabajado previamente para los intereses de una potencia extranjera”.
Su compañero sentimental, colaborador político y tesorero de la campaña política de Wang, , Yaoning ‘Mike’ Sun, ya había sido condenado anteriormente. Sun se declaró culpable en 2025 por actuar como agente ilegal de China y actualmente cumple una condena de cuatro años de prisión federal. Además, Lo verdaderamente interesante desde el punto de vista de inteligencia es que este caso no es tan relevante en si por la propaganda publicada. Es importante porque muestra un método habitual de influencia china: Identificación de líderes comunitarios, creación de medios aparentemente independientes, difusión de narrativas favorables a Pekín, acceso progresivo a estructuras políticas y cimentación de redes de influencia a largo plazo.
Los servicios de contrainteligencia estadounidenses llevan años advirtiendo de que China presta especial atención a cargos locales, ayuntamientos, cámaras de comercio, universidades y asociaciones culturales, porque son objetivos menos protegidos que los altos cargos federales.
Desde el punto de vista de la inteligencia moderna, este caso se acerca más a una operación de influencia y penetración política que al espionaje tradicional de «agentes secretos robando documentos».
Fernán Santibañez



“GARBO”. El hombre que engañó al Tercer Reich cambiando el rumbo del Día D
En la historia de la inteligencia, pocos nombres alcanzan la dimensión operativa y estratégica de Juan Pujol García, conocido por los británicos como “Garbo”. Este español nacido en Barcelona el 14 de febrero de 1912 consiguió ser uno de los agentes más influyentes en el devenir de la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente no fue militar, ni funcionario de inteligencia, ni tan siquiera poseía formación alguna en la rama. La Guerra Civil española le marcó de forma notable generándole una gran aversión hacia el totalitarismo de la Unión Soviética y la Alemania nazi (comunismo y fascismo).
Juan Pujol estaba casado con Araceli González Carballo y tenía un hijo de corta edad cuando en 1940, decidió que debía prestar sus servicios y ayudar a Inglaterra, se presentó en la embajada de este país en Madrid, pero fue rechazado. Esto no desanimó a nuestro personaje y decidió cambiar de plan sin abandonar sus principios. Acudió a ofrecer sus servicios a los alemanes con el propósito de lograr infiltrarse y ayudar los aliados. A principios de 1941 se dirigió a la embajada de Alemania en Madrid ofreciéndose de la misma manera que lo había hecho con los británicos. Garbo convenció a los alemanes asegurando que era un funcionario español fanático del fascismo y que trabajaría para ellos desde Gran Bretaña. Fue citado en el café Lyon de Madrid por un individuo que se hacía llamar Federico, un miembro de la Abwehr (servicio de inteligencia alemán), desde el primer momento el funcionario se mostró predispuesto a su incorporación como agente, pero le pidió pruebas de sus habilidades antes de dar el visto bueno.
Pujol se trasladó a Lisboa en enero de 1941 para conseguir alguna información que convenciera plenamente a los alemanes. En Lisboa conoció a Jaime Souza en el hotel que se encontraba alojado. Souza era un hombre dedicado al mundo de los negocios y tenía un visado diplomático para viajar a México. Pujol se ganó la confianza del luso invitándole a clubs nocturnos, cabarets y casinos, a cambio de esas prebendas Souza le dejó fotografiar su visado. Recortó con mucho cuidado los sellos de la fotografía obtenida y contactó con un grabador de Lisboa, a partir de los sellos dispuso de las herramientas necesarias para crear falsos visados. Mostró los visados a Federico en la siguiente cita que tuvieron. El funcionario alemán convencido que Pujol disponía de visados para poder entrar en Inglaterra, le proporcionó dinero y claves secretas asignándole la misión de crear y organizar una red de espías en el país británico.
Había un problema, Pujol ni estaba en el país británico ni tenía opciones de entrar en el. Para ello se inventó una identidad, elaboró informes falsos desde Lisboa y simuló viajes, utilizando guías de turismo, medios de comunicación y fundamentalmente la lógica. Los informes ficticios versaban fundamentalmente sobre movimientos de barcos mercantes y consiguió convencer a los alemanes que aquellos datos eran muy valiosos. La información la obtuvo en los periódicos portugueses, en la biblioteca de Lisboa y en los noticieros del cine. Simuló realizar viajes por toda Gran Bretaña, enviando justificantes de sus gastos, cantidades de los billetes que obtenía de una guía de ferrocarriles inglesa.
Fue uno de estos mensajes sobre un convoy que había salido de Liverpool en dirección a Malta el que llamó la atención de los británicos. Descubrieron entonces que la supuesta fuente alemana era en realidad un espía español que se había ofrecido a trabajar con ellos tiempo atrás.
Los ingleses lejos de detenerle (estaba “desinformando” a los alemanes de forma muy útil) lo reclutó para el MI5 .Pujol, su esposa Araceli y su hijo fueron trasladados en secreto a Gibraltar por mar, desde allí se trasladaron en avión hasta Londres al tan ansiado puesto en la inteligencia británica. En la capital británica el nuevo agente, al que le pusieron de nombre en clave “Garbo”, prosiguió desinformando a los alemanes, y se inventó una red de agentes a los que podía culpar de sus desaciertos cuando los alemanes pudieran descubrir informaciones no veraces.
El clima de Londres no era en absoluto del agrado de su esposa. Ella permanecía prácticamente todo el tiempo en su casa para evitar fugas de información. Araceli llegó a amenazar a su marido con delatarle a la embajada española en Londres si no le permitía regresar a España con su hijo. Ante el peligro que suponía la esposa, el MI5 encarceló a Pujol, haciéndola comprometerse por escrito a guardar silencio si deseaba volver a ver a su marido.
La ficticia red creada por Pujol estaba compuesta por 27 personas y formada por marineros, políticos radicales, funcionarios y personal militar. Ninguno de ellos existía por supuesto, pero poseían biografías y comportamientos coherentes e informes creíbles. Para dar mayor credibilidad a la cobertura Pujol hizo que falleciera alguno de ellos. El culmen de su exitosa misión llegó en 1944, con anterioridad al desembarco de las tropas aliadas. Formó parte de la «Operación Fortitude», que consistió en engañar a los alemanes del lugar real del desembarco. Convenció a los alemanes que este se produciría en Paso de Calais y no en Normandía. Transmitió información veraz de forma parcial, detalles operativos muy creíbles y retrasos intencionados. Los resultados fueron excepcionales, los alemanes mantuvieron tropas en el Paso de Calais y no reforzaron Normandía con tiempo suficiente. El agente “Garbo” mediante el engañó, condicionó la estrategia militar de los nazis.
El arte del engaño funcionó por varios factores: La credibilidad que obtuvo por parte de los alemanes fue progresiva, poco a poco. No comenzó con grandes y relevantes informaciones. A veces envió información veraz “demasiado tarde”. Los agentes ficticios que componían su red, poseían personalidad propia, no eran carentes de problemas personales y cometían errores. Los informes que proporcionaban encajaban con una historia y momento específico.
Pujol, increíblemente recibió condecoraciones por los dos bandos contendientes. La Cruz de Hierro por parte alemana y Miembro de la Orden del Imperio Británico, un caso único sin duda.
Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, con la ayuda del MI5 Pujol viajó a Angola y fingió su muerte de malaria en 1949. Nadie supo que seguía vivo, ni siquiera los servicios secretos británicos. Había obtenido un gran capital en la guerra ya que fue muy bien pagado, en especial por los alemanes. Se trasladó a Venezuela, allí vivió en el anonimato estableciendo varios negocios. Durante décadas se le dio por muerto, ni tan siquiera su primera mujer (de la que se divorció) y los dos hijos que tuvo con ella sabían que aún vivía. En Venezuela tampoco la familia que tuvo (se casó y tuvo dos hijos y una hija) sabía quién había sido. A veces, comentaba, bromeando que había sido un espía. Sólo su esposa Carmen Cilia conocía su pasado. Pocos años antes de morir se conoció su historia. Falleció en Venezuela en 1988.
Marzo 2026 – Fernán Santibáñez

ROBERT HANSSEN, UN TOPO EN EL FBI.
Al principio de la década de 1980, en una jugada maestra, el KGB logró doblar a dos agentes en el mismo corazón de la contrainteligencia americana que en ocasiones ofrecían información de idéntica área o amenaza, lo que suponía que la contrastación de la misma por los soviéticos, les llevara a la certeza de lo que afirmaban en sus informaciones, o les ayudara a tomar una decisión adecuada; estos “doblados” fueron Hazen Ames de la Contrainteligencia de la CIA, del que hemos expuesto en esta web de AVESIE, y Robert Philip Hanssen de la Contrainteligencia del FBI.
En la Oficina Federal de Investigación (FBI) Hanssen, que tenía conocimientos del idioma ruso porque lo había estudiado en su juventud, comenzó como analista de inteligencia sobre la Unión Soviética y también desempeñó la misión de evaluar el potencial de agentes soviéticos que o bien se ofrecían a Occidente o bien habían sido captados para aportar información al FBI como “topos” en el interior del KGB o del GRU.
En 1979 Hanssen se postuló como agente doble al GRU para entregar información a cambio de una prestación económica. Su primer contacto lo tuvo a iniciativa propia, a través de una empresa comercial situada en Manhattan (Nueva York) utilizada como tapadera por el Servicio soviético, con la que acordó aportar información confidencial a condición de que nunca conocieran su nombre.
Durante los dos primeros años entregó informes sobre sistemas de seguimiento del FBI hacia agentes extranjeros, escuchas telefónicas, listados de espías soviéticos o infiltrados de la CIA o el FBI en Moscú. Una de las primeras informaciones que entregó al GRU fue la existencia del topo Top hat, que trabajaba para la CIA, sin conocer que se correspondía con la identidad del general soviético Dimitri Polyakov uno de los informadores, primero del FBI y posteriormente de la CIA, destinado en el Servicio de inteligencia militar soviético (GRU).
Hanssen trabajaría, a lo largo de su carrera, para tres Servicios: para el GRU cuando estuvo destinado en Nueva York, para el KGB y finalmente para el SVR cuando estuvo destinado en Washington. Durante los más de veinte años que perduró su actividad, entregó a los soviéticos miles de páginas de documentos clasificados como secretos, docenas de discos con estrategias previstas en una posible guerra nuclear, desarrollos armamentísticos, información sobre agentes dobles y el programa de contrainteligencia soviética de los EE.UU.
Enterada su esposa del doble juego que llevaba Hanssen ella, que era una piadosa mujer católica de misa diaria madre de seis hijos, le obligó a devolver las ganancias obtenidas a una institución de caridad, a confesarse con un cura y a comprometerse a no incidir de nuevo en traicionar a su país. Él aceptó las exigencias y dijo que había entregado 30.000 dólares, mucho menos del dinero recibido, a las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta; aportación que nunca pudo demostrarse.
Las vulnerabilidades de Hanssen era el gusto por el dinero y ciertas desviaciones, como grabarse cuando mantenía sexo con su esposa para que su único amigo pudiera disfrutar con las escenas de cama; también mantuvo una relación con una bailarina de striptease, Priscilla Sue Galley, con la finalidad de sacarla del mundo de la prostitución, para ello le compró un piso, un coche y le regaló dinero y joyas con la pretensión de que se convirtiera al catolicismo. Además, Hanssen era de naturaleza inestable, huraña, con baja autoestima y arrastraba frustraciones debido a las humillaciones constantes que desde siempre había recibido de su padre, agente de policía.
Tras aceptar las condiciones de su esposa Bonnie, aparentemente dejó de colaborar con los Servicios soviéticos durante dos años, a partir de los cuales, y desde su nuevo puesto en Washington en la Unidad de Análisis de la URSS volvió a ofrecerse al Servicio de inteligencia soviético, para ello dirigió una carta, firmada, bajo el nombre de Ramón García al coronel Victor Cherkashin jefe de contraespionaje de la embajada soviética que sería su futuro controlador. Fue aquí donde Hanssen reveló la construcción de un túnel bajo la embajada soviética, que había llevado a cabo el FBI, estos datos los había obtenido en su estancia anterior en Nueva York.
A los pocos días le envió un sobre a Cherkashin con documentación secreta, en ella figuraban los nombres del coronel Valery Martinov y el comandante Sergei Motorin ambos destinados en la embajada rusa y fuentes del FBI, por el que pidió 100.000 dólares. Analizada la información aportada dio muestras de ser completamente segura y clasificada como de primer orden, por lo que se le hizo un pago de 50.000 dólares en billetes usados de cien, que los soviéticos depositaron bajo un escenario de madera en un anfiteatro al aire libre, utilizado como “buzón muerto” en el parque Long Branch del condado de Fairfax. Una señal consistente en un trazo con tiza junto a la entrada del recinto indicaba que el citado buzón estaba cargado. En alguna ocasión los pagos también se realizaban en diamantes.
A partir de este momento y como medidas de seguridad, ya que el FBI estaba buscando a un “topo” en su propio Servicio, sus contactos con el KGB serían discontinuos y sus misivas las firmaría bajo el falso nombre de Ramón García. En 1986 volvió a contactar con el Servicio soviético al que diseñó cómo debían ser las conexiones futuras, estas se harían a través de anuncios en los periódicos dando un teléfono al que llamaría Hanssen para acordar la próxima entrega, para ello incluirían anuncios como “Dodge Diplomat, 1971, necesita reparación, 1000 dólares” y un número de teléfono al que llamaría identificándose como Ramón.
Hanssen evitaba por todos los medios mantener una comunicación física con su controlador, para ello una vez establecido el contacto fijaba fechas de suministro o de recogida, también mediante una codificación sumaba un número acordado a la fecha prevista, de tal manera que, si se preveía para el día 5 de febrero a las 8 horas, en realidad le sumaba 6 dígitos a todos los datos y la fecha real sería la del 11 de agosto a las 14 horas. Igualmente él fijaba los lugares donde se ubicaban los “buzones muertos” que cargaba o descargaba según depositara información o recogiera dinero.
La Contrainteligencia del FBI sabía que dos de sus topos, conocidos de manera informal como M. y M. que en realidad eran Martinov y Motorin, habían sido llamados a Moscú, en 1986, detenidos y ajusticiados mediante un disparo indigno en la nuca, método utilizado por el KGB para ajusticiar traidores; un tercero, Boris Yuzin, también había sido deportado a Siberia. Dos años después aun se desconocía qué estaba ocurriendo, quizá podría existir un agente doble dentro del FBI trabajando para los soviéticos. Esto hizo que, para descubrir traiciones internas, se le encarga a Hanssen iniciar un estudio sobre todas las infiltraciones malogradas y otras que no se hubieran podido llevar a cabo porque existieran dudas de ser detectadas por los soviéticos. Al tiempo que investigaba, Hanssen seguía trabajando como agente doble para el KGB y procuraba desviar la atención sobre los casos concretos o no profundizaba en las cuestiones planteadas.
En 1991 tras la caída del muro de Berlín voluntariamente Ramón García, Hanssen, volvió a desconectar en previsión de que pudiera verse afectada su seguridad por la huída de agentes hacia Occidente. Permaneció durmiente durante ocho años en los que estuvo recopilando información en previsión de volver a contactar con los rusos y venderla. Inició una tercera colaboración, ya con el SVR, Servicio que sustituyó al KGB en el exterior tras la desaparición de la URSS.
En 1990 su cuñado Mark Wauk, también agente del FBI, sospechó de él por unas conversaciones familiares referentes a la gran cantidad de dinero que manejaba y lo denunció al Servicio, aunque no pudieron hallar ninguna anormalidad ya que coincidió con un tiempo de silencio en la transmisión de información por parte de Hanssen, todo ello unido a la detención del Espía doble Ames de la CIA, hecho que le favoreció personalmente ya que facilitó que las sospechas se desviaran hacia este último atribuyéndole las filtraciones que habían llegado a los rusos y eran conocidas.
El FBI sospechó de Hanssen porque en algunas investigaciones en las que él participaba las pesquisas parecían no llegar nunca al fondo del asunto, y fundamentalmente porque un doble agente desde Moscú les informó de las exigentes medidas de seguridad y los tiempos que había dejado de colaborar un “topo” situado por el KGB en el FBI del que desconocían su identidad real. Esto hizo que en una investigación más exhaustiva sobre agentes que por su forma de vida no fueran sospechosos, se incluyera a Robert Hanssen. En el 2000 el FBI recibió una información de un ex agente del KGB que se había pasado a Occidente, era una fuente anónima a la que llamaron “Vengador” y ofreció pruebas sobre Ramón García por las que solicitó siete millones de dólares, entre ellas una cinta grabada con una conversación que había mantenido con su controlador y una bolsa de basura utilizada para albergar los documentos que el topo depositaba en los buzones muertos. En ellas los investigadores pudieron comprobar la voz del traidor y revelar las huellas dactilares que se conservaban latentes en la bolsa de plástico. Ambas se correspondían con Robert Hanssen.
A partir de este momento el FBI, con la finalidad de obtener pruebas válidas que pudieran presentar en juicio, estableció un sistema de vigilancia mediante el control general de sus actividades y control remoto a través de escuchas telefónicas y ambientales en su vivienda. Cuatro meses después, el 18 de febrero de 2001, Robert salió de su domicilio en Vienna, un pequeño pueblo del condado de Fairfax en el Estado de Virginia; un suburbio de Washington tranquilo de casas bajas donde todos los vecinos se conocen, mantienen sus tradiciones y como era el caso de la familia Hanssen asisten puntualmente a misa todos los domingos. Condiciones externas en las que la vigilancia establecida por el FBI podía ser detectada si no se hacía con seguridad.
El agente de observación comunicó a los operativos que el objetivo tras salir de su domicilio portaba un paquete sospechoso, el equipo operativo le siguió y comprobó que llevaba a cabo unas tímidas medidas de detección, tras asegurarse de que no estaba vigilado tomó su coche Ford Taurus y realizó itinerarios que le permitieran captar una vigilancia móvil, al comprobar que no era seguido inició un itinerario de decepción para confirmar que no iba nadie detrás de él. Confiado llegó al parque Foxston, no muy lejos de su domicilio y depositó bajo un puente de madera el paquete envuelto en una bolsa de basura. De regreso a su coche fue detenido por sus compañeros. En ese momento expresó: “hasta aquí hemos llegado”. Momentos después a los agentes les negó que actuara por motivos ideológicos y estar lejos de creer en la causa comunista ya que era antisoviético, y confirmó que había actuado llevado por la codicia y otras causas personales. Pocos meses antes, mediante una nota escrita le había comunicado a los rusos que las leyes contra el espionaje habían cambiado, y podría ser condenado a muerte si lo descubrían.

Puente bajo el que depositó el último paquete con información para el SVR. Fuente: Connor Spy Alliance
Considerado como uno de los mejores agentes del contraespionaje, con veinticinco años de servicio, fue acusado y condenado por el juez federal Claude Hilton, en Alexandria (Virginia), rebajándole la pena a cadena perpetua por colaborar con la justicia aunque su delito llevaba aparejada la pena de muerte por quince cargos de espionaje y traición y por entregar secretos a la URSS y a Rusia. Había desenmascarado a varios agentes del KGB que habían sido doblados y trabajaban para el FBI desde sus puestos en la embajada soviética de Washington, entre ellos Boris Yuzin, Valery Martinov y Sergei Motorin, algunos de ellos ejecutados. También desenmascaró al general Dimitri Polyakov, agente del GRU, en 1980, aunque no pudo desvelar su nombre hecho que sí lo haría el agente de la CIA Ames en 1986.
Por la información que Hanssen pasó a la Unión Soviética y posteriormente a Rusia recibió una contraprestación económica de un millón y medio de dólares, aproximadamente, en efectivo además de un número indeterminado de diamantes y la promesa de que le ingresarían otro tanto de dinero en una cuenta en Moscú. Según un informe del FBI, fue el topo más dañino de la historia de este Servicio. El 5 de junio de 2023, Hanssen de 79 años de edad, fue encontrado sin señales de vida en el Centro Penitenciario y Administrativo de Máxima Seguridad en Florence, Colorado, poco antes de las 7 de la mañana donde estaba cumpliendo su cadena perpetua.
Marzo 2026 – Raúl Melguizo



El TOPO ALDRICH AMES
Aldrich Hazem Ames, también conocido como Rik Ames, era el jefe de la Oficina de Contrainteligencia Soviética, en la división SE (Soviet-last European) de la CIA, con sede en Langley (Virginia). Anteriormente había llevado a cabo misiones como agente en Ankara, Washington, Nueva York y Roma. Una de sus funciones, en su última etapa de servicio, se concretaba en reclutar oficiales de inteligencia procedentes de la Unión Soviética.
Su lealtad estaba probada ya que era hijo de un miembro de la Agencia, circunstancia que avalaba su compromiso con el Servicio. La CIA comenzó a recibir reveses a partir de 1985, consumados en detenciones, muertes y desapariciones de sus “topos” y agentes ubicados en Moscú, Berlín, Bonn y otras partes del mundo. Entre treinta y treinta y cinco fueron los que, como consecuencia de las informaciones de un infiltrado en la CIA, que finalmente resultaría Ames, sucumbieron frente al KGB. Cinco o seis de los detenidos eran supervisados por el aparato central de la inteligencia norteamericana.
El director de la CIA, William Webster que conocía muy de cerca al espionaje soviético, no en vano había estado destinado en Berlín en la década de los años cincuenta, y al parecer también ocupó el cargo de jefe de sección de la agencia norteamericana en Moscú, aterrado por los reveses infligidos a sus informantes, algunos de ellos ejecutados, creó un equipo al mando de Gardner A. Hathaway, jefe de contraespionaje que después de haberse retirado del Servicio continuó investigando para detectar al “topo”. Este equipo, secreto incluso en el interior de la CIA, conocido como Fuerza Especial de Tareas, estaba integrado por un reducido número de agentes que en su mayoría se encontraban ya jubilados para no atentar contra la seguridad en la operación de caza del “topo”, dado que se corría el peligro de haber seleccionado al propio informador si el equipo se hubiera conformado con personal en activo.
Desde 1985, Aldrich Ames, trabajaba para el KGB y continuó después de la caída del telón de acero informando para el nuevo Servicio Ruso de Inteligencia Exterior (SVR) hasta 1991. La motivación de Ames para convertirse en “topo” de los soviéticos y posteriormente de los rusos fue la codicia. Con un sueldo de unos 70.000 dólares al año no tenía suficiente y vio una posibilidad de obtener más beneficios económicos si vendía información. De naturaleza alcohólica, dominado por sentimientos de inferioridad y frustración, y algo torpe, prueba de ello es que en algunas ocasiones había extraviado documentación, en una de ellas olvidó en el metro de Washington un maletín con información secreta sobre agentes infiltrados.
Pensaba que su esposa María del Rosario Casas, de origen colombiano, podría abandonarlo si no le daba los caprichos a los que ella optara. Es por esto que ante la dicotomía de atracar un banco o vender información, ejecutó la segunda opción. Con las ganancias obtenidas el matrimonio adquirió una casa en Arlington, Virginia, por un valor superior a los 500.000$. Muebles caros, dos coches Jaguar y un Honda, ropas de marca y visitas a restaurantes de lujo, e inversiones en bolsa; un poder adquisitivo que ellos justificaban como herencias recibidas tras la muerte del padre de Rosario. Ames se presentó el 16 de abril de 1985 en la sede diplomática de la URSS en Washington para ofrecer sus servicios, antes había llamado por teléfono a Sergéi Chuvajin especialista en control armamentístico. Tras los correspondientes controles de seguridad de los soviéticos, para evitar una posible maniobra de intoxicación o decepción de la contrainteligencia americana, fue aceptado como fuente y a partir de entonces desveló sistemas de comunicación de los Servicios secretos americanos, técnicas y funcionamiento de la contrainteligencia lo que facilitó la infiltración de agentes del KGB y el GRU en las filas americanas. También aportó informes sobre operaciones en marcha de obtención de información en la URSS, sistemas de satélites, listados de personal del Servicio, y nombres de los topos que la CIA tenía infiltrados en el KGB o el GRU así como agentes doblados trabajando desde Estados Unidos. Igualmente informó sobre un topo situado en un alto nivel del KGB que trabajaba para el MI6 y estaba aportando informaciones muy importantes para la CIA, y al que este Servicio le había bautizado con el alias de Tickl.
El primer intento de contacto fue a iniciativa de Ames, para lo cual se personó en la embajada soviética, donde fue atendido sólo por el conserje de la entrada, y allí depositó un paquete dirigido al rezident con documentación y una pequeña nota que decía: “Soy H. Aldrich Ames y mi puesto es el de jefe del departamento de contraespionaje soviético de la CIA. Trabajé en Nueva York, donde utilizaba el alias Andy Robinson. Necesito 50.000 dólares, y a cambio del dinero aquí tienen información sobre tres agentes que estamos supervisando ahora mismo en la Unión Soviética”. En realidad estos agentes habían sido preparados por el KGB para infiltrarse en la CIA, hecho que llevaron a cabo. Aldrich sabía que no eran verdaderos traidores y ofreció los nombres con el fin de que los soviéticos pudieran apreciar su buena predisposición a colaborar, con el tiempo Ames confirmaría que la CIA sospechaba que éstos eran “agentes dobles”. Las informaciones entregadas posteriormente ya serían más indolentes. Dos meses después del primer contacto Ames entregó información sobre más de 25 colaboradores de Occidente infiltrados en el KGB y el GRU. Sabía que estaba condenando a muerte a todos los agentes de los que aportó información, y también era consciente de que esta acción reforzaría su seguridad personal evitando, en lo posible, ser delatado por alguno de ellos que llegara a tener conocimiento de que Ames hacía un doble juego. Durante el primer año de traición fue dirigido por el “rezident” del KGB de la embajada soviética en Washington, Stanislav Androsov, y el agente de relación Sergei Dimitrievich Chuvajin, posteriormente el residente sería reemplazado por Ivan Semionovich Gromakov. Para el intercambio de información se utilizaron una serie de buzones de correos situados en el itinerario lógico que Ames debía de recorrer hacia su casa, en ellos se marcaban unas señales convenidas para mantener los contactos posteriores e intercambiar la información, o para evidenciar que un “buzón muerto” estaba cargado; las señales se basaban en signos escritos con tiza a los que un observador ajeno no les daría importancia por carecer de significado, al tratarse de rallas insignificantes. Buzón en el que Ames señalaba la necesidad de contactar con el KGB mediante un trazo con tiza sobre el logotipo del servicio postal. Las misiones se le asignaban a través del residente y de Chuvajin.
En su primera cita del 15 de mayo, un mes después de su primer contacto, en la embajada soviética, se fijaron sus condiciones económicas y de seguridad, y como contraprestación Ames recibió dos días después, el 17 de mayo de manos de Chuvajin, los 50.000 dólares que había solicitado; 9.000 de los cuales ingresó en su cuenta corriente y para no levantar suspicacias le dijo a su mujer que era la devolución de un préstamo que había dado con anterioridad a un viejo amigo.
Un año después de comenzar su labor para los soviéticos, en 1986, los agentes dobles Valery Martinov y Sergei Motorin, que trabajaban para el FBI, fueron llamados a Moscú por sus superiores, detenidos allí, sometidos a interrogatorio y tras el juicio condenados a muerte y ejecutados. Ames no solamente desveló la identidad de agentes al servicio de EE.UU. o Gran Bretaña, sino que manipuló informes destinados a la Casa Blanca con desinformación que interesaba al Kremlin, o remitió escritos, a sus manipuladores, sobre la posición que Estados Unidos mantendría en las discusiones acerca de los tratados de limitación de armamento estratégico. A lo largo de su quehacer diario en la contrainteligencia Ames llegó a manipular funcionarios soviéticos, como fue el caso del especialista en armas nucleares Sergei Fedorenko destinado como representante de su país en la sede de la ONU.
Poco después informaba a su controlador que Fedorenko era colaborador del contraespionaje americano. Las informaciones aportadas al KGB costaron la vida, al menos, a una decena de agentes dobles soviéticos que fueron ajusticiados en Rusia, otras fuentes estiman que pudieron llegar a veinticinco, y un informe secreto de la CIA estimaba que más de 34 agentes secretos americanos y de países aliados fueron puestos al descubierto ante el KGB y condenados a penas muy duras. Fruto de lo aportado por Ames, más de cien operaciones de espionaje se vieron afectadas, lo que ocasionó un colapso en las misiones antisoviéticas en la CIA.
Entre los “espías dobles” soviéticos más relevantes, que operaban para Occidente y que fueron desactivados tras la información aportada por Ames, se encuentran Oleg Gordievsky, que sufrió una detención en Rusia y un posterior intento de asesinato por envenenamiento, años después en Reino Unido, del que se ha hecho mención más arriba, y también el general Dimitri Polyakov, el militar de mayor graduación que había traicionado a su país siendo agente del Servicio de Inteligencia Militar (GRU), condenado y ejecutado en 1988.
Por sus servicios y las informaciones aportadas Ames recibió la suma de unos cuatro millones y medio de dólares, de los cuales algo más de dos fueron depositados en un banco en un país desconocido hasta ahora, probablemente en Rusia. El intercambio de información sensible se llevaba a cabo por contactos directos en Nueva York, Washington, Bogotá, Viena y Caracas, donde también Ames recibía en contraprestación cuantiosas cantidades de dinero. Su oficial de relación en Roma, cuando fue destinado a la embajada americana, fue un tal Vladi, agente del KGB al que había conocido en Colombia en diciembre de 1985, con el que contactaría durante el tiempo que transcurrió su destino y le aportaría directamente y en papel una gran cantidad de informes; para estas reuniones utilizaban las dependencias del KGB en su embajada romana.
Tras su regreso de Roma y durante los años 1990 a 1993 los contactos directos que mantuvo Ames con sus controladores se llevaron a cabo fuera de los Estados Unidos, en Viena, Bogotá y Caracas, con su manipulador conocido como Vladi y con un segundo supervisor conocido como André. Las informaciones aportadas en Washington lo fueron a través de “buzones muertos” como medida de seguridad. El hecho de que varios agentes dobles fueran detenidos en Moscú casi a un tiempo, seis infiltrados en el KGB, tres en el GRU, y uno en Defensa, produjo la desactivación repentina del flujo de información; esta anomalía hizo sospechar a la CIA de que un “topo” en su propio Servicio había traicionado a sus agentes soviéticos. Las primeras investigaciones sobre estas desapariciones pasaban por el despacho de contrainteligencia de Ames, lo que facilitaba que este controlara y desviara las pesquisas a su antojo para no ser detectado.
Las averiguaciones iniciadas por Hathaway y su equipo obtuvieron escasos resultados. Hasta tal punto que en mayo de 1990 el jefe de contrainteligencia en compañía del jefe de la oficina de la CIA en Berlín, mantuvieron entrevistas con el que había sido antiguo jefe del HVA, el Servicio de inteligencia en Alemania Oriental, Markus Wolf, sin ningún empacho de ponerse en manos del que hasta poco antes de la caída del Muro había sido su enemigo, con tal de obtener información sobre el “topo” que tanto dañado infligía al Servicio norteamericano, datos que no obtuvieron porque Wolf en ese momento no conocía la identidad de Aldrich Ames. Dos mujeres del equipo en la CIA habían detectado anomalías cuando investigaban la desaparición de ocho colaboradores soviéticos en Rusia, con la seguridad aunque sin las pruebas, de que el traidor estaba cerca. Finalmente a mediados de 1991, las investigaciones fueron compartidas con el FBI con el que crearon un equipo conjunto de investigación, denominado Unidad de Investigaciones Especiales (SIU por sus siglas en inglés) con sede en la CIA, para analizar las pérdidas de sus activos frente a los soviéticos. El equipo estaba compuesto por dos oficiales de contrainteligencia de la CIA y un agente especial y un analista del FBI, equipo que no fue todo lo ágil que debiera haber sido, fruto de errores e imprecisiones en ambos Servicios durante el desarrollo de la investigación.
Como resultado aparecieron cuarenta empleados de la CIA que tenían conocimientos sobre los dobles agentes neutralizados por el KGB y el GRU; entre ellos, y sobre el que se dirigían todos los indicios incriminatorios, se encontraba Aldrich Ames como principal sospechoso por su alto nivel de vida y sus ostentaciones. El FBI instaló micrófonos en los vehículos y en su domicilio, e interceptó las comunicaciones telefónicas e informáticas, llevó a cabo registros domiciliarios, y le montó una vigilancia permanente. Esto permitió conocer los buzones, las señales y los contactos, además de encontrar pruebas incriminatorias directas consistentes en una anotación de puño y letra de Aldrich Ames que una vez rasgada la había arrojado a su cubo de basura junto a otros residuos, también encontraron cintas de máquinas de escribir y de impresoras que contenían información que había pasado al KGB. Con las pruebas obtenidas procedieron a la detención de Ames y de su esposa el 22 de febrero de 1994, acusados de vender información clasificada a los espías rusos, así como desvelar movimientos de personal y datos de funcionarios de la CIA.
Este Servicio quedó prácticamente paralizado durante mucho tiempo, por la conmoción y el desaliento moral de sus agentes. Su detención supuso una catarsis para el sistema de inteligencia americano, y una psicosis colectiva de estar penetrados por “topos” no solo en la Inteligencia sino también en el Ejército, en el Departamento de Energía, o en la Oficina Federal de Investigación (FBI), y en general en el Estado. El daño causado fue inmenso, además de los diez ejecutados y varias docenas de personas condenadas en Rusia a penas muy fuertes, la credibilidad del Servicio de inteligencia de EE.UU. fue cuestionada por el resto de los Servicios en el mundo. Sin duda ha sido el traidor que más daño ha provocado a Estados Unidos, en toda la historia del espionaje. También fue el “topo” mejor pagado por soviéticos y rusos. No cabe duda de que Aldrich Ames fue literalmente “vendido” por el KGB dado que basándose en las informaciones que aportaba, el KGB o el GRU iniciaban una inmediata persecución de los dobles agentes soviéticos identificados, asesinándolos si estaban en Moscú u ordenándoles que regresaran, si es que estaban destinados en el exterior, para ejecutarlos la mayor de las veces.
Con desprecio a la seguridad de su fuente, los rusos actuaban de inmediato contra sus agentes doblados, cuando lo ortodoxo obliga a que si un Servicio de inteligencia tiene noticias de la existencia de un agente doble en sus filas, lo normal es que se le intente triplicar, para desinformar al enemigo, o al menos no se actúe inmediatamente sobre el mismo para no dejar en evidencia a la fuente que dio la información de ese topo. Los mismos supervisores de Ames en sus últimas entrevistas reconocieron el peligro en el que le habían puesto, al actuar de una forma tan inmediata sobre los agentes que trabajaban para Occidente. Aldrich Ames sería condenado a cadena perpetua y su esposa, que podía haber sido condenada hasta 15 años de prisión por espionaje y evasión tributaria, finalmente lo fue a poco más de cinco años tras un acuerdo de colaboración del marido con la justicia, comprometiéndose este a seguir aportando información a la CIA, en sesiones de trabajo en la prisión de Allenwood. El 5 de enero de 2026 falleció en prisión a los 84 años de edad.
Marzo 2026 – Raúl Melguizo

Espía y traidor: el triple agente Martín Vázquez de Acuña (1540-1585)
Martín Vázquez de Acuña, del que los autores Sola Castaño, De la Peña y Varriale, en sus obras, nos transportan a otros tiempos muy similares a los nuestros y nos hacen conocer misiones ordenadas por la corte de Felipe II y traiciones; una época en que la tregua alcanzada con el Turco tras la batalla de Lepanto no sería pacífica ni relajada, se entraba en un periodo de auténtica “guerra fría” con intrigas y conspiraciones, donde la red de espías españoles enviaba constantes y repetidas informaciones y la contrainteligencia desempeñaba acciones de detección y neutralización de espías, y manipulaba agentes dobles como el renegado Pedro de Brea que pasaba la información de acontecimientos y misiones que, desde el Imperio Otomano, se le encomendaban a él para llevar a cabo en España.
En Estambul los espías españoles eran gestionados por Aurelio Santa Croce, también conocido como Bautista Ferraro, espía con una dilatada experiencia trabajando en Turquía durante veinte años bajo cobertura de mercader y rescatador de cautivos; fue un hombre clave en los “negocios secretos” del rey de España en Turquía, que darían como resultado la tregua acordada con el Turco tras la batalla de Lepanto; entre su red figuraban los agentes Jaime de Losada, Antón Avellán al que contactó sin saber que era un espía enviado por la Corona, o Bartolomé Bruti, este último agente doblado que anteriormente trabajaba también para los venecianos y continuó haciéndolo.
Durante estos años la contrainteligencia filipina era muy activa, tanto en España como en Estambul, dado que era muy común que los espías trabajaran para ambos bandos. Ejemplo de ello es el caso de Martín Vázquez de Acuña, espía que en compañía de otros tres fue enviado en 1577 a Levante, para llevar a cabo una misión especial consistente en atentar contra la escuadra turca incendiando sus naves; finalmente por diversos avatares se transformaría en misión secreta relacionada con la aceptación de la tregua.
Uno de sus acompañantes sería detectado por un ex agente español conocido como el griego Esteban y fue detenido y sometido a tormento por este, lo que hizo que confesara la información conocida. Acuña regresó a España y fue recompensado con la máxima distinción del momento: el hábito de caballero de Santiago, además de una pensión vitalicia de 400 ducados anuales. Poco duraría su fortuna, el Marqués de Mondéjar escribió en su día a Antonio Pérez, el secretario del rey, con quejas sobre cuentas y sobre su comportamiento que lo calificaba como de charlatán y mala persona, sospechaba de él que pasaba información a los turcos y berberiscos. Iniciadas las pesquisas para aclarar sus comportamientos sospechosos, fue detenido diez años después de regresar a la corte y encerrado en el castillo de Pinto, en Madrid.
El virrey Mondéjar tenía establecida su propia red en la que estaba integrado el agente Pedro Lance; su especialidad era la de pasar en su fragata a todos aquellos espías que iban a realizar misiones en Constantinopla; partían del puerto de Otranto con escala en la isla de Corfú. Estos trasiegos le servían, también, para obtener información acerca de las lealtades de los agentes que transportaba. En su labor de contraespionaje conoció de las deslealtades de Martín de Acuña, e interceptó correspondencia entre este último y el corsario berberisco Euldij Alí, que estaba en contra de la tregua que se negociaba con el Turco, pruebas que fueron entregadas al comendador mayor de Castilla Juan de Zúñiga.
La indiscreción de Acuña en tratar asuntos de Estado o revelar secretos, que comprometían a la corona española, al soberano turco Amurates III, para quien trabajaba como agente doble, además del descubrimiento de lo que también trataba de forma secreta con los franceses, como agente triple, le llevó a ser condenado a muerte. Los agentes solían desenvolverse bajo la apariencia de comerciantes, renegados o cautivos que hablaban las lenguas del momento y el lugar, en muchas ocasiones con negocios en la colonia hebrea de Estambul. Ejecutaban misiones de forma individual, tales como la obtención de información a través de confidentes, informadores y colaboradores; contrainformación para detectar espías enemigos; propagación de rumores con fines desestabilizadores; o sobornos en los altos niveles de gobierno para obtener información estratégica o para dirigir la toma de decisión.
En ocasiones las misiones eran llevadas a cabo en equipo con tácticas de comando; ejemplo de ello se da en la explosión provocada en el polvorín de Constantinopla por el griego Juan Curenzi, un espía controlado por el duque de Terranova, virrey de Sicilia, al que posteriormente mandaría en misión secreta a Estambul desde donde enviaba información sobre la armada turca.
Cuando existían dudas acerca del comportamiento de ciertos individuos que poseyeran informaciones sensibles, y eran señalados por la contrainteligencia, bien porque quisieran renegar y ser vulnerables, y trabajar para el Turco, o bien porque sus indiscreciones pudieran afectar a los asuntos de Estado, los Servicios secretos no dudaban en llevar a cabo ejecuciones sumarísimas, lo que en el siglo XVI se conocía como “asesinatos judiciales”; en ocasiones extraordinarias se practicaba “la justicia secreta”, los dos casos más llamativos son los ajusticiamientos de Montigny, uno de los líderes del levantamiento en Flandes, ejecutado en la fortaleza de Simancas en secreto; y el de Martín Vázquez de Acuña, detectado por la contrainteligencia como agente del Turco y de Francia, y ejecutado mediante estrangulamiento, en el interior de su propia celda, sin el honor de morir por las armas, en la fortaleza de Pinto. Acuña debía de estar muy seguro de su destino porque antes de su ajusticiamiento había intentado cortarse las venas con el pedazo de la cerámica de un orinal.
Marzo 2026 – Raúl Melguizo
HUMAN AL-BALAWI El TRIPLE AGENTE QUE ENGAÑÓ A LA CIA

En 2009, la CIA y la Dirección de Inteligencia de Jordania, intentaban penetrar redes yihadistas vinculadas a Al Qaeda. Al-Balawi, un médico jordano muy activo en foros web relacionados con Al Qaeda, fue detenido en 2008 por los servicios de inteligencia jordanos. Días después fue puesto en libertad tras los interrogatorios, declaró que tenía muy poca información de las personas que compartían comentarios con el, en las redes sociales. El servicio jordano contempló que se les presentaba una oportunidad para intentar penetrar las redes yihadistas. Ofrecieron a Al-Balawi la posibilidad de infiltrarse a cambio de grandes sumas de dinero en caso de tener éxito la operación y las informaciones obtenidas fueran relevantes, Al-Balawi accedió. La operación fue coordinada por los jordanos y la CIA. Indicaron a Al-Balawi la necesidad de trasladarse a Pakistán. Y así lo hizo, una vez llegado a este país, estableció contacto con los talibanes y éstos le proporcionaron el acercamiento hasta Al Qaeda.
A través de comunicaciones por e-mail, el médico mantuvo informado al oficial del servicio jordano encargado de las relaciones. El «espía», en unas ocasiones aportó pruebas gráficas de contactos con líderes de la organización terrorista y otras corroborando los daños ocasionados por los ataques con drones en el área fronteriza con Pakistán. La escasez de médicos en la zona era un argumento más para ser acogido por Al-Qaeda. Según informaciones proporcionadas por el médico, consiguió atender médicamente al por entonces número dos, Ayman Al-Zawahiri. Este hecho ocasionó entusiasmo en la CIA y solicitaron un encuentro personal con el «espía» para dotarle de medios con los que transmitir las coordenadas exactas de Al-Zawahiri. Evidentemente la finalidad era atentar contra la vida del dirigente de Al-Qaeda. Se presentaba una oportunidad extraordinaria.
La reunión finalmente se produjo en Camp Chapman (Una base de Operaciones clave de la CIA en Afganistán), el día 30 de diciembre de 2009. A la entrada no se le realizó ningún control de seguridad, seguramente por un alto nivel de confianza hacia la fuente. Un grave error de trágicas consecuencias, Al-Balawi al bajarse del vehículo que lo había recogido y lo introdujo en la base americana, hizo detonar los explosivos que portaba en un chaleco sobre su cuerpo. La explosión acabó con la vida de siete funcionarios de la agencia estadounidense y del miembro del servicio jordano que le manipulaba.
Parecía un infiltrado dentro de Al-Qaeda, una fuente HUMINT de altísimo valor, todo apuntaba a la ejecución de una brillantísima operación, pero el agente captado por los jordanos en realidad era un agente triple al servicio de Al-Qaeda. Como resultado, la CIA sufrió uno de los mayores golpes en décadas, ocasionando en la agencia un impacto operativo y psicológico profundo. Además de la tragedia por las muertes, sufrió la pérdida de brillantes funcionarios con especialización y conocimientos muy relevantes de Al Qaeda.
El perfil de Al-Balawi encajaba con lo que necesitaban, parecía confirmar hipótesis previas, los resultados parecían extraordinarios y como consecuencia rebajaron el nivel de «desconfianza». Un error crítico en Humint es, que cuanto más “valiosa” parece una fuente, más se relajen los protocolos necesarios. La confianza sin una exhaustiva verificación se convierte en una vulnerabilidad operativa gravísima.
Existían indicios para al menos, haber tomado más precauciones. Bin Zeid, el controlador de la inteligencia jordana, y Darren LaBonte, el oficial de caso de la CIA en Amman (ambos fallecidos en el atentado), habían mostrado con anterioridad ciertas reticencias sobre de la rapidez con la que Al-Balawi había conseguido penetrar en círculos tan seguros de Al-Qaeda, les resultaba poco normal, por lo inhabitual, la celeridad en los resultados obtenidos por su agente.
A un auténtico radical es muy difícil comprarle con dinero, Al-Balawi era un firme creyente de la causa, le brindaron la oportunidad de convertirse en un muyahid.
Fernán Santibáñez

ANNA CHAPMAN: El rostro moderno de los “ilegales” rusos

En junio de 2010, una operación silenciosa de contrainteligencia del FBI sacó a la luz una red de espionaje ruso en territorio estadounidense, que llevaba años operando bajo identidades falsas. En el centro mediático de aquel caso apareció una figura inesperada: Anna Chapman, convertida en símbolo contemporáneo del espionaje encubierto.
Más allá del ruido mediático, el caso constituye un ejemplo de gran valor doctrinal para comprender el modelo clásico de los “ilegales”: agentes sin cobertura diplomática, insertados durante años en sociedades objetivo, con identidades construidas y vidas aparentemente ordinarias.
La figura de Chapman no puede entenderse sin el concepto estratégico que la sustenta: el programa de ilegales del servicio exterior ruso, heredero directo de las prácticas del KGB y actualmente gestionado por el SVR.
El nombre real de Anna Chapman era Anna Vasilyevna Kushchenko, nacida en Volgogrado el 23 de febrero de 1982. Entre otros países vivió en Reino Unido, se casó con un ciudadano británico del que posteriormente se separó (de ahí el apellido Chapman). En 2005 se trasladó a Nueva York , estableciéndose con una identidad totalmente integrada en la indiosincracia de la populosa ciudad y epicentro financiero. Chapman proyectaba una imagen moderna, integrada y socialmente muy activa. Su perfil distaba del estereotipo del espía clásico: joven, cosmopolita y con abundante presencia mediática. Vinculada a entornos empresariales y tecnológicos y con gran capacidad para generar contactos en círculos de influencia. Se introdujo en el sector mobiliario para obtener información sobre la élite de la sociedad americana y los políticos. Se presentaba como la directora ejecutiva de PropertyFinder Ltd, una inmobiliaria que decía comercializar propiedades de lujo en Bulgaria, España y Rusia, entre otros países.
Otro aspecto que rompía con el estereotipo de “ilegal”, era que se trataba de una mujer muy agraciada físicamente, muy activa en las redes sociales y con numerosos contactos, todo lo contrario a mantener una actitud discreta y en absoluto llamativa. En las distintas redes sociales, con frecuencia actualizaba y cambiaba las fotografías personales (se estima que colgó en torno a cien fotos diferentes). En los perfiles, aparecía como creadora digital y figura pública, «Me encanta poner en marcha negocios de alta tecnología y formar equipos apasionados que traigan valor a los mercados», llegó a escribir en el perfil de LinkedIn. Al llegar a Nueva York, alquiló un apartamento de lujo en Wall Street, vestía siempre de diseño con un estilo muy elegante, pero a la vez clásico. Distinción perfecta para deslumbrar a aquellos hombres de negocios que disponían de información interesante para Moscú.
Una investigación de larga duración que permitió identificar a varios agentes ilegales operando en EE.UU, monitorizar sus actividades durante años y comprender sus métodos de comunicación y enlace. Los resultados del FBI se basaron en la interpretación de sus comunicaciones, vigilancias técnicas y largos seguimientos físicos discretos. Los resultados no fueron inmediatos, para ello el FBI fue paciente, propio de una contrainteligencia potente como es la estadounidense.
El 27 de junio de 2010, el FBI ejecutó una operación simultánea que culminó con la detención de 10 agentes ilegales, incluida Anna. Increíblemente, Chapman cayó en una trampa que le tendió un agente del FBI. El agente simuló ser un funcionario del consulado ruso, indicándole que tenía una misión para ella. Realizó un contacto con Anna en una cafetería de Manhattan, y grabó las conversaciones mantenidas para obtener pruebas de sus actividades. Anna Chapman dijo que solo Poteyev (agente del SVR que trabajó para EEUU) conocía el código secreto de contacto que le proporcionó para contactar el agente encubierto del FBI.
Según los cargos que formalizó el fiscal, la inteligencia rusa le ordenó «americanizarse» y penetrar en círculos de decisión política y económica. . Las detenciones se produjeron de forma simultánea en varias ciudades de EEUU. Varias parejas vivían como familias completamente integradas en EE.UU, llevaban viviendo en EEUU infiltrados entre diez y veinte años.
EE.UU. y Rusia establecieron canales de comunicación discretos y acordaron un intercambio de agentes, evocando dinámicas utilizadas con frecuencia durante la Guerra Fría. El intercambio se llevó a cabo en el Aeropuerto Internacional de Viena, Austria, país neutral y utilizado en otras ocasiones para este tipo de operaciones. Los diez detenidos en EEUU se declararon culpables de actuar como agentes extranjeros no registrados como tales. EEUU recuperó en el intercambio, a cuatro agentes suyos detenidos y presos en Rusia, acusados de espionaje.
Abril 2026 – Fernán Santibáñez

ALEXANDER POTEYEB. El HOMBRE QUE DESMANTELÓ LA RED DE «ILEGALES”

En el verano de 2010, Estados Unidos desarticuló una de las redes de espionaje más sofisticadas desplegadas por Rusia en su territorio. El foco mediático recayó en Anna Chapman, pero el verdadero punto de inflexión no fue visible. Detrás de aquella operación estaba la información proporcionada por un hombre del propio sistema: Alexander Poteyev. Su caso constituye uno de los ejemplos más claros de cómo una fuente interna puede neutralizar años, incluso décadas, de trabajo en inteligencia.
Alexander Poteyev, pertenecía al Servicio exterior ruso (SVR), coronel, subjefe del departamento encargado de agentes ilegales, Dirección “S”. El SVR heredó del KGB el modelo de “ilegales”, agentes sin cobertura diplomática con identidades construidas y vidas completamente integradas. Sus despliegues son a muy largo plazo (años o décadas) y el objetivo, la penetración social e influencia estratégica
A comienzos de los años 2000 (según fuentes abiertas), Poteyev comienza a colaborar con Estados Unidos. Finalmente abandonó Rusia de forma discreta y entró bajo protección de los servicios estadounidenses. El valor de Poteyev no fue táctico, fue estructural, proporcionando las identidades ficticias y reales de los agentes rusos que integraban la red, alias y coberturas, medios de comunicación utilizados, las relaciones entre los distintos miembros de la red y la ubicación y los patrones operacionales.
A partir de las informaciones aportadas por Poteyev, el FBI elaboró y desarrolló un operación de contrainteligencia prolongada a base de seguimientos físicos y técnicos, interceptó sus comunicaciones, controló sus encuentros y verificó sus identidades. La finalidad de la operación no fue detener rápidamente tras la información facilitada por el doble agente, fue comprender la estructura y modus operandi de la red. Culminó en junio de 2010 con la detención simultánea de diez agentes rusos, incluida Anna Chapman, de quien hemos hecho referencia en el artículo anterior de esta página, Agentes dobles, agentes triples y agentes ilegales.
La información que Poteyev proporcionó a los estadounidenses tuvo consecuencias profundas para Rusia, no solo perdió una red operativa de gran valor, lo peor fue la exposición de sus métodos y procedimientos y por último un daño reputacional al SVR.
Tras la operación, Rusia juzgó a Poteyev en su ausencia por traición (ya se encontraba en EE.UU) siendo condenado a largas penas de prisión y convirtiéndose en un objetivo permanente de los servicios rusos.
¿Intentaron asesinar a Poteyev? No hay confirmación oficial. Hay indicios, sospechas y sobre todo narrativa mediática, pero no existe confirmación pública sólida. EE.UU y Rusia, nunca han confirmado un intento de asesinato directo, no existe ningún incidente documentado (ataque, envenenamiento, atentado, etc.) como en otros casos conocidos. Medios rusos han sugerido que fue “localizado”. En 2016, se difundió la noticia de su supuesta muerte en EE.UU, pero esto nunca fue confirmado por las autoridades estadounidenses. ¿Murió realmente? (por causas naturales u otras formas), ¿Sigue vivo bajo identidad protegida? Lo que si ha existido es una desinformación, seguramente deliberada e intencionada (hecho muy plausible en este entorno).
El caso de Alexander Poteyev demuestra una evidencia elemental en inteligencia: En ocasiones las operaciones más sofisticadas no caen por el adversario, sino por alguien que se encuentra dentro de la organización.
Abril – Fernán Santibáñez

SERGEY CHERKASOV, EL “ILEGAL” QUE INTENTÓ INFILTRARSE EN LA CORTE PENAL INTERNACIONAL DE LA HAYA.

El 31 de marzo de 2022, un brasileño, Víctor Muller Ferreira, tomó un avión en el aeropuerto internacional de Sao Paulo, en Brasil, con destino Países Bajos. En La Haya debía comenzar una pasantía en la Corte Penal Internacional. Cuando su avión aterrizó, fue detenido.
Aquel ciudadano brasileño no era tal, realmente se trataba de Sergey Cherkasov, ciudadano ruso y perteneciente al GRU, la agencia de inteligencia militar exterior de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa.
Sergey Cherkasov, elaboró una leyenda como ciudadano brasileño, su fecha de nacimiento el 4 de abril de 1989. Los documentos brasileños utilizados eran auténticos, obtenidos mediante una partida de nacimiento falsa. El nombre de su padre era inventado y el de la madre, una mujer fallecida que no tuvo hijos. Para obtener un perfil perfecto, estudió en instituciones prestigiosas. Obtuvo un grado en Dublín y una maestría en la Universidad Johns Hopkins en EE. UU (considerada una cantera de políticos y diplomáticos). Bajo ese nombre Sergey operó durante doce años.
En 2022 fue aceptado para una pasantía en la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya. La misión que debía cumplir, era obtener información sobre las investigaciones abiertas en esa Corte sobre crímenes de guerra rusos en Ucrania.
Tras la detención, las autoridades holandesas lo deportaron a Brasil. El servicio holandés, el FBI y la policía brasileña lo habían identificado plenamente, no era ciudadano brasileño, era un agente ruso. Un “ilegal”, sistema ya descrito en alguno de los artículos de esta página y que pone de manifiesto este modus operandi de los rusos como habitual y no puntual.
Rusia, para estos “ilegales” ha utilizado identidades de nacionalidades latinoamericanas, sobre todo de Brasil y Argentina, en base a varios motivos. En primer lugar, en Brasil hay muchos descendientes de italianos, eslavos, japoneses y alemanes, un hombre con rasgos europeos no levanta sospechas como extranjero. En segundo lugar, porque años atrás, los registros civiles de esos países (en papel) eran mucho más fácil de vulnerar, insertando o falsificando documentaciones, como partidas de nacimiento falsas. Los pasaportes brasileños poseen la ventaja de poseer un gran respaldo porque permiten la entrada sin visa a muchos países, incluida la Unión Europea, lo que facilita enormemente el movimiento del “ilegal”, en la actualidad el pasaporte brasileño permite el acceso a 168 países sin visa.

Tras su detención, en sus dispositivos, encontraron un documento de cuatro páginas escrito por él, donde figuraba la leyenda que se había creado y detallaba toda su historia familiar falsa, sus gustos musicales y los gustos y hábitos alimenticios. Un manual para recordar su vida como brasileño.
Una vez en Brasil, fue condenado por falsificación de documentos. El ruso reconoció la falsificación de documentos, pero siempre negó la pertenencia al servicio ruso. Actualmente Rusia está intentando extraditarlo, argumenta que no pertenece a ningún servicio y que se trata simplemente de un narcotraficante, táctica habitual para recuperar a sus agentes.
El caso de Sergey Cherkasov es una muestra más, de la inteligencia contemporánea rusa basada en agentes “ilegales”, operativos que viven durante años bajo identidades falsas, sólidamente construidas y aparentemente carentes de vínculo con su país de origen.
Su intento de infiltración en la Corte Internacional de La Haya fracasó, y acabó exponiendo públicamente uno de los activos mejor preparados del GRU, la inteligencia militar rusa. En inteligencia, la leyenda (historia falsa del agente) es el pilar del éxito. En el caso Cherkasov: su identidad brasileña era técnicamente sólida, pero presentaba fisuras de comportamiento y biográficas, la verificación cruzada internacional terminó revelando inconsistencias en la leyenda.
Con implantación de medidas de Seguridad, como la verificación biométrica, documental y social para la identificación de personas, en especial en aeropuertos y fronteras, existe un mayor riesgo para los ilegales, aunque no se debe descartar que intenten solventar estos imponderables, si es que no lo han conseguido ya.
“Una identidad falsa no falla por lo que es, sino por no resistir al ser sometida a contraste sistemático.”
19 de abril de 2026 – Fernán Santibáñez
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